Qué pasa

No habrá sido “una 126” pero fue la mayor debacle política del kirchnerismo desde 2003 después del conflicto con el campo.

Qué pasa
25-08-2026 | 05:14

No habrá sido “una 126” pero fue la mayor debacle política del kirchnerismo desde2003 después del conflicto con el campo. Un termómetro: volvieron a aumentar las ventas de diariosy visitantes únicos de los sitios de los diarios en Internet como cuando Cobos votó “nopositivo”.

Pero, ¿por qué la creación de un fondo para pagos de la deuda por 6 mil millones de dólares condinero del Banco Central generó una crisis institucional cuando hace tres años el pago de 9 milmillones de deuda parcialmente con fondos de ese mismo banco no le movió un pelo a nadie? (Y ademáscosechó aplausos.)

Los técnicos (del derecho y de la economía) explicarán que antes había una deuda del BancoCentral y ahora es del Estado, o que antes el tema pasó por el Congreso y ahora no. Mientras que elGobierno dirá que en 2006 el Banco Central tenía la mitad de los 48 mil millones de dólares dereservas actuales y por eso apela al (muy discutible) concepto de reservas excedentes, o que losdecretos de necesidad y urgencia antes precisaban la aprobación del Congreso y a partir de julio de2006, cuando se aprobó la Ley 26.122 de Régimen Legal de los Decretos de Necesidad y Urgencia, deDelegación Legislativa y de Promulgación Parcial de Leyes, los DNU sólo pierden validez si ambascámaras del Congreso los derogan, o sea, no precisan su conformidad para regir.

Pero nada de eso es toda la verdad ni su parte más importante. Verlo desde esa perspectivaformalista sería lo mismo que preguntarse por qué hace un año “otro” aumento“más” de las retenciones generó una insubordinación cívica mayúscula cuando todos losanteriores aumentos de esas mismas retenciones habían sido digeridos más o menos sin sobresaltos.Esa perspectiva miope-cartesiana es la que tiene el Gobierno. Y por eso se volvió a equivocar (dehecho, el año pasado usó fondos del Banco Central aunque más disimuladamente: ver página 58/ElObservador).

La mayoría de los ciudadanos votó un cambio de estilo en el Poder Ejecutivo: ingenuamente en2007 y explícitamente en 2009. Algo diferente a Néstor Kirchner. Cuando en 2007 eligieron aCristina, creyeron candorosamente que vendría con más institucionalidad, transparencia y hasta larenovación en el INDEC. Se equivocaron. La causa fue la codicia: querían algo diferente pero almismo tiempo que todo siguiera igual con la economía. Nada es igual en la vida: es mejor o es peor.Y quien juega al empate tiene más posibilidades de perder.

En 2009 los votantes reforzaron el mensaje de cambio pero el daño ya estaba hecho: la Presidentase llama Kirchner, casada con una persona a quien la sociedad premió durante décadas por serautoritaria, a quien en las elecciones de 2005 se le revalidó su estilo agresivo, prepotente,despótico, dominante, intransigente, arbitrario y fanático confirmando el consenso que ya indicabanlas encuestas con índices de aprobación superiores al 70%, una adhesión pocas veces vista. Erapedirle peras al olmo. Después de ser ascendido de intendente a gobernador, de gobernador apresidente, y siempre reelecto, nadie cambiaría lo que le permitió el éxito, por lo menos no antesde alcanzar la cumbre del fracaso.

También se le piden peras al olmo de la oposición. Y probablemente se le sigan pidiendo si Cobosalcanza la presidencia. En ese caso, no sería de extrañar que asumiera como un San Martín, pero notardará en ser considerado un timorato, como De la Rúa, cuando lo que ya fue virtud (su tonomesurado) se convierta en algo insoportable porque desaparezca el efecto del encanto. A los ojos delos votantes, los presidentes (como las enamoradas para los enamorados y viceversa) no son lo queson sino lo que precisan que sean quienes miran.

