•problemas en el ingreso irrestricto y en la secundaria

Por qué sólo se reciben 2 de cada 10 universitarios

El ingreso libre e irrestricto a la universidad pública vigente en la Argentina contrasta con sistemas mucho más restrictivos que rigen en la mayoría de los países del mundo, incluso en vecinos como Brasil y Chile. En nuestro país, el 65 por ciento de los jóvenes que cada año terminan el secundario intenta seguir una carrera universitaria, la tasa más alta de América latina. Sin embargo, rápidamente van quedando en el camino, en su mayoría los de sectores más humildes y, finalmente, apenas el 20 por ciento consigue un título. Entre tanto, la corrección política impide analizar el tema.

24-08-2026 | 12:47

El 65 por ciento de quienes terminan el secundario en Argentina intenta ingresar a launiversidad, en su gran mayoría a alguna de las públicas. La tasa de pasaje es la más alta deLatinoamérica. Son cerca de 300 mil chicos al año que desean ser universitarios y obtener untítulo, conscientes de que hoy es sinónimo de ascenso social. Pero en los primeros pasos, la mitadse queda por el camino.El 20% abandona antes de rendir el primer examen y el resto aprueba algunamateria pero no llega al año siguiente. Antes del segundo año de la cursada, la mitad abandonó. Nihablar de la recta final: sólo obtiene el deseado título universitario el 20% de quienesingresaron.
Argentina es el uno de los pocos países en América latina, junto a Uruguay, que reivindicanel ingreso irrestricto como una bandera democratizadora irrenunciable que permite el acceso a losestudios superiores a todos. Esa reivindicación resistió las políticas neoliberales de los noventa.Sin embargo, con estas cifras desoladoras y constantes hace un cuarto de siglo, ¿se puedeconsiderar que esas políticas son realmente equitativas?
“El principal problema de la universidad argentina es el ingreso, pero hablar de estoparece ser tabú. Las demandas democratizadoras de la sociedad llevaron al ingreso irrestricto. Yplantear algún tipo de selección resulta políticamente incorrecto. Entonces no se habla, se escondeel problema debajo de la alfombra. En una reunión reciente con el ministro (de Educación) AlbertoSileoni, los rectores le pedimos que se asumiera este tema a nivel nacional porque la crisis esestructural y viene de la secundaria”, dijo a PERFIL Juan Carlos del Bello, actual rector dela nueva Universidad Nacional de Río Negro (UNRN), quien fuera secretario de PolíticasUniversitarias durante el gobierno de Carlos Menem, cuando se sancionó la Ley de Educación Superiorvigente.

Hace más de veinte años se reconoció oficialmente un problema que parece haber llegado paraquedarse: la crisis de la secundaria. Uno de los motivos parece ser el estallido de la matrícula,la masividad del nivel. En cincuenta años la cantidad de estudiantes secundarios se quintuplicó yhoy ya no pueblan sus aulas los jóvenes de las familias de mejores recursos. Esa nueva población,que pugna legítimamente por seguir estudiando, es bien distinta de los alumnos disciplinados quevenían de familias acomodadas. Ya no existe el estudiante secundario tipo al que estabanacostumbrados los profesores. La secundaria es obligatoria para todos los chicos y la política queencara el Gobierno de otorgar a las familias humildes una asignación universal por hijo convierteese nivel educativo en un lugar cada vez más inclusivo y hetereogéneo. Inexorablemente ese cambiode constitución del estudiantado repercutirá cada día más en la calidad de los saberes que laescuela imparte y el fenómeno, parece, avanza con más rapidez que la efectividad de las políticasde reforma que se ensayan para mejorar la enseñanza mientras se democratiza la escuela.
La culpa es de la secundaria. Es criterioso el sentido común que expresa el ministro Sileonicuando afirma que el Gobierno no puede detenerse a esperar que haya pupitres suficientes pararecibir a más y más jóvenes en las aulas, pero los problemas de la inclusión, la equidad y lapermanencia en el sistema educativo van más allá que las falencias de infraestructura. Esto se poneen evidencia cuando no aprenden los chicos que están de pie en la escuela, pero tampoco los que sesientan en su banco todos los días.
En la provincia de Buenos Aires, donde la reforma de los noventa hizo estragos, encarancambios en la secundaria mirando hacia el mundo del trabajo pero también hacia las universidades:más horas de matemática en el último año y colocar literatura como materia, con contenidos tomadosde los diversos cursos de ingreso de las universidades de la provincia.
En una encuesta difundida por la Dirección General de Escuelas de la provincia se recoge eldeseo expresado por el 98% de los alumnos bonaerenses: ingresar a la universidad, como únicaposibilidad que avizoran para crecer, mantener una familia e insertarse en la vida adulta.
La directora de Educación Media bonaerense, Claudia Bracchi, consideró llamativo que launiversidad le eche la culpa del fracaso a la escuela media cuando “muchas veces los mismosprofesores dan clases” en los dos niveles.
“En la universidad nos quejamos de la secundaria, decimos que los chicos llegan sinsaber lo elemental, pero el 40% de los profesores del secundario se forma en las universidades.Entonces, ¿por qué los chicos no aprenden?, se preguntó Silvia Bernatené, docente de la UniversidadNacional de San Martín en su exposición ante el Seminario Internacional sobre los Sistemas deIngreso organizado quince días atrás en Bariloche por la UNRN. “Será que nos cuesta entendera los nuevos estudiantes debido a la omnipotencia de los pedagogos, tendrá que ver con nuestraincapacidad de diálogo, con creernos portadores del saber absoluto”, se interrogó, a modo deautocrítica.

