•el eterno debate entre justicia y libertad

¿Progresista, yo, señor?

Una mesa redonda de opositores convocada por la Fundación Friedrich Ebert y el reciente triunfo del ex tupamaro Pepe Mujica en Uruguay anticipan las claves de la discusión política con vistas a 2011.

¿Progresista, yo, señor?
24-08-2026 | 00:34

En 1972, con la primavera camporista en ciernes y el regreso de Juan Domingo Perón, la mezclahippie de rock y folk que proponía el grupo Arco Iris convirtió su ópera Sudamérica casi en unhimno, escrito por Gustavo Santaolalla. Los jóvenes cantaban: “Algo se está gestando, losiento al respirar, es como una voz nueva que al fin comienza a hablar”. Eran tiempos deutopías revolucionarias. Otros tiempos, pero el concepto de que algo se está gestando y que sehuele al respirar reapareció sobre este fin de año. Se trata de cierta confirmación del comienzodel ocaso del kirchnerismo y del surgimiento de un nuevo ciclo que todavía aparece en estadogaseoso, sin líderes claros y apenas con algunas ideas compartidas.

Ese nuevo escenario político fue parido por el Congreso de la Nación como efecto tardío delmensaje de las urnas del 28 de junio. Un Poder Legislativo más plural, horizontal y dialoguistaaparece como el principal responsable de dotar de fertilidad a los nuevos espacios de partidos oalianzas que no sólo le pongan límites al oficialismo sino que puedan ir construyendo alternativasque le den equilibrio de alternancia a la democracia.

Está en marcha un período de gestación tanto en el peronismo no kirchnerista como en el noperonismo y en nuevos ensayos y mixturas convergentes. Algo de eso pudo verse en una jornadadenominada Hacia un consenso programático del espacio progresista en la Argentina, que organizaronMargarita Stolbizer y Achim Wachendorfer, presidente de la Fundación Friedrich Ebert. Peronistas,radicales y socialistas evidenciaron denominadores comunes poco frecuentes y coincidieron en lanecesidad de forjar una nueva herramienta de acuerdos programáticos con capacidad de gobernarconvocando a las mayorías. En esa mesa, estuvieron la propia Stolbizer (GEN), Ernesto Sanz (UCR),Rubén Giustinianni (PS), Pino Solanas (Proyecto Sur), Rodolfo Rodil (Encuentro Popular) y GustavoDruetta, del partido PAIS. Se habló de repetir y multiplicar esa experiencia, de escucharse yaceptarse. Caracterizaron al kirchnerismo como pseudoprogresismo y en tres casos, por lo menos,plantearon que la matriz económica y la vuelta al endeudamiento va en la misma dirección delmenemismo y que, por ese motivo, “hay 5 millones de indigentes y un tercio de los argentinosson pobres”, según Pino Solanas.

Fui convocado para coordinar esa mesa y preparé un texto disparador del debate que, finalmente,cambié por otro más provocativo a sugerencia de un amigo uruguayo dirigente del Frente Amplio. Elescrito original se preguntaba sobre el progresismo con un chiste tonto que solíamos hacer ennuestra infancia: yo prefiero ser rico y sano que pobre y enfermo. Qué gracia. Es como decir queser progresista es apostar a la justicia social y a la libertad. Así es fácil. No hay debate.¿Quién se va a oponer a un país donde haya crecimiento con equidad en el marco de una absolutalibertad? Yo también prefiero ser rico y sano que pobre y enfermo. La discusión planteada es cuáles la prioridad: ¿justicia social o libertad? ¿Es posible la existencia de una sociedad progresistasin justicia social? Definitivamente, no. ¿Es posible un futuro progresista sin libertad?Definitivamente, tampoco. Hace más de 25 años, en mis épocas de izquierdista dogmático, tuve laposibilidad de visitar la URSS y Cuba. En ambos países y en línea con los valores de la época, yocompré que la libertad era un valor burgués. Que la democracia de partidos donde cada uno seexpresara sin miedos ni consecuencias era una demanda formal, liberal y reaccionaria. Que mientrasla revolución social de los obreros se estaba consolidando para llevar justicia a los hogares máspobres, era una frivolidad eso de criticar y de pedir por las libertades públicas. Los que opinabandistinto estaban condenados al silencio, el exilio e incluso el paredón. Más tarde, comprendí queaquello no era progresismo. Que se parecía demasiado al fascismo de izquierda. El intento deligualitarismo salarial también falló, pero eso es para otro análisis. Lo cierto es que no hubolibertad para denunciar errores y para corregirlos y tampoco hubo justicia social. Hubo burócratasenriquecidos, corrupción y muerte. No hubo progresismo ni justicia social ni libertad.