Pero si el Gobierno estuviera dispuesto a cumplir con el mandato de las últimas elecciones yquisiera negociar con la oposición las medidas más trascendentes, el otro problema es que laoposición no es una y sólo se unifica ante el rentable oficio que resulta pegarle hoy a esteKirchner infinitesimalizado. El rechazo al uso de las reservas para pagar deuda es un buen ejemplode sus diferencias, hipocresías y miserabilidades.

Si no fuera por el costo real de esta crisis, resultaría risible ver a ortodoxosneoconservadores (mal llamados aquí liberales) manifestarse en contra del uso de las reservasporque son “el ahorro del pueblo argentino” y, al revés, a heterodoxosintervencionistas desaprobar el uso de las reservas porque “se avasalla la autonomía delBanco Central”.

Quienes nunca creyeron ni una cosa ni la otra se disfrazan de lo inverso para atrapar un poco dela simpatía que brinda la sociedad a quien se enfrenta a Kirchner. Y queda Pino Solanas, quienpropone no pagar “la parte ilegítima” de la deuda, lo que en la práctica significa nopagar ni con reservas ni con superávit.

La mejor forma de comprender el fondo de la cuestión es comparar cómo sería la Argentina si elGobierno hubiera avanzado con el Fondo del Bicentenario (para el Desendeudamiento y la Estabilidad,sic) sin contratiempos y cómo sería si finalmente la oposición, Redrado, el juez Thomas Griesa o elorganismo de aplicación bursátil de Wall Street (SEC) lograran impedírselo.

En el primer escenario, como el presupuesto ya incluía una partida para pagos de deuda, si elGobierno usara ese dinero para otros fines sería equivalente a que el aumento del gasto públicopasara, por ejemplo, del 18% al 26% y/o el aumento de la inversión en obra pública pasara del 25%al 40%. En términos de producto bruto, esto podría significar crecer el 6% en lugar del 4%, porejemplo, y que la inflación, en lugar de ser del 15%, fuera del 22%, cebando la economía con unamayor demanda agregada.

Al Gobierno le interesaría llegar a las elecciones de 2011 con más consumo aunque el precio apagar fuera mayor inflación. La oposición ya percibe que tendrá la responsabilidad de conducir alpaís en 2012 (el año que en el calendario maya se destruye el mundo como lo conocemos). ¿Leconviene a la oposición recibir un país creciendo más pero con más inflación, o con menos inflacióny con un poco más de reservas en el Banco Central pero creciendo menos?

No existe un límite inalterable pero la sociedad viene demostrando que –por ahora–digiere una inflación de hasta el 15% sin desarrollar comportamientos financieros autodestructivosy que se pone nerviosa cuando la inflación pasa del 20%. Pero como esos niveles de tolerancia sonsubjetivos, nadie aconsejaría estirar los límites dentro de los cuales dinamizar la demanda porque,cruzado cierto umbral, la única cura posible sería un ajuste que terminara destruyendo más valordel agregado por un crecimiento mayor.

La oposición, además de sacar rédito fácil de un rival en mal estado, se opone para minimizar eldaño que el kirchnerismo pueda hacer en el futuro con nuevas herencias fiscales que quisieraintroducir, más que por cuestiones de principios económicos o republicanos. Se opone para marcarlela cancha al Gobierno y decirle “hasta aquí” a eventuales intentos de próximas medidasque hipotequen el futuro, más que por estar en desacuerdo con el uso de reservas para el pago dedeudas. Es más, este Congreso aprobaría el uso de reservas del Banco Central que fuera necesariopor sobre lo previsto en el presupuesto si llegado el vencimiento no se consiguiera refinanciacióna una tasa conveniente.

Antes de explotar este conflicto, era probable que no hubiera sido necesario utilizar el Fondodel Bicentenario o se utilizara sólo una parte, porque el Estado contaba con la posibilidad deendeudarse, lo que sumado a los mil millones que ingresan como parte de la renegociación con losholdouts, más lo que preveía el presupuesto nacional destinar al pago de deuda hubiese alcanzadopara que el Fondo del Bicentenario cumpliera más un papel de garantía que de uso concreto.

