Preguntas políticas

Preguntas políticas
28-07-2026 | 13:22

En El espectador emancipado, de Jacques Rancière, recientemente publicado por Manantial,encuentro esta larga frase: “Pertenezco a una generación que se debatió entre dos exigenciasopuestas. De acuerdo con una, aquellos que poseían el conocimiento del sistema social debíanenseñárselo a aquellos que sufrían ese sistema a fin de armarlos para la lucha; de acuerdo con laotra, los supuestos instruidos eran en realidad ignorantes que no sabían nada de lo que significabala explotación y la rebelión, y debían ir a instruirse con los trabajadores que trataban deignorantes. Para responder a esta doble exigencia, primero quise reencontrarme con la verdad delmarxismo para armar un nuevo movimiento revolucionario, y luego, aprender de aquellos quetrabajaban y luchaban en las fábricas, el sentido de la explotación y de la rebelión. Para mí, comopara mi generación, ninguna de estas dos tentativas resultó plenamente convincente”.Instalado en un discurso a medio camino entre lo confesional y la teoría, la frase de Rancière(Argel, 1940) roza, tal que la punta de un iceberg, un conjunto de temas y problemas, como larelación entre teoría y praxis, entre conocimiento y acción, entre epistemología y participaciónpolítica, y sobre todo, describe ajustadamente buena parte de los problemas de la izquierdaposterior al fracaso de los proyectos revolucionarios de los 60 y 70.

¿Qué figura retórica guía esa frase? ¿La paradoja? ¿El doble vínculo? ¿El significante vacío?Defensor del Mayo del ‘68, Rancière no cae sin embargo en una defensa del espontaneísmo (deallí sus críticas de Guy Debord), pero tampoco da un vuelco hacia la cuestión social, como Castel;ni en dirección de una reflexión que vuelve sobre la pregunta weberiana por la racionalidad de laacción, a lo Boltanski. Su respuesta, entonces, aparece bajo el modo de la repolitización del arte,y de un cuestionamiento de los lugares disciplinarios del saber. Rancière plantea correctamente suspreguntas, y deja, como corresponde, muchas veces las respuestas en suspenso. La contradicciónentre arte y sociedad parece haberse resuelto por una sola vía: la del mercado. Pero fuera de esalógica, en otro lado, se juegan otro tipo de tensiones instaladas en la negatividad.

Pensaba en esto, mientras leía Conversaciones en el impasse. Dilemas políticos del presente,presentado por el Colectivo Situaciones en la editorial Tinta Limón. Colectivo Situaciones, desdehace ya años, viene merodeando alrededor de esas cuestiones en la Argentina. El impasse, pensadocomo un tiempo en suspenso, sin resolución, es una categoría de gran negatividad crítica, cuyosalcances desembocan mucho más allá de la política (es decir: llega hasta la literatura). Es unpensamiento que se opone a la idea de transición, a la lógica de la política avanzando por etapas,con que se pensó el alfonsinismo, por supuesto, pero que continúa aún hoy: “Se apeló a laidea de transición para caracterizar los períodos donde coexistían elementos disímiles ocontradictorios. Según esta perspectiva, la convivencia resultaba siempre momentánea y laheterogeneidad tendía a orientarse a partir del sentido histórico que le otorgaba orientación,distinguiendo los rasgos ‘del pasado’ (que no terminaba de morir) con aquellos quepreanunciaban un futuro (que sin embargo, no acababa de nacer). En el impasse, en cambio, el tiempotranscurre sin confianza en el progresivismo e insensible a toda totalización (…) Es untiempo movido por una dialéctica sin finalidad”. Pero antes, en las “palabrasprevias” (¿previas a qué? O mejor dicho: ¿hay alguna otra más interesante que las palabrasprevias?), se lee: “Un malestar y una inquietud: las dos materias desde las que aquí pudimosescribir”. Nada de esto me es ajeno.

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