Cada universidad decide su ingreso. La Ley de Educación Superior vigente reconoce la autonomíade las universidades para, entre otras cosas, fijar su política de ingreso. En el artículo 35 dejalibrada a la decisión a cada casa de estudios. El Gobierno acaba de anunciar que enviará alCongreso un proyecto para reemplazar la norma que regula el funcionamiento de las universidades,pero el responsable del área, Alberto Dibbern, confirmó a PERFIL que el tema del ingresoirrestricto será intocable. “Argentina no quiere tener políticas restrictivas en el ingreso,entendemos la universidad como una oportunidad para todos y no para algunos”, afirmó elfuncionario que encara desde la Secretaría de Políticas Universitarias una serie de medidas dearticulación con la escuela media y becas para estudiantes de determinadas carreras (ver recuadro).
Pese a las cifras de desgranamiento de la matrícula, Dibbern insiste: “El ingreso esirrestricto, lo que no es irrestricto es la posiblidad de egresar. No se puede bajar el nivel paraque todos egresen. Tampoco estoy de acuerdo con las presuntas soluciones de otros países, como elexamen final del secundario. Son políticas restrictivas que no permiten que la universidad sea unaoportunidad para todos”.
En cambio, el docente e investigador Antonio Camou (Universidad Nacional de La Plata y de SanAndrés) invitó a superar las encerronas de un acalorado debate en torno a las supuestas virtudes“democráticas” del “ingreso irrestricto” ya que –apuntó–“en la mayoría de los casos (esa disyuntiva) termina por ocultar el penoso resultado, tantopara los alumnos como para el sistema, de un desgranamiento que antes de cumplir el añouniversitario abarca a no menos del 50% de los libremente ingresados”.
Lo real es que la mitad de las universidades públicas tienen algún curso de nivelación,articulación o ingreso. Los números indican que, en algunos casos, como en la Universidad deCórdoba, sólo el 50% de los inscriptos termina ingresando, en Jujuy el 40% y en la UNRN lo hacenlos dos tercios de quienes se inscriben.
Es como si en la sociedad argentina hubiera un pacto de silencio para mantener la ilusión deque todo aquel que quiera puede llegar a la universidad pública y gratuita pero después, en loshechos, se los expulsa de a cientos.
Y son principalmente quienes provienen de los sectores sociales más desfavorecidos los que sequedan afuera, en forma similar a lo que ocurre en países que utilizan métodos iniciales deselección.
Sólo el 5% de la matrícula universitaria proviene del 20% de los hogares argentinos máspobres, mientras que el 30% integra el quintil más favorecido de la población, según el estudio“Eficiencia y equidad en el sistema universitario argentino”, del investigador cordobésMiguel Angel Vizzio.

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