Prostitución

Es desesperante. Como si ya no pudiera vivir sin andar a los gritos y en cuero por la vida, Alfredo de Angeli fue esta semana (¡nuevamente!) paradigma de confusión oscura y torpeza conceptual inaceptable. Hace varios días atrás había atacado de la peor manera a Néstor Kirchner, perpetrando la hazaña de victimizar a esa persona tosca y empecinada que conduce a la Argentina hace seis años.

Prostitución
22-08-2026 | 22:54

Es desesperante. Como si ya no pudiera vivir sin andar a los gritos y en cuero por la vida,Alfredo de Angeli fue esta semana (¡nuevamente!) paradigma de confusión oscura y torpeza conceptualinaceptable.
Hace varios días atrás había atacado de la peor manera a Néstor Kirchner, perpetrando lahazaña de victimizar a esa persona tosca y empecinada que conduce a la Argentina hace seis años.Ahora, como buen incontinente cabal que aprendió a adorar los micrófonos y no poder vivir sinellos, el ruidoso y caótico De Angeli acusó a los medios de sacarlo de contexto, tras haber dichoque a los peones de estancia hay que llevarlos a votar y decirles cómo deben hacerlo.


Eficaz como felino de caza, Kirchner le clavó sus dientes en la yugular. Hablar no es gratisy los gazapos son especialmente costosos en una sociedad tan taimada como la argentina, de modo queDe Angeli fue atendido, como se merecía, por un Kirchner que lo retrató, justo él, como unretardatario que desprecia a los peones y adhiere a las peores prácticas del fraude conservador.
Si el rudimentario y ya indigerible De Angeli es una máquina de proferir afirmacionesprimitivas y se le advierte que ha sido colonizado por lo peor de los medios, Kirchner, por suparte, aporta con fervor al cambalache, no sólo con sus frecuentes episodios cada vez que le saltala llave térmica, sino también con sus desplantes de omnipotencia despótica.
Sin temor ya de ser visto como lo que es, un agreste recaudador de poder, aterrizó con el(su) helicóptero presidencial en la cancha de Rácing para llevarles de regalo cuatro televisores deplasma a los jugadores del plantel, testimonio de su efervescencia futbolística. No se cuidó, nituvo remilgos: tío rico ubérrimo de posibilidades, no pasó por su cabeza alguna forma mássolidaria, noble y progresista de testimoniar alegría futbolera. Los que en los años ’60delirábamos de placer con las sencillas hazañas del “equipo de José”, sabíamos que trasla leyenda de 1966 y la Intercontinental de 1967 ganada al Celtic de Glasgow, no vendría unpolítico rico a derramar electrodomésticos. Esos eran triunfos nobles, que producían alegríassencillas y verdaderas.
La hiriente barbarie lingüística de De Angeli, que hace pocos días participó de lo másentusiasmado en un programa de televisión donde dialogó con el veterano caudillejo nazi AlejandroBiondini, hace masa crítica con la incontinencia proselitista de Kirchner. Ambos hechos, como elmítico “te odio, te odio,” de Luis D’Elía a Fernando Peña, muestran el bestiariode los más prominentes, donde el parloteo envenenado, pobre pero tóxico, son los rasgosprincipales.


Como dice la exquisita columnista uruguaya Claudia Amengual, “las formas importan. Nosirven si no se sustentan en la solidez de los conceptos, pero tampoco lucen los conceptos cuandose diluyen en la ausencia de formas. El discurso vacío es tan horrendo como el discurso quemiente”. Para la escritora montevideana, “la lengua tiene un papel fundamental en lacohesión firme de estas dos caras de la moneda. No es sólo lo que se piensa, sino lo que se dice ycómo se dice. La lengua es importante porque está cargada de simbolismo, pero además, porque nosólo se nutre de la realidad. También la crea”.
Advierte que “si la transgresión es inteligente, se potencia el concepto; si latransgresión agrede, la comunicación se dificulta porque se crea resistencia como mecanismo derechazo y defensa. Confundir sinceridad con ordinariez, me parece un error”.
Eso es lo que viene abundando del lado argentino del Río de la Plata, el predominio de unainsufrible ordinariez disfrazada de audacia. Esta semana, mientras compraba en un negocio de laavenida Quintana de Recoleta, reparé que los empleados escuchaban un programa de una FM de músicapop. Eran las 10.45 de la mañana y tres alegres bastoneros debatían en la radio sobre el ancho delas vaginas, y la mujer del trío confesaba que a ella le gustaría hacerse la operación dere-virginización, porque tampoco le gustaba que le aplaudieran dentro de su intimidad. Nunca hicecompras en situación tan deleznable, mezcla de vergüenza ajena y horror civil.


Dice Claudia Amengual: “Hay que preguntarse (…) si las transgresiones soneficaces para llegar a nuestros interlocutores o si, por el contrario, contribuyen a levantarbarreras y sacan a flote el peor de los conservadurismos. Pero, sobre todo, hay que entender que eluso de la lengua jamás es impune. Al hablar y al escribir, no sólo se comunica, también se educa yse gobierna”. En la Argentina, el gutural De Angeli ruge como un cuadrúpedo, mientras queKirchner, especulativo, lanza plasmas desde los helicópteros, dos símbolos de que la impunidad gozade buena salud.
Vuelvo a la elocuente uruguaya, para quien “la pobreza expresiva (…) traslucepobreza conceptual o, en el peor de los casos, una violencia contenida que reverbera en latransparencia elocuente de las palabras”.


Esta indigencia no es una preocupación menor, parte pequeña de devaneos retóricos. Si algo hadesnudado la campaña electoral que se irá apagando en las próximas 72 horas, es la condiciónmenesterosa de la capacidad de debatir en serio, confrontar ideas y edificar razonamientos seriosen la Argentina.
Los medios no han sido ajenos a esta prostitución sinfónica de la idea democrática. En unacrónica política de hace pocos días, el redactor de un matutino se valió de este lenguaje paradescribir el intenso debate sobre estatizaciones y privatizaciones: “Salió a cargar”,“arremetió”, “abrió el fuego”, “disparó”, “el últimoround”.
En esta escandalosa devaluación de la riqueza civil de una polémica típica en democracia,también el periodismo ha jugado un papel destacado en su pretensión de demoler la supremacía de losargumentos, en tributo a la superioridad del ruido bélico.
Convertido en cuartel, reñidero ensangrentado y circo romano, el panorama político argentinono podría estar peor. Por eso se habla y escribe de manera tan gruesa, hiriente y pobre de matices.Esa indigencia es la fotografía más devastadora y elocuente de la escualidez nacional.

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