•el caso sarkozy

Preocupaciones en el Viejo Mundo

Una breve estadía en París me ayuda a comprender un poco más la decepción que tienen muchos intelectuales por la democracia republicana. Mientras nosotros hablamos de mejorar la calidad institucional, aquí, en la capital francesa no escucho ese pedido.

Preocupaciones en el Viejo Mundo
22-08-2026 | 02:30

Una breve estadía en París me ayuda a comprender un poco más la decepción que tienen muchosintelectuales por la democracia republicana. Mientras nosotros hablamos de mejorar la calidadinstitucional, aquí, en la capital francesa no escucho ese pedido.
Existe un desencanto intelectual. La sociedad está conformada por una mayoría de clase media,es decir una población con trabajo, vivienda, educación y salud, mejorable pero real, y que nadiequiere perder. Es una comunidad conservadora, tiene más miedo de perder que deseo de ganar.
De un cierto modo ha tenido éxito, lo que explica que para muchos mejorar sea conservar.
La crisis actual provoca nuevas inseguridades. Los países del Europa Central y del Este sonbienvenidos como lugares de inversión y contención de salarios domésticos, y se convierten enproblemáticos cuando, como ahora, necesitan respaldo financiero.
Los inmigrantes del Tercer Mundo y de los países pobres europeos forman una masa proletariaque se hace cargo de las tareas desechadas por los nativos, para mutar en una fuente de conflictoscuando comienza la recesión. Los políticos llevan a cabo un doble discurso. Por preocupaciónrepublicana enuncian sentimientos humanitarios, y por necesidades prácticas pasan del control a laamenaza y hasta la persecución de los indocumentados. Remiten la responsabilidad de los problemasde frontera –a veces tragedia– a antiguas colonias de un mundo cuya diagramacióncontribuyeron a crear. La población envejece, la seguridad social necesita cada vez másfinanciamiento, lo que implica mayor presión fiscal y, por lo tanto, menor competitividad yconsumo. Sólo los inmigrantes que crecen en número producen un rejuvenecimiento demográfico.
Un diez por ciento de población extranjera les parece un límite que no conviene superar. Loshijos de la primera camada de inmigrantes ya son ciudadanos del Primer Mundo, un lugar en realidadintermedio, híbrido, de una integración inconclusa y de una identidad fisurada que da lugar aexplosiones sociales.
Los partidos socialistas se diferencian de la derecha por matices. Hay más debate sobrevocabulario y confrontaciones culturales que alternativas efectivas. El progresismo parece máshipócrita porque debe disimular su política real; la derecha da la sensación de hablar más claro yestar mejor dotada para lidiar en momentos de intranquilidad. De todos modos, una vez en el poder,ambas tendencias se acomodan y se inclinan hacia un centro para poder llevar a cabo su gestión.Sarkozy es un presidente inédito para los franceses. No están acostumbrados a tanta informalidad.La cultura francesa es una civilización basada en el protocolo. Siguen siendo cortesanos. Lesespanta la desprolijidad. Han sido disecados de casi toda espontaneidad. Dicen que su presidenteconfunde libertad de tono con libertad de pensamiento. Es hiperkinético. Su aceleración pretendeser acción. Una medida de izquierda en un sector, otra de derecha en otro. Sus opositores estándesconcertados e irritados. Dicen que no está a la hauteur (altura) de su investidura, lo calificande bananero. Un hombre de un nivel académico superlativo, de una obra ejemplar y un pensador queadmiro, el historiador Paul Veyne, fue invitado junto a otros intelectuales a L’ Elysée, lasede presidencial, y salió complacido por el encuentro con el mandatario sin hallar razones de pesopara odiarlo.
Las entrevistas que le hace el filósofo Michel Onfray a Sarkozy pueden sorprender a más deuno. Parece una escena del Fedón de Platón, aunque esta vez el discurso socrático no es propiedaddel supuesto representante del gremio que pretende elevarse, sin conseguirlo, con algunas citas.
Por lo general, los intelectuales se quejan de la falta de interés por la política de partede la gente. El filósofo Alain Badiou define a sus connacionales en su libro Qué representa elnombre de Sarkozy como “ratas”. Busca a un flautista de Hamelin que haga justiciaigualitaria desde la extrema izquierda. Su única esperanza es que la nueva vanguardia purificadoraesté constituida por predicadores con cultura epistemológica aliados a indocumentados africanos. Noimporta que sean una minoría, no confía en la cantidad ni en la legitimidad de mayorías. ¿AcasoHitler no fue votado por el pueblo alemán?, nos recuerda.
Hay marxistas que añoran la Revolución Cultural china y se asocian con otros profesionales dela revolución que buscan en nuestras tierras con qué nutrirse para compensar la pestilenciaprovocada por aquellas “ratas” que agrupan a la mayoría silenciosa. Hasta un asesor deMitterrand como Debray titula uno de sus últimos libros La obscenidad democrática.
Otros han optado por la defensa de los valores occidentales, como Glucksmann, o tienen unaposición pragmática, como Bernard H. Lévy. Los acusan de ser la nueva derecha, es decir los queestán del otro lado de la trinchera de la vieja izquierda. Hay quienes han renunciado al maoísmo ennombre de la teología judía, como lo hizo Benny Lévi. Parece que hay un acuerdo en que no se puedetransformar el mundo, e interpretarlo hastía, no queda más que demolerlo. La única esperanza paraalgunos es, entonces, el apocalipsis, para otros la pesca. Como no me gusta la pesca, ni espero alos jinetes alados, fui al teatro por mi admiración por la primera dama francesa, me refiero aCarla Bruni.
Por razones de agenda, no pude ver a Carla y decidí conectarme con la familia. Fui a unteatro en el que actúa su hermana Valeria, otra bella mujer, algo más baja y, quizá, mejorproducida, ella, no la obra. La pieza, un desastre de aburrimiento, que el severo público francésdisfrutó con elegancia. Es una comedia de “bidonville”, de villa de emergencia, parajugar con las palabras, en este caso con “vaudeville”, trama de enredos, y seguir asícon los equívocos de vocabulario que no consiguieron despertarme del todo durante la función. Me heenterado de que los franceses tienen el secreto deseo de que Carla sea la nueva Lady Di de Europa ydel mundo. Ya ha sido nombrada embajadora de las Naciones Unidas para los problemas del sida enAfrica. Tiene dos problemas para conseguirlo: uno es que su marido por ahora la trata bien; elotro, que Nicolas es demasiado plebeyo.
Me voy de París con una grata compañía, un nuevo libro de J.B. Pontalis, que me acompañóestos días, un libro sobre los amigos y la amistad. Y también con un sentimiento de gratitud haciauna ciudad que me dio mucho, un nuevo idioma, la cura de mi tartamudez, mis maestros de filosofía,amigos queridos y una renovada sensación de libertad.

*Filósofo.

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