•Libertad de expresion

Proteger nuestra palabra

Nada parece más deseable que el hecho de que los grandes valores que sostienen la vida humana en comunidad se conviertan en realidades palpables y cotidianas. Sin embargo, una vez que los creemos afianzados, estos se naturalizan y corremos el riesgo de que comience su lenta perversión, llevándonos incluso a olvidar la fuente de su verdadera importancia.

Proteger nuestra palabra
22-08-2026 | 03:49

Nada parece más deseable que el hecho de que los grandes valores que sostienen la vida humana encomunidad se conviertan en realidades palpables y cotidianas. Sin embargo, una vez que los creemosafianzados, estos se naturalizan y corremos el riesgo de que comience su lenta perversión,llevándonos incluso a olvidar la fuente de su verdadera importancia.

Dentro de las diversas modalidades que toma el valor de la libertad, se destaca, sin lugar adudas, la llamada “libertad de expresión”. Frente al ataque de cualquier totalitarismoes fácil defenderla, pues el ataque es muy básico y masivo. Pero cuando el estado de cosas noslleva –como habitualmente pasa en el presente– a una pérdida de eficacia de dichovalor, es más difícil ver en dónde radica el mismo, de modo que se vuelve imperioso reflexionaracerca de su esencia, para recuperarla y potenciar su ascendencia sobre la vida social e individualde las personas.

Recordemos un profundo y sutil pensamiento cuya elaboración nos legara el filósofo alemánImmanuel Kant En su notable opúsculo Cómo orientarse en el pensamiento, Kant sostuvo que lalibertad de hablar y de escribir es una condición para la libertad de pensar. Ahora bien, lo másprivado que podemos concebir es la libertad de pensar, aquello que toda constitución liberal sepreocupa por proteger. Por otra parte, la libertad de expresión es una libertad pública, por lo queel ejercicio de hecho de la libertad pública de expresión es condición para ejercer el derecho a lalibertad de pensamiento.

Lo que Kant nos enseñó es que la coacción civil ahoga la libertad de pensar cuando elimina obastardea la libertad de comunicación, porque esa libertad de derecho del pensamiento, exigencia dela razón, no podría encontrar el hecho de su ejercicio sin la práctica irrestricta pero responsabledel lenguaje en comunidad.

Para que la libertad de expresión cumpla función tan vital, es preciso que esté disponibleigualitariamente y que sea eficaz. Lamentablemente, éste no parece ser el estado de cosas en laArgentina, aunque tampoco lo es en mayor o menor grado en el resto del mundo. Hoy las palabraspierden peso al reducirse a estereotipia o clisé. La banalidad profusa de los discursos de losmedios masivos de comunicación exigen, a quienes quieren participar en el juego, la simplificaciónesquemática y el empobrecimiento de los recursos expresivos. La consecuencia inevitable es laprogresiva reducción del pensamiento mismo, dada la dependencia entre libertad de expresión ypensamiento antes señalada.

A esta práctica lingüística generalizada se suma la creciente concentración del acceso a losmedios masivos de comunicación en pocas empresas, grupos y tipos sociales, los que conforman uncírculo vicioso que agudiza la pérdida de eficacia de la palabra. Y dado que la palabra es tambiénun vehículo para la construcción de poder, su secuestro y empobrecimiento redunda en que la mayoríadel pueblo quede al margen de dicha construcción. (La llamada “clase dirigente”favorece este proceso, cuando muchos políticos se limitan a unas pocas fórmulas, dicotomíasfalsificadoras o incluso a la chicana y el insulto.)

Los argentinos sabemos cuán trágico es perder la plena vigencia del estado de derecho y lademocracia. Pero para vivir democráticamente no alcanza con votar periódicamente conservando. Serequiere también condiciones objetivas para practicar la libertad de pensar. En la huella de Kant,recordemos que para que esto suceda, debe darse la libertad de expresión para que podamos encontraren ella toda su eficacia y todo su valor.

Proteger nuestra palabra es el compromiso que debemos exigirle a quienes tienenresponsabilidades públicas, tanto en el ámbito de las instituciones políticas, las organizacionesintermedias y los medios masivos de comunicación, pues celebrar en serio la libertad de expresiónhará posible que celebremos cabalmente una vida en libertad.


*Senador nacional por la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (Coalición Cívica).

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