Hoy, salvando las distancias, en algunas democracias populares y legítimas de nuestro continenteha resurgido el mismo debate entre justicia social y libertad. La discusión es menos dramáticaporque hay elecciones y la gente decide entre distintas propuestas. En Venezuela, Bolivia, Ecuadory también parcialmente en Argentina, los presidentes fueron elegidos por su pueblo y en algunoscasos, por paliza de votos. Eso es democrático y muy respetable. En muchos casos, por primera vezse están atendiendo las demandas más urgentes de los más pobres y eso es muy valioso y,seguramente, una de las principales explicaciones para sus triunfos en las urnas. Pero una vez másse está poniendo en duda el valor de las libertades. Otra vez el opositor, el crítico, el quepiensa distinto, el periodista empieza a ser un enemigo y no un catalizador del debate público. Hayuna nueva desvalorización notable del rol de la libertad. Otra vez aparece como un reclamopequeñoburgués, derechista y reaccionario frente a la importancia de las revoluciones sociales.Creo haber aprendido la lección. Hay algunos ejemplos en el mundo donde hay más justicia social queantes pero la libertad sigue entre rejas. Pienso en China, por ejemplo. ¿Es China una sociedadprogresista? De ninguna manera. Se puede rescatar que sus habitantes tengan un mejor nivel de viday que cada vez haya menos pobres y mejor distribución de la riqueza. Pero la libertad es lo quedefine hoy y siempre al progresismo. Libertad incluso para decir que es lo que uno consideraprogresista y lo que no. Libertad para apoyar y protestar.

De todos modos, decidí aceptar la sugerencia de mi amigo uruguayo y presenté a los políticosoradores con un disparo más francotirador y revulsivo que dice así: “Pepe Mujica vive yvivirá con gran austeridad en una chacra cerca de Montevideo donde se gana la vida cultivandoacelga y alfalfa. La parte baja de la mesada de su cocina se cierra con unas cortinitas de tela.Tiene cuatro perros y anda en chancletas delante de los periodistas. Su esposa, Lucía, es igual.Creen en las cosas profundas de la vida y no le dan importancia a la ropa. El principal himno decampaña decía: ‘Vamos Pepe, vamos con la gente. Hay un tipo caminando por la misma calle quevos, sin fortunas ni palacios’. Néstor Kirchner ahora vive en la quinta de Olivos pero es unmillonario con un patrimonio multiplicado desde el poder que no tiene antecedentes en la historiademocrática reciente. Néstor sí tiene fortunas y palacios. Su esposa, Cristina, tiene una pasiónespecial por la ropa cara y por la joyas.

”Pepe ni siquiera entró a la universidad, fundó Tupamaros, fue clandestino, se alzó enarmas, recibió 14 balazos policiales en su cuerpo y estuvo 13 años preso durante la dictadurauruguaya, que lo utilizó como rehén. Lucía también fue guerrillera y estuvo presa y escapó por lascloacas y hoy se convirtió en la presidenta del Senado que le va a tomar juramento a su marido,porque así lo dice la Constitución. Ninguno de los dos saca pecho de su condición de perseguido dela dictadura, rara vez hablan del tema, lucharon por la memoria y la justicia pero no buscanvenganza. Néstor es abogado, igual que Cristina. Fundaron el Frente para la Victoria y durante ladictadura se dedicaron a juntar plata para hacer política, como confesó ella, ejecutando a quienesno podían pagar sus créditos. No hay registro ni recuerdo de un solo gesto o acto por los derechoshumanos ni de que hayan defendido a un solo preso político. Sin embargo, todo el tiempo quierenapropiarse de ese pasado. Alardean de lo que no fueron. Exhiben lo que no hicieron y han reflotadoun odio absolutamente extemporáneo.

