•ilusiones monetarias

Que la realidad no nos arruine el relato

A diferencia de la Argentina, todos los bancos centrales de países emergentes exitosos aprovecharon la coyuntura internacional para instrumentar políticas antiinflacionarias. Exitismo en Cristina y Mercedes.

24-08-2026 | 17:04

En sendos discursos, tanto la Presidenta de la Nación como la del Banco Central reivindicaron el“nuevo papel” de la entidad monetaria en la macroeconomía argentina. Las frasesutilizadas fueron grandilocuentes y, por supuesto, muy bien dichas por dos excelentes oradoras.“Defender la moneda es hacer crecer el PBI.” “No vamos a esterilizar elcrecimiento.” “La moneda tiene que estar al servicio de la economía real y no a lainversa”, etc., etc.
Sin embargo, basta con mirar a todo el mundo emergente exitoso, tanto en la región como enAsia, para darse cuenta de que, a pesar de la belleza de la prosa, ésta no deja de ser falsa.

En efecto, todos los bancos centrales de los países exitosos del mundo emergente han aprovechadola extraordinaria coyuntura internacional, precios relativos a favor de las producciones de estospaíses y tasas de interés en el mundo desarrollado cercanas a cero, para instrumentar políticas demetas de baja inflación y flotación del valor de sus monedas al ritmo del precio de susexportaciones y del flujo de capitales. Todo el mundo emergente, y en especial en la región, marchaclaramente “a contramano” de lo que sugieren nuestras “presidentas”.
Y a ellos no les va tan mal. Al contrario, sus países han crecido sustancialmente conbajísima inflación. Es decir, han crecido en forma “progre”, evitando que sus sectoresmás vulnerables financien el crecimiento con el impuesto inflacionario.

Lo que no dicen nuestras damas es que la economía argentina tiene un sistema financierominúsculo (la mitad de lo que era en 2001, cuando tampoco era muy grande que digamos), y que ellose debe, básicamente, a que a las dramáticas consecuencias reputacionales de la explosión de laconvertibilidad, hay que agregar que con 25% anual de inflación y tasas de interés fuertementenegativas, la demanda real de dinero está cayendo y los depósitos se concentran en plazosextremadamente cortos, lo que impide fondear mucho crédito y a plazos. Y en un país sin crédito,sólo invierten los que tienen alta rentabilidad en proyectos de corta maduración. Los amigos delpoder que reciben alguna prebenda, o los extranjeros, en especial los vecinos, que se financian ensus propios sistemas financieros, en donde los bancos centrales, insisto, sí ponen la moneda alservicio del PBI al defender su valor.

No es casualidad que en los últimos año se anuncie permanentemente la venta de empresasargentinas a manos de brasileños, chilenos o peruanos. Paradójicamente, nunca antes la industriaargentina se desnacionalizó tanto. Y esto no está mal, al contrario, bienvenidas las inversiones decualquier lugar mientras les den trabajo a los argentinos. Simplemente, esto es una prueba más delo bien que funcionan los bancos centrales vecinos que, haciendo lo opuesto a lo que sugieren lasautoridades argentinas, han permitido que sus países crezcan. Que mejore la distribución delingreso y que sus empresas y ciudadanos tengan acceso a crédito de largo plazo.

Las nefastas consecuencias de tasas de inflación altas no podrían ser ignoradas ni discutidas enun país, como el nuestro, que ha perdido posiciones relativas en el mundo en las últimas décadas yque mantiene un porcentaje importante de la población bajo la línea de pobreza. Mucho menos podríanser discutidas por una administración progresista.

Sin embargo, y pese a la evidencia empírica que nos rodea, el relato oficial nos intentaconfundir presentando el falso dilema de que 25%-30% de inflación es mejor que la “paz de loscementerios”.
Obviamente, tiene razón la presidenta del Banco Central cuando argumenta que, aisladamente,una política monetaria antiinflacionaria tendría, posiblemente, consecuencias negativas sobre elcrecimiento en el corto plazo. Pero eso la debería llevar a reclamar una política monetaria,cambiaria, fiscal, de financiamiento público y de ingresos, consistente con una baja gradual ysistemática de la tasa de inflación.

En lugar de ello, dos damas inteligentes y educadas nos toman por tontos y nos quieren hacercreer que lo que pasa hoy en la región es un espejismo y que la economía buena y sustentable es lanuestra.
Un aforismo del mal periodismo dice “que la realidad no te arruine la noticia”.
Parafraseando, se podría decir que la mala política implica que “la realidad no tearruine el relato”.

También en Perfil