Cada tanto, los argentinos nos enteramos por los diarios de algún caso de corrupción que afectaa la administración de nuestro país pero que no se investiga precisamente en la Argentina, sino enel exterior, como está ocurriendo hoy con el caso Siemens. Estas son algunas de las ventajas de laglobalización.
Podrá decirse que, con la globalización, se internacionalizó también la corrupción, pero eso noes cierto. La corrupción estuvo globalizada desde siempre. Las empresas extranjeras nuncanecesitaron de la actual movilidad de capitales para otorgar un soborno. Al contrario, podíanhacerlo con mejores resguardos cuando cada filial gozaba de mayor autonomía, a causa de su relativoaislamiento.
En cambio, gracias a la globalización, aparecieron nuevas figuras en el orden jurídico mundial,a fin de establecer reglas de juego entre los principales actores del mercado.
En 1977, tras el caso Watergate, una investigación del Congreso de los Estados Unidos reveló quecasi cuatrocientas empresas norteamericanas reconocieron haber otorgado sobornos para obtener oconservar un contrato en el exterior.
La opinión pública de los Estados Unidos se escandalizó y Carter –entoncespresidente– impulsó la sanción por el Congreso de la, ahora famosa, Ley de PrácticasCorruptas en el Extranjero (FCPA, su siglas en inglés).
Durante un almuerzo con Jimmy Carter en Buenos Aires, le pregunté si había recibido muchaspresiones o quejas de las empresas estadounidenses, debido a la desventaja en la que esa ley lassituaba frente a sus competidoras europeas. Me respondió que las protestas fueron muchas y bienintensas, pero que ellos habían decidido “allanar el terreno”; procurar que los demáspaíses se hicieran más decentes y no volver a la corrupción para competir.
Pasaron veinte años hasta que los Estados Unidos consiguieron que sus competidores del viejomundo se comprometieran a sancionar una legislación similar. En 1996, lo hicieron los países delcontinente, con la Convención Interamericana contra la Corrupción; pero esto todavía no tenía muchaimportancia, porque los principales exportadores estaban en Europa.
Un año después, prácticamente todos los países de Europa, más Japón, Canadá y otros, incluyendola Argentina, firmaron la Convención de la OCDE (Organización para la Cooperación y el DesarrolloEconómico) contra el soborno transnacional.
Hasta ese momento, Alemania no sólo no tenía penalizado el soborno a funcionarios extranjeros,sino que permitía desgravarlo de los impuestos. Hoy, Alemania tiene una legislación similar a la delos Estados Unidos, que incluye penas de multa y prisión de hasta cinco años para los dueños oempleados de las empresas que ofrezcan u otorguen un soborno a funcionarios de otro país paraobtener o conservar un negocio.
El caso Siemens está siendo investigado en Alemania y en los Estados Unidos. En Alemania, por lalocalización de la casa matriz de la corporación y, en los Estados Unidos, porque Siemens cotiza enla bolsa de ese país, emite títulos, y eso la pone bajo los alcances de la temible FCPA.
Tal vez, alguien se pregunte porqué era necesario que se previeran penas a los empresarios porel cohecho a funcionarios de otros países, cuando podría esperarse la sanción que aplicaran losjueces de la jurisdicción de esos funcionarios. Pero, precisamente, y aunque nadie lo haya dichojamás por diplomacia, esas sanciones se establecieron a causa de la desconfianza que existe en lajusticia de los Estados a los que pertenecen los funcionarios sobornados.
No se trata de gobiernos extranjeros protegiendo nuestra integridad. Son los grandes actores delcomercio mundial que están protegiendo el fair play, un bien que pertenece a todos y sin el cual elcapitalismo no funciona.
* Autor del libro: Soborno transnacional y corredactor de la Convención Interamericana contrala Corrupción.





