Posibilidades

Enclaustrados en nuestra enloquecida exasperación cotidiana, terminaremos creyendo que lo que sucede en la Argentina está en la naturaleza de las cosas, y que así hay que vivir, puños apretados y orientados al cielo, rostros desencajados, los dedos acusadores, ese permanente tono de docencia impertinente que baja de la tribuna oficial.

Posibilidades
23-08-2026 | 20:18

Enclaustrados en nuestra enloquecida exasperación cotidiana, terminaremos creyendo que lo quesucede en la Argentina está en la naturaleza de las cosas, y que así hay que vivir, puños apretadosy orientados al cielo, rostros desencajados, los dedos acusadores, ese permanente tono de docenciaimpertinente que baja de la tribuna oficial.
El mensaje de las últimas semanas transmite la compulsión por la rutina de una vida caótica,emergencia eterna, amarga constatación de que para el Gobierno sólo tiene sentido vivir sumergidoen eterna beligerancia. Han vuelto a los míticos años setenta: solo tienen sentido la persistenciay la exaltación del conflicto. Creen con fervor religioso en la rabiosa necesidad de ocupar elcentro del escenario, campo de batalla donde lo único que cuenta es el triunfo.
Si Perón, en sibilino apotegma madrileño, aseguraba que la “única verdad es larealidad”, el matrimonio Kirchner prefiere un precepto truculento: lo único que cuenta esliquidar al enemigo.
Sólo así se entiende la enfermiza obsesión oficial con “los medios” y elperiodismo que no se le subordina. Las catilinarias provincianas de Cristina Kirchner contra laprensa, los empujones de Moyano contra los diarios, la pistola oficial encañonando a las empresaspara que pongan dinero en el fútbol “para todos”, integran la misma cartillaideológica.
A 133 días de la paliza electoral del 28 de junio, el kirchnerismo sigue intratable ypedante. Sólo acepta la rendición de los diferentes, y lo único que parece importarle es lacapitulación de lo que percibe como enemigo militar, tropa que despliega un cerco deaniquilamiento.
Es injusto comparar a la Argentina con sociedades menos conflictuadas, pero ubicadas entrelas privilegiadas del mundo opíparo. Es un error procaz medirse con Nueva Zelanda, Canadá oNoruega. Pero, ¿cuánto hay de Argentina en la cotidianidad de Chile, Brasil y Uruguay, nuestrosvecinos? ¿Viven cada día agarrotados de angustia y desasosiego por la eternizacion del caoscallejero? ¿Se dedican sus presidentes a desafiar con molesta y torpe insistencia adolescente a losmedios, como si su tarea fuera apoltronarse en la queja resentida con un “relato” queno les gusta y quisieran aniquilar?
Tenemos el caso de una mujer de aquí al lado, formidable cuadro político que no le debe lapresidencia de su país a ningún marido. Michele Bachelet no necesita llamarse médica para serrespetada por su género. De hecho, la presidenta chilena se define como médico. Termina su mandatoconstitucional con un 76% de apoyo popular, cuarta mandataria de la transición iniciada tras ladictadura de Pinochet, que durante años dividió a Chile por la mitad.
En diciembre se elige sucesor y ella deja la presidencia en marzo. Sigue siendo corajuda ycálida, principista y astuta, y sobre todo profundamente democrática.
Bachelet, que de derechos humanos y represión sabe bastante, le dijo días atrás a El País deMadrid que “en un país de 16 millones no se vive del consumo interno. Tenemos más de 56tratados de libre comercio con el mundo. Pensamos que es buena la globalización y hay que buscaroportunidades. Creemos que el libre comercio es una oportunidad. Hay países que lo ven como unaamenaza”.
Luminosa y moderna, su progresismo no es jurásico, sino profundamente contemporáneo. El mundoes para la clase dirigente chilena desafío y oportunidad, no escollo engorroso. La modernidad audazde su democracia, desnuda el reaccionarismo esencial del retro progresismo de los Kirchner y de sucorte de intelectuales adheridos.
Por eso dice Bachelet: “para mí, a los 20 años de edad, pragmatismo era una palabragrosera. Pero hoy le doy otro tono. Me encanta lo que decían los griegos: ‘el pragmatismo esla capacidad de hacer realidad los sueños’. ¡Es verdad! Al final, no es cuestión de serpragmáticos por ser pragmáticos, sino que gracias a ello hemos logrado disminuir fundamentalmentela pobreza, hemos logrado hacer un país que se desarrolla”.
¿Es una “quebrada”? ¿Se vendió al enemigo? Sinceridad brutal: “yo mantengolos mismos sueños que siempre, pero he aprendido que los instrumentos pueden ser otros. Estepragmatismo ha permitido cambiar la cara de este país”.
Abismalmente distanciada de rancios y artificiales dogmatismos, la presidenta chilena (comosus predecesores Aylwin, Frei y Lagos) admite que Chile estuvo durante décadas partido en dos y quePinochet gobernó a hierro y sangre un país donde hasta la mitad de la sociedad lo avalaba. En vezde pregonar un seudo fundamentalismo anti dictatorial, se enorgullece de haber avanzado mucho“en el reencuentro entre esos dos Chiles. El entendimiento llega a través del diálogo ocuando el diálogo no es posible, a través de mecanismos democráticos y pacíficos que tenemos pararesolver nuestras diferencias” Fenomenal: su padre, un militar honorable y demócrata fuevíctima de Pinochet, y ella habla de “esos dos Chile”, algo imposible, o inconcebible,en la Argentina K.
Para Bachelet, “uno tiene que tratar de ponerse en los zapatos del otro para buscar lafórmula. Depende de nosotros cuidar lo que hemos sido capaces de construir, un país más aceptadorde la diversidad, un país que saca las lecciones del pasado” alecciona, con carismáticasencillez.
¿Cómo hace y a qué recursos apeló para que casi el 80% de los chilenos la quieran y respeten,como sucedió con Ricardo Lagos? Se explica: “los parlamentarios rivales se pueden decir detodo en el terreno político, pero en un partido de fútbol se abrazan. Muchas veces, cuando viajofuera, llevo parlamentarios de todos los partidos, y así se generan las condiciones para hablar enotro plan”.
Bachelet y la fornida democracia chilena son la contracara del patoterismo soberbio queprevalece al este de los Andes. ¿Alguién imagina a los Kirchner subiendo a esos aviones, que usancomo si fueran propios, a opositores políticos cuyos escraches ellos mismos justifican? Allí radicala razón de un triunfo y de una derrota, en la diferencia entre civilización y barbarie.

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