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¿Qué saben los K que nosotros no sabemos?

No hace falta ser un especialista en análisis político para deducir que cuando un gobierno adelanta elecciones es porque considera que tiene más chances de ganarlas que en la fecha original.

22-08-2026 | 04:52

No hace falta ser un especialista en análisis político para deducir que cuando un gobiernoadelanta elecciones es porque considera que tiene más chances de ganarlas que en la fecha original.Como reconoció el ex presidente Kirchner la semana pasada en Catamarca, “los que adelantanlas elecciones es porque tienen miedo de perderlas”.

Que el oficialismo considere que tiene una mayor probabilidad de tener un mejor resultadoelectoral en junio que en octubre puede deberse a cuestiones meramente políticas –poco tiempopara la organización de la oposición, o para hacer campaña, o para reclutar fiscales, etc.– opuede deberse a razones económicas.

Centrémonos en las cuestiones económicas. Si el oficialismo propone adelantar las elecciones esporque considera que la economía va a estar mejor en junio que en octubre. ¿Tiene razón? Sólo losabremos en octubre, pero si se proyecta la situación fiscal y la necesidad de recuperarcompetitividad cambiaria en un escenario internacional que mantiene a nuestros precios deexportación bajos, al dólar fuerte y a la demanda de commodities industriales planchada, esprobable que la respuesta –para usar un lenguaje cobista– sea no negativa.

En un escenario internacional adverso como el actual, al oficialismo le será cada vez másdifícil evitar la recesión, el aumento del desempleo, financiar el gasto público nacional yprovincial y controlar el tipo de cambio a lo largo de 2009.

Como comentaba la semana pasada, un escenario de expectativas de devaluación del peso, en laArgentina es, por definición, un escenario recesivo. (La gente retira pesos de la demanda paracomprar dólares y “sacarlos” de la economía.)

Con las elecciones en octubre, la trayectoria y los dilemas de política económica se volvían máscomplicados. Por ejemplo, cualquier intento de acelerar la devaluación del peso, para alejar lasexpectativas de dólar barato y frenar la demanda de dólares podría tener efectos perversos,incentivar aún más la demanda de dólares y la recesión.

Una devaluación brusca pondría freno a este drenaje, si fuera percibida como “la últimadevaluación” pero, de no ser así, podría llevar a un descontrol similar, salvando lasdistancias, al vivido a principios de 2002, cuando el dólar de 1,40 no fue considerado como el“dólar de equilibrio” y la estampida no paró hasta los 4 pesos.

Es cierto que el escenario actual es claramente distinto del de aquél pero no es menos ciertoque devaluar bruscamente es un riesgo que ningún gobierno quiere correr antes de una elección.

Por el lado fiscal, los ingresos, dada la recesión y la menor recaudación proveniente delcomercio exterior, crecen a tasas muy bajas, mientras que la demanda por mayores gastos, enespecial salariales, y en especial en provincias, dado el escenario de alta inflación pasada,resultan crecientes.

En ese contexto, avanzado el año, las provincias podrían estar al borde de la necesidad deemitir cuasimonedas para pagar salarios y volver a los dramas fiscales de finales de siglopasado.

Con ese panorama, adelantar las elecciones evita que se vote con un deterioro de lasituación.

También le baja el “precio” a las presiones de sindicalistas, industriales, yproductores agropecuarios, que ahora tienen menos capacidad de pujar por una porción mayor de unatorta más chica, bajo la amenaza de hacerle perder votos al oficialismo.

Si el adelantamiento mejora las probabilidades de un triunfo, o de una derrota más ajustada parael oficialismo, la posición de negociación del Gobierno frente a los grupos de presión mejora,puesto que le tendrán más “respeto”.

Obviamente, el adelantamiento de las elecciones aumenta el conjunto de instrumentos disponiblespara atacar estos problemas, pero no los soluciona mágicamente. Al contrario, y paradójicamente, laincertidumbre es mayor. Antes, por aquello de lo que los gobiernos no son capaces de hacerpreviamente a una elección: devaluar fuerte, default de la deuda, déficit fiscal descontrolado,etc., el escenario más probable era un escenario “conservador”, incluyendo el recurriral FMI, y tener una posición más amistosa con el mundo y los acreedores.

Ahora, en dónde sólo “hay que pasar el otoño”, se abre un mundo nuevo para elanálisis. El escenario “conservador” no queda descartado, pero es necesario sumarle laalternativa, para después de junio, de un escenario más revolucionario, en especial, si el Gobiernomantiene el control del Congreso (y si no tiene seis meses, hasta diciembre de “manoslibres).

Si los mercados se anticipan y el escenario “revolucionario” ahora no puede serdescartado, puede pasar que lo que los K querían evitar que pasara cerca de octubre, ahora pasecerca de junio. Todo esto si se aprueba la ley de adelantamiento. ¿Y si no se aprueba? Otravariante para incluir en el escenario.

Nunca se aplicó mejor una vieja maldición china: “Ojalá te toque vivir en épocasinteresantes”. Se vienen épocas interesantes.

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