•Reflexion sobre el suicidio

Que nadie deje el salón

24-08-2026 | 17:35

Una de las frases más convocantes sobre esta materia la escribió Albert Camus en El mito deSísifo: “No hay más que un problema filosófico verdaderamente serio: el suicidio. Juzgar sila vida vale o no la pena ser vivida es la pregunta fundamental de la Filosofía”. Tomar odejar. El que se queda, que no llore. Calavera, no llora. Frases y definiciones tajantes como esasle valieron a Camus su apogeo en la Francia de la posguerra y el premio Nobel. Yo, que en 1960estudiaba en Francia, no olvidaré nunca esa frase provocadora y reveladora leída en el café adondeíbamos los argentinos, el Old Navy en Saint Germain. Apenas una semana después Combat, Liberación,Le Figaro, exclamaban con títulos a media página: “Se mató Camus”. Leí la crónica en laterraza del Old Navy, pero Camus no se había suicidado. Se había estrellado con un coche sport,seguramente comprado con la plata del Premio Nobel, en un día soleado, en el sur de Francia.
El destino se adelantó a la voluntad, o a la resultante de su última disquisición sobre laterrible frase de apertura de su libro más importante.

Los escritores y pensadores viven un “aire de época” que une sus temas, más allá delas conclusiones que pudieron ser divergentes. En 1958, dos años antes de la muerte de Camus en elcafé del cine Gran Rex, que ya no está, Witold Gombrowicz solía desayunar allí y tomar notas paraun diario que publicaría mucho después cuando finalmente la fama que mereció su estilo lo devolvióa su Europa originaria. En La Rex se podía jugar horas al ajedrez sin pagar más que un café y porlas tardes tenía partidas interminables con amigos, entre los que se contaba Ernesto Sábato.Gombrowicz era exiliado, tenía un puesto de oficinista muy menor en el Banco de la Polonia y noconfiaba en llegar a escribir libros hoy famosos mundialmente, como Ferdydurke y Lapornografía.

Quería la amistad de los argentinos, sobre todo la gente más humilde. Pero sabía que losargentinos eran peligrosos. No puede respetar al otro que carece de sentido trágico de laexistencia. Escribió en la mesa de La Rex: “Argentina no cree en su propia jerarquía devalores. Hay un lenguaje solemne ritual, retórico; y un lenguaje privado que usa la gente paraentenderse, a espaldas del oficial.
“Argentina es una pasta que todavía no llegó a ser postre. Es algo informe.”

En algún día de frío y lluvia, detrás de la ventana sobre la calle Corrientes, escribió:“El chantaje implícito en la prohibición de suicidarse es uno de los mayores atentados contrala libertad humana. Porque mi libertad suprema consiste en preguntarme como Hamlet: ¿Ser o no ser?Y responder sin presión alguna. Esta vida puede ser una condena; puede pisotearme, deshonrarme conuna crueldad feroz, pero me queda un recurso maravilloso y soberano: privarme yo mismo de esa vida.Esta es la base de mi libertad y de mi dignidad. Pero esta posibilidad, que debería estar en todaslas constituciones, me ha sido progresivamente confiscada”.
La sociedad, empujada quizás por la voluntad de no hacerle un desaire a las divinidades,cerró esa puerta con entusiasmo, al punto que no dejan cerca del condenado a muerte nada que puedapermitirle quitarse la vida por mano propia. En Auschwitz se anotaba cuidadosamente el número, laaltura y la edad del futuro gaseado. Cuando alguien es ingresado en una comisaría de Buenos Airesse le quita el cinturón, se revisa que no esconda objeto cortante alguno y se le sacan los cordonesde los zapatos (desde luego la corbata o tiradores que usase).

¿Qué extraña pulsión lleva a que se prohíba al condenado a la silla eléctrica a no dejarlomatarse con una pastilla o con una soga? ¿Es amor, es un último sadismo de verdugo empeñoso?
Hay algo de misterioso, entre hipócrita y vengativo en esta conducta extrañamenteuniversalizada. ¿Tendrán miedo de perder mano de obra? ¿Habrá un cálculo final tipo patrón-esclavo?
En realidad los verdaderos suicidas potenciales se matan poco. Parten del evangelionietzschiano que dice: la idea del suicidio me ayudó a pasar muchas noches que hubieran sidoimposibles.
La posibilidad de irse engendra más bien la tentación de quedarse y ver hasta dónde llega lacosa. Es un recurso para inteligentes y la fuente de libertad de saber, que quien abre o cierra lapuerta de su cuarto más íntimo, es uno mismo.

*Escritor y diplomático.

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