•MARADONA Y SU ARMADA BRANCALEONE INVADEN LA BANDA ORIENTAL!

Pura melancolía rioplatense

Uno que quiere y no puede; el otro, que ni se le ocurre. Regamos la cancha y se caen los nuestros. Messi ya mira el piso. Uf. Gol salvador, diluvio y caos. La peor selección de Sudamérica aguantó lo que pudo frente el equipo de superestrellas más empobrecido del mundo, lo vacunó al final pero no contó con el siempre milagroso Palermo que entró, tocó una sola y fue gol.

Pura melancolía rioplatense
23-08-2026 | 15:57

Los argentinos vivimos en la haragana seguridad de ser un gran país (...) Los orientalesno. De ahí su heroica voluntad de diferenciarse, su tesón de ser ellos. (...) El sol, por lasmañanas, suele pasar por San Felipe de Montevideo antes que por aquí”. Jorge Luis Borges(1899-1986), de su prólogo para una Antología de Poesía Uruguaya (1927)

Uno que quiere y no puede; el otro, que ni se le ocurre. Regamos la cancha y se caen losnuestros. Messi ya mira el piso. Uf. Gol salvador, diluvio y caos. La peor selección de Sudaméricaaguantó lo que pudo frente el equipo de superestrellas más empobrecido del mundo, lo vacunó alfinal pero no contó con el siempre milagroso Palermo que entró, tocó una sola y fue gol. Esteequipo nacional es como el viejo Sandrini, a veces nos hace reír y a veces, llorar. Dan pena. Peroasí son las cosas con Maradona, su armada Brancaleone y los niños ricos que tienen tristeza.
Ok, basta: lo de Perú ya fue. Ahora hay que ganar el último o fuimos. Será a cara de perro ycontra Uruguay, uno de los pocos países que podrían competir con la Argentina en eso de proponer lavirtud individual y el desastre colectivo. Es increíble cómo esta gente, con semejante historiafutbolera y una cantera inagotable, se ha quedado afuera en tres de los últimos cuatro mundiales yvive eternamente de prestado. “Aunque todo lo demás falle, siempre podemos asegurarnos lainmortalidad cometiendo algún error espectacular”, escribió alguna vez John Galbraith sinsaber que también hablaba, aún de manera involuntaria, de la vieja y querida melancolíarioplatense.
Después de su heroico triunfo en la altura de Quito, el equipo uruguayo nos esperará envueltoen el furor. Tienen chance y la pelearán en el mejor escenario imaginable: en su casa, con el mitode la sangre charrúa como reivindicación histórica y contra los vecinos pedantes, ésos que suelenningunearlos con indignante amabilidad y los tratan como a exóticos provincianos. Bajarnos elcopete de un sopapo será una manzana deliciosa que morderán con furia, aunque en el aire flote lasentencia de la ley más popular en ambas orillas: la de Murphy. “Si algo puede salir mal, vaa salir mal”. Veremos a quién le toca.
Es cierto: Uruguay no tiene a tanto póster y sus nombres ya no deslumbran como antes. Perotienen dos delanteros dúctiles, potentes y con gol que mucho les envidia Argentina: Darío Forlán yLuis Suárez, el chico de 21 años que deslumbra en el Ajax. Y aunque el resto apenas supere lamedia, anímicamente rozarán el cielo si logran consustanciarse con un plan sencillo e ideal: pelearcada pelota como la última, ir para adelante, ganar; zafar del papelón.
¿Y Argentina, qué tiene? Bueno, empecemos por lo que no tiene. No tiene equipo, no tienetécnico, no tiene una idea, no tiene paz. Depende de la inspiración de algunos buenos jugadores yde dos talentos que sobresalen por encima de todos: Messi y Verón. Cualquier equipo sería candidatoa ganar con ese par de su lado. Ellos son, lo confieso, mi primera esperanza para un final feliz.La segunda es el miedo escénico, ustedes saben: la presión del público local, esas cosas. Latercera razón es mística, rubia y juega en Boca y la cuarta, el extraño “efecto video”.
Me refiero al video que el Maestro Tabárez les mostró a los suyos con la elogiable intenciónde estimular su fibra íntima. Mmm... habrá funcionado en Ecuador pero me obligo a dudar de sueficacia a largo plazo. Lo descubrió el arquero suplente Juan Castillo, en Youtube: se trata de unabreve charla escolar dada por Nick Vujicic, un joven australiano nacido sin brazos ni piernas. Selo ve subido a una mesa, tocando una máquina de ritmos y contando chistes hasta que de pronto... sedeja caer. “¿Me ven? –dice–, ¡estoy boca abajo y no tengo brazos ni piernas!Debería ser imposible levantarme. Pero no. ¡Si fracaso lo intentaré otra vez! ¡Y otra!”. Alfinal, claro, se incorpora. Aplausos, llantos, abrazos, reflexiones sobre la firmeza de carácterante la adversidad. The end. Y bueh... Todo bien con el chico australiano, pero si yo fuese jugadorde la selección uruguaya, ¡juro que le hago juicio al técnico!
La culpa de todo, quizá, la tenga el bueno de Pep Guardiola, que inició esta desdichadaseguidilla en la final de la Champions. Como le fue bien, la idea germinó como un yuyo. Simeonehabía elegido la arenga de Al Pacino en Un domingo cualquiera, Caruso armó el suyo con guerrerosmedievales y Maradona, un melodrama familiar. Eso sí, nada ha superado hasta ahora el estilo deotro técnico oriental, Juan Ramón Carrasco, a quién se lo ve en una rondita en pleno Centenariodesarrollando frente a los jugadores una sofisticada teoría sexual sobre las vacas, el cuero de lapelota, los botines, la seducción masculina y el deseo de ganar.
¿Gana Argentina, entonces? Yo estoy seguro que sí. Es más: incluso si perdemos será victoria,compatriotas. Porque como decía Conan Doyle desde la frialdad británica de su Sherlock Holmes:“una vez descartado lo imposible, lo que queda, por improbable que parezca, debe ser laverdad”.

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