”Pepe se compró hace unos meses su primer traje y va a vivir con 1.500 dólares. Los 15 milmensuales que cobrará como presidente los va a donar. Néstor tampoco desespera por la eleganciapero sí por el dinero. Cuando le preguntaron si iba a donar los 24 mil pesos mensuales de pensióncomo ex presidente, maltrató al periodista que lo hizo y al más puro estilo Menem dijo: “Laplatita es mía, mía”.

”Pepe ganó y dijo que no hay vencedores ni vencidos, que nadie es dueño de la verdad. Diceque la democracia empieza en la oreja, porque hay que escuchar a todos. Va a gobernar sinsectarismos, con ministros de otros partidos. Es la prolongación del gobierno de Tabaré Vázquez,que bajó la pobreza, la indigencia y casi no tiene una sola sospecha de algún caso de corrupción.Néstor ignoró siempre al resto de las expresiones políticas y trató de quebrar su voluntad. Gobernócon un grupito de leales y está cada vez más aislado. Su gobierno y el de su esposa están llenos dedenuncias por presuntos delitos y hasta su propia declaración jurada está bajo la lupajudicial.

”Pepe y Néstor no tienen casi nada en común. El día y la noche. Pepe hace lo que dice yvive como piensa. Es austero, honrado, humilde, carismático, querido, campechano, capaz dereconocer que cometió muchos errores en su juventud y ahora. Pepe es Pepe y Néstor esNéstor.”

En el encuentro organizado por la fundación de la socialdemocracia alemana y la diputadaStolbizer, ella hizo una clara exhibición de su capacidad de convocatoria a la diversidad. Elsociólogo, peronista y ex militar Gustavo Druetta recordó que desde 1945 hubo 48 años de gobiernosciviles y que 31 de ellos tuvieron gobiernos peronistas que sufrieron distintas metamorfosispendulares, de derecha a izquierda y definió la actualidad en contraposición al orden y progreso deBrasil como de “desorden y retraso”, producto de “caudillos ladrones y yuppiescarilindos que se enferman de poder y que en un país plenamente democrático, tendrían como destinola cárcel”. Y Ernesto Sanz puso el eje en el “modelo de poder y no de país queconstruyeron los Kirchner”. Fustigó el abuso de los decretos de necesidad y urgencia, eldebilitamiento de todos los controles al poder, la realidad del Consejo de la Magistratura, dondelos comisarios políticos intentan disciplinar a los jueces, y lo que llamó “federalismo dehumillación”. En un sentido similar, el Club Político Argentino, que nuclea a prestigiososexpertos en distintas materias y con diversas matrices partidarias o ideológicas, en su últimodocumento propone concentrar los esfuerzos en la construcción de ciudadanía. El espacio dedeliberación, intercambio e intervención pública que integran, entre otros, GuillermoO’Donnell, Marcelo Cavarozzi, Vicente Palermo y Juan Gabriel Tokatlian denuncia que“hay dos fuerzas que tienden a erosionar el sentido de pertenencia nacional: la exclusiónsocial y las variadas formas de retraimiento”. Argumentan que la exclusión “vuelveficticia la elección de oportunidades de vida, el ejercicio de libertades e igualdades sostenidasen derechos y deberes compartidos”. Y que el retraimiento “lleva a muchos argentinos adarle la espalda a la política o a la participación social, convencidos de que el esfuerzo quepodrían hacer sería esteril”.

Algo se está gestando. El debate sobre quién es progresista en estos tiempos decólera es absolutamente funcional a la idea de construcción de nuevos instrumentos políticos y denuevos liderazgos. Es esperanzador. Como un brindis.

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