Privada

Privada
24-08-2026 | 15:25

Son nuestros, porque son de nosotros, los alambramos y los manejamos. Ese es su credo base:denominan “públicos” a unos medios más privatizados que nunca. Formidable exhibición deimpunidad semántica: las cosas son de quienes las dominan.
La Argentina carece hoy, de una televisión y una radio públicas. Canal 7 y Radio Nacional sonmedios gubernamentales en sentido literal, pero travestidos de “públicos”. El Gobiernoganó una batalla de significados muy grande: por ingenuidad, ignorancia o simple pereza, hastaquienes se sienten incómodos con las decisiones, actitudes y léxico del oficialismo, apodan“públicos” a unos medios manejados desde la Casa Rosada.
El Estado es el patrón. Colonizado por la gestión gubernamental, sus recursos son usados adestajo, sin vergüenza ni pudor. Omnipotencia oficial: sólo merecen participar de esos medios,quienes se alinean disciplinadamente con la gestión.

A esto se suma una novedad de colosal gravedad, signo de los tiempos. El apoderamiento de losmedios estatales, puestos al excluyente servicio del Gobierno, va de la mano del direccionamientode sus contenidos en belicosa postura combatiente contra el “enemigo”.
Así, estos medios “públicos” no se limitan a plantear temas y opiniones delGobierno, ideas y posturas parciales que no desacrediten a nadie. Martillan, en cambio, esmerilandoy condenando de manera avasalladora a los que discrepan, incluyendo a quienes lo hacemos desdeposiciones de visible y a menudo conmovedora inferioridad de recursos.
Formateados como brazo expresivo de un virtual Ministerio de Propaganda, el canal y la radiodel Estado excluyen minuciosamente lo diferente y lo opuesto. Día y noche, los ci-clos“periodísticos” en estos medios destilan estigmatización y ataques personales, sobretodo para con comunicadores e intelectuales que se negaron a encuadrarse. Atacan con pugnacidadasombrosa.

Instalados como vitalicios en unos medios que pertenecen a la entera sociedad, se exhibenvictoriosos, socarrones y despectivos. Sentados sobre el patrimonio público, funcionan como si loshubiesen escriturado a su nombre.
Padecen de una impresionante omnipotencia. Se sienten acorazados con una infranqueableimpunidad. Han concretado, finalmente, el sueño del crimen perfecto. Hablan sin rivales. Peroransin debatir. Agravian sin temor a ser cruzados por ideas o informaciones que los desacrediten. Nosiempre fue así en estos últimos 26 años.
Durante el gobierno de Raúl Alfonsín, en los medios del Estado y aún cuando aquellademocracia enclenque fue responsable de ingenuidades y errores ostensibles, se podía escuchar y vera personas como Carlos Campolongo, Juan Carlos Mareco, Charly Fernández, Marcelo Simón y MonaMoncalvillo, todos ellos justicialistas. En aquella TV de la era alfonsinista tenían espacioRoberto Cenderelli, Mónica Gutiérrez, la dupla opositora Neustadt-Grondona, Carlos Rodari, PabloMendelevich, Fernando Bravo, Teté Coustarot, Mario Monteverde, Susana Rinaldi, María HerminiaAvellaneda, María Elena Walsh, Enrique Vázquez, Jorge Dorio, Eduardo Aliverti, Sandra Russo, AlanPauls, Daniel Guebel, Jorge Lanata, Tomás Eloy Martínez, Martín Caparrós, Julio Blanck, SergioVillarruel, Adrián Kochen y este columnista, entre otros.
Entre 1989 y 1991, cuando dirigí Radio Municipal de Buenos Aires (antes de que el gobiernoperonista de Carlos Menem le regalara la poderosa frecuencia 710 a Daniel Hadad), mi programaciónincluyó a Oscar Raúl Cardoso, Mario Krasnob, Jorge Guinzburg, Claudio Uriarte, Carlos Abrevaya,Gabriela Cerruti, Quique Pesoa, Moira Soto, Luisa Valmaggia, Alfredo Zaiat y MarceloLongobardi.

En el fugaz bienio de la Alianza, condujeron y participaron de programas por Canal 7 y RadioNacional, entre otros, Nancy Pazos, Luis Majul, Horacio Embón, Quique Pesoa, Rosario Lufrano,Liliana López Foresi, Norma Morandini, Carlos Polimeni y Emiliano Galende, Franco Salomone, BlancaRébori, y Omar Cerasuolo. Por Radio Nacional, di-rigida con honestidad y pluralidad democráticaentre 1999 y 2001 por Mario Cella y Marcelo Manuele, pasaban dirigentes peronistas opositores,piqueteros que cortaban rutas y sindicalistas que cuestionaban políticas de De la Rúa Jamás impidióel servicio informativo de 1999 a 2001 la cobertura de actos y declaraciones opositoras, que seemitían, además, a las 40 filiales de todo el país.
Incluso en los asfixiantes contornos del modelo actual de medios estatales como meras bocasoficiales, a veces es posible recuperar ese espíritu, como en la señal Encuentros, cuyaprogramación tiene jerarquía y propone contenidos sólidos, respetables y serios, al margen de algúnderrape ocasional. Pero es sólo una señal de cable, orientada a un público muy exigente, un casoatípico, dentro de la vasta maquinaria del Ministerio de Propaganda.
En lo fundamental, se manejan con un criterio tajantemente direccionado al discurso único y ala sofocante unanimidad en apoyo de las políticas del Gobierno. Además de hiriente y bravucona, esuna apuesta antigua, cerril, además de estéril. Al rechazar toda diversidad, este oficialismo deencargo, perpetrado por profesionales de probado y endurecido camaleonismo, reitera la autoritariamanía del “meloneo” setentista. No convence a nadie. Sólo se dedica a aplastarenemigos.
Envalentonados por pelear sin contrincantes (cuando Die-go Gvirtz invitó un día al programaoficial que produce en Canal 7 a Luis Brandoni, a las pocas horas el actor fue de-sinvitado), sehan convencido de su eternidad.
Un valor cautivante que debería ponerse en valor en la Argentina a partir de lo que suceda en2011, sería recuperar en la radio y la TV del Estado la diversidad, respeto y civilizada costumbredel diálogo entre los diferentes, hoy ausentes.
Progresistas de cara al matrimonio entre personas del mismo sexo, los actuales okupas de laradio y la TV pública son trogloditas en materia de diversidad y respeto de la información.Proclaman no ser homófobos, pero son visceralmente dialógofobos. Con las disculpas por lapalabreja.

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