En estos días la comunidad internacional se mantiene en vilo ante la decisión del gobierno deIrán de ejecutar en la horca a Sakineh Mohammadi Ashtiani, luego de suspender transitoriamente sumuerte por lapidación. La mujer, madre de dos hijos, fue condenada en 2006 a morir lapidada porhaber mantenido relaciones con dos hombres después de la muerte de su marido. Ahora se la acusa dehaber conspirado para asesinarlo, por lo que no se altera su condena a morir, sino el método deejecución.
La lapidación es un castigo muy antiguo y especialmente cruel, que consiste en que losasistentes arrojen piedras contra el condenado, hasta matarlo. Es lento y doloroso. Podríamosasociar el término “lapidario” a las piedras arrojadas en este tipo de ejecuciones o ala losa pesada que cubre una tumba. Lo utilizamos cuando decimos algo terminante, definitivo, quele pone el punto final a una discusión sin dar lugar al debate. Tajante y final.
Para ciertos temas en la Argentina existen juicios y opiniones lapidarias. Uno de ellos es el delos derechos sexuales y reproductivos de las mujeres.
Como sociedad tenemos dificultades para entender y aceptar que nuestras madres, hermanas,hijas y abuelas pueden ejercer el derecho a decidir respecto de todos los aspectos de su vidasexual. Con los estereotipos tradicionales aún vigentes, pareciera que condenáramos socialmente aaquellas mujeres que manifiestan su intención de no embarazarse. Sectores que objetan lainterrupción voluntaria del embarazo, tampoco acuerdan con la mayoría de los métodos deanticoncepción modernos o la educación sexual de los adolescentes.
Esta falta de debate y consenso no es gratuita. Uno de los principales problemas que generase refleja en el número tan alto de muertes maternas que suceden anualmente en nuestro país. Entérminos de acceso a la salud esto se vincula, entre otras causas, a las dificultades de lasmujeres, y aún más aquellas en situación de vulnerabilidad, para acceder a los servicios de saludsexual y reproductiva. Si bien se necesitan dos personas para concebir, son ellas las que enfrentanlos problemas de salud relacionados con el embarazo y el parto y las que solas deben enfrentar laresponsabilidad de la anticoncepción, exponiéndose a un mayor riesgo de muerte o discapacidad, sino pueden controlar su fertilidad por falta o dificultad, en el acceso a estos servicios.
Pendientes de debate están el acceso a las distintas opciones anticonceptivas, incluyendo la deemergencia y la quirúrgica (ligadura de trompas en las mujeres y vasectomía en los hombres), y eldispositivo intrauterino (DIU), las distintas interpretaciones del alcance de las causales deaborto no punible, la persecución penal del aborto ilegal y diversas posturas respecto del deber deconfidencialidad de los profesionales de salud, así como el alcance de la objeción de conciencia delos mismos.
Aunque en los últimos años hubo iniciativas en la gestión de los Ministerios de Salud envarias jurisdicciones (incluso en el ámbito nacional), muchas fueron sistemáticamente resistidas enalgunas provincias, aún con preocupantes estrategias judiciales.
Nunca vi una ejecución pública. Me imagino una situación en donde la víctima es inmovilizadaen el centro de un espacio abierto relativamente grande, enfrentada o rodeada por un grupo más omenos numeroso de personas. Están quienes se creen con derecho a arrojar las piedras. Estánaquellos que también las arrojan, aunque no estén convencidos. Y los espectadores pasivos que, aúnen desacuerdo, se limitan a observar. Sin embargo, para los condenados, posiblemente todos ellostengan el mismo rostro vil y los ojos enrojecidos de furia que sus verdugos.
En casi veinte años de profesión, varias veces he visto morir mujeres como consecuencia deabortos clandestinos. Me pregunto si como sociedad, por acción u omisión, nos vemos ante ellas comouna turba lapidaria.
*Médico obstetra. Integrante del Observatorio de Salud Sexual y Reproductiva de Argentina, www.ossyr.org.ar




