•ESCENARIOS FUTUROS

¿Qué aprendimos de 2001?

Pasaron casi nueve años desde aquellos sucesos que algunos caracterizaron como la crisis más grave del país desde su nacimiento. Voluptuosa expresión de cansancio moral, frustración y desesperanza colectiva que se alzó al grito de “que se vayan todos”.

24-08-2026 | 04:55

Pasaron casi nueve años desde aquellos sucesos que algunos caracterizaron como la crisis másgrave del país desde su nacimiento. Voluptuosa expresión de cansancio moral, frustración ydesesperanza colectiva que se alzó al grito de “que se vayan todos”. ¿Qué enseñanzasdejaron en el conjunto de la dirigencia aquellos días de ahorristas furiosos, supermercadossaqueados y una represión policial que intentó –en vano–aquietar la rebeldía popularcobrándose más de 30 vidas? Como tantos otros hechos críticos de nuestra vida política, éstetambién tiene una cuenta pendiente con la historia y lamentablemente, muchos de los factorespresentes en la crisis de 2001 siguen teniendo cierto “parecido de familia” con elpresente. Estamos frente a una sociedad crispada, temerosa, con señales preocupantes deinsatisfacción, intolerancia y agresividad en los múltiples planos de la vida cotidiana. Estamostambién ante una dirigencia política que, salvo excepciones, aparece devaluada en la opiniónpública. Una dirigencia que la gente percibe ajena a los problemas del ciudadano común, interesadaen su propio beneficio personal o corporativo y sobre todo, una en la que la cooperación, laconstrucción de consensos y la institucionalidad importan menos que la satisfacción de su propionarcisismo. Al mismo tiempo, y como programados para la inestabilidad, la transgresión, como unestímulo que parece excitar nuestra autoestima social. Vivimos subvirtiendo el ordenamiento queimponen las normas. Un importante dirigente sostenía hace algún tiempo que los argentinos estábamos“condenados al éxito”. Sin embargo, creo que si profundizamos en el significadometafórico de esta frase, probablemente encontraríamos allí parte de la explicación de nuestrosrecurrentes fracasos como país: es porque estamos convencidos de que estamos condenados al éxito,que no vale la pena esforzarse demasiado para lograrlo.

Me divierte ver la cara del auditorio cuando en alguna charla sobre el perfil del argentinomedio digo que en realidad, los judíos están equivocados cuando sostienen ser “el puebloelegido”, comparten ese destino con otro pueblo que piensa lo mismo de sí mismo, claro quecon un significado bien diferente: si para el pueblo de Israel, la condición de ser el puebloelegido conlleva la idea de un pacto de lealtad, sacrificio y sumisión a los preceptos bíblicos,para el argentino medio “ser el pueblo elegido” implica la certeza de un destino degloria y por tanto, de excepcionalidades y no de pruebas de sacrificio y sumisión a la ley. Aquelgol excepcional de Maradona se logró –vox populi dixit– de la mano de Dios. No hubovergüenza ni culpa.
A pesar de todo, los argentinos vamos avanzando pudiendo dejar atrás algunos miedos ycomportamientos inmaduros. Miedos que en su momento fueron neutralizados con racionalizaciones yfugas hacia adelante para huir de la angustia. Así, al terrorismo de Estado lo acompañó “elpor algo será”. Al temor por el regreso de la híper, la confianza ciega en unaconvertibilidad que nos convenció de que habíamos alcanzado el primer mundo. Al irrespeto por losprincipios básicos de orden republicano lo enmascaramos con la idea de los beneficios de latransgresión y le dimos entidad transformadora a un comportamiento perverso que siguió minando laya débil institucionalidad de nuestro país.
Lo que parece haberse disparado hoy entre los argentinos es un sentimiento generalizado demayor control ciudadano sobre las decisiones públicas. La misma crisis de representación políticahace que los electores se arroguen el derecho de controlar y sobre todo de exigir de losfuncionarios una mayor rendición de cuentas sin intermediación institucional alguna. Esa nuevasensibilidad social comienza a advertir que el desdén por lo institucional privilegiando la éticade resultados, en el largo plazo, termina privando al país de sustentabilidad en materia deinclusión social y desarrollo. Aún falta mucho para alcanzar la ciudanía plena, para hacernosresponsables de nuestro propio destino. Destino que sólo escribiremos si logramos convertir lamirada sobre el otro en un nosotros, privilegiando el futuro del país.

*Socióloga. Analista de opinión pública.

También en Perfil