•un vinculo fundamental

Punteros políticos y vida social

El papel de los punteros en la política suele tener mala prensa. Se lo asocia al “clientelismo” y a prácticas poco democráticas.

Punteros políticos y vida social
24-08-2026 | 08:10

El papel de los punteros en la política suele tener mala prensa. Se lo asocia al“clientelismo” y a prácticas poco democráticas. A la vez, diversos análisissociológicos han rescatado su funcionalidad en diversos aspectos. El tema volvió a un plano deatención estos días debido a un comentario periodístico: Rodrigo Zarrazaga, estudioso del tema,publicó una columna en el diario La Nación que dio algo que hablar a los especialistas.

El tema es complejo y presenta diversas dimensiones –lo que Zarrazaga, precisamente,propone–. Si el puntero genera un vínculo “clientelar” con los ciudadanos pobresque están bajo su esfera de influencia, y ese vínculo consiste básicamente en su poder paradistribuir bienes materiales para consumo privado de quienes los reciben, un aspecto del problemaes el déficit de la atención que el Estado, o el resto de la sociedad, prestan a esa gente. Perohay otros aspectos no menos centrales en la relación puntero-votantes. Algunos estudiosos de redessociales ya apuntaron a ese aspecto, el cual por otra parte es insoslayable en los análisis de lacomunicación política: los punteros construyen vínculos y sostienen estructuras socialeslocales.

La interacción entre punteros y seguidores es un fenómeno propio de la vida social, en todas lasclases sociales y en las más variadas circunstancias. La vida social se ha conformado siempre sobrela base de redes de personas que interactúan más entre sí, generan identidad grupal y cohesiónsocial y satisfacen todo tipo de necesidades a partir de esa interacción. Las nuevas comunidadesvirtuales que Internet ha hecho posible seguramente introducirán muchos aspectos novedosos en lavida social, en gran medida contribuyendo a que el ser humano puede superar las restricciones quela geografía impone a sus interacciones, pero no modificarán ese hecho elemental de lasociabilidad. Y, como ya estamos viendo, la política se servirá de esas redes.

Lo peculiar con el fenómeno de los punteros es que instalan un vínculo político en una matrizinteractiva que podría no estar –y muchas veces no está– politizada. Eso no esexclusivo de los ambientes de la pobreza. De hecho, siempre ha habido punteros políticos, en laArgentina y en muchas partes, no solamente entre los pobres. Tengo delante de mí un texto ilustradode Inglaterra a mediados del siglo XVIII, que describe como algunas personas en una tabernasobornaban a otras para conseguir su voto en una elección local. Un voto más significa mucho paraun político, y concederlo a veces significa poco para el votante. Por otra parte, si bien suenaaberrante que alguien use dinero del fisco para distribuir bienes que serán apropiados por quieneslos reciben, hay que admitir que el límite entre lo público y lo privado es algo difuso. Cuando losvecinos de un barrio de clase media o alta obtienen del gobierno que gaste más en los espaciospúblicos de su barrio que en otros lugares, los bienes que el gobierno genera –pavimentos,alumbrado, semáforos, plazas– son públicos, pero no hay duda que los votos de ese barrio noserían los mismos si ese gasto se aplicase a otro barrio. Ni qué decir de las leyes que devalúan,establecen protecciones arancelarias, gravan o desgravan consumos, y tantas otras.

Los punteros sostienen una estructura de interacción social que, en la política, es la base dela comunicación persona a persona con votantes de carne y hueso. Eventualmente, contaminan el votocon algunos aspectos prebendistas irritativos; pero a la vez dan respuestas a demandasinsatisfechas, que no son solamente zapatillas o, para los más afortunados, heladeras otelevisores; son también atención médica, iluminación en las calles, provisión de agua o protecciónante la arbitrariedad de los funcionarios del Estado –policía, jueces, otros–. Haceaños tuve oportunidad de observar en Uruguay cómo funcionaba la estructura política territorial del“pachequismo”, una corriente interna del Partido Colorado que cultivaba el voto de losde abajo. Las redes sociales del pachequismo no incluían solamente punteros comiteriles, sinotambién a médicos u otros agentes de salud y a líderes locales de distinto perfil. Todos ellos eranútiles para la comunidad, y eventualmente la política se insertaba en esa relación y lacapitalizaban.

La gente que menos tiene no demanda solamente teléfonos celulares –como hace unos díassugirió nuestra Presidenta–. Demanda muchas cosas, como todo el mundo, y algunas de ellas nose obtienen en el mercado aun cuando se tenga algo de dinero disponible. Son bienes menos tangiblespero esenciales en la vida de cada uno: relacionamiento, pertenencia, cohesión, contención,protección ante un mundo hostil, comunicación. Todos necesitamos esas cosas. Algunos, a veces, lasencuentran en la relación que establecen con los punteros políticos. Es mejor que nada.

Y, por otra parte, eso nutre a la política de demandas de personas reales, algo que ni latelevisión ni las encuestas pueden reemplazar.


*Rector de la Universidad Torcuato Di Tella.

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