Otra paradoja es que algunos de quienes defendieron ahora a Redrado en el Congreso fueron losmismos que lo atacaban cuando el Gobierno era quien lo defendía. Redrado nunca fue para elpanradicalismo el paradigma de la independencia del Banco Central, y hasta no hace tanto GuillermoMoreno se regodeaba diciendo que “Redrado es otro de los rubiecitos que precisamos para dejarcontenta a la gilada y a los mercados” (obsérvense las similitudes taxonómicas de Prat-Gay,Lousteau y Redrado).

La misión fundamental del Banco Central de defensa del valor de la moneda no se mide por elvalor del dólar en pesos sino por el valor del peso en mercaderías compradas por los ciudadanos enel país. El control de la inflación es su principal tarea. Con la misma vehemencia con que Redradodefiende hoy la Carta Orgánica del Banco Central se debería haber opuesto a un INDECmanipulado.

No pocos economistas piensan que Redrado fue menos independiente que Machinea como presidentedel Banco Central de Alfonsín, cuando –antes de la convertibilidad– no existía la leyque otorgó independencia al Banco Central. Sostienen que en la práctica Redrado convalidó con supolítica monetaria la tasa de inflación real y llevó adelante una política monetaria pasiva frentea la inflación, o sea, dio toda la liquidez (emisión, encajes y pases, entre otras herramientas)que el mercado precisaba para acomodarse a esa alta tasa de inflación.

Paralelamente, un Gobierno mal acostumbrando a la extraordinaria empatía de Redrado se abusó, nole dejó una salida elegante y con extrema torpeza lo entregó a los brazos de la oposición, entreellos Gerardo Morales y Ernesto Sanz, quienes le habían advertido la posibilidad de juicio políticosi no se oponía al Fondo del Bicentenario. También es cierto que probablemente Redrado no hubierasido inflexible cuatro años atrás, cuando la estrella kirchnerista estaba en alza y no eranecesario cuidarse del Congreso o la Justicia. En 2006 habría encontrado formas de hacer posiblealgo similar al Fondo del Bicentenario.

Todos actúan, Redrado, la oposición, el Gobierno, los jueces intervinientes y los economistas(estos últimos aprovechan la complejidad del tema para que sus opiniones siempre sean funcionales asus intereses personales sin tener que faltar a la verdad).

Todos impostan algo que no es. Gramsci escribía que “es una opinión muy difundida enalgunos ambientes (y esta difusión es un signo de la estatura política y cultural de dichosambientes) que, en el arte de la política, sea esencial el mentir, el saber esconder de una maneraastuta la opinión verdadera y los verdaderos fines a los cuales se tiende, el saber hacer creer locontrario de lo que verdaderamente se quiere, etc., etc. La opinión es tan arraigada y difundidaque, cuando se dice la verdad, nadie la cree”.

Finalmente, como siempre, el otro protagonista perpetuo y obvio de este síndrome político es laprensa. En el libro The new writing in the USA, su autor, Robert Creely, escribió: “Nadaencajará si presuponemos que hay lugar para ello”. Si la mayoría de la prensa quiere ver quetodo saldrá mal, hay más posibilidades de que la profecía autocumplida se haga realidad. Pero sifuera cierto aquello de que “muchos de los escritos dependen de la ocultación de lascircunstancias que motivaron su redacción”, como escribió Adam Phillips, uno de lospsicoanalistas más famosos de los Estados Unidos, el daño que la prensa le puede producir aKirchner iría decreciendo porque cada vez serían más inocultables para los argentinos lasmotivaciones de los principales medios.

Volviendo al comienzo de esta columna, tenemos un Gobierno que no sabe proceder de maneraconsensuada porque en el pasado fue premiado por actuar antagónicamente. Tampoco tenemos unaoposición unida ni con mínimos acuerdos básicos convenidos para sentarse a negociar con un Gobiernoque quisiese hacerlo (Carrió, cuando ve que los radicales aceptan a Cobos como su candidatonatural, comienza a criticar también a los radicales). Más un Gobierno que cree que gastando más eimpulsando el consumo puede ganar las elecciones (se equivoca: Menem perdió en la bonanza).

Y tenemos casi dos años por delante.

Eso es lo que pasa.

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