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¿Quién manda en la UBA?

El 14 de diciembre, la Universidad de Buenos Aires fue noticia en todos los medios. Ese día se eligió el rector que habrá de presidirla por los próximos cuatro años.

24-08-2026 | 02:40

El 14 de diciembre, la Universidad de Buenos Aires fue noticia en todos los medios. Ese día seeligió el rector que habrá de presidirla por los próximos cuatro años. No fue ese, sin embargo, elprincipal motivo de la presencia mediática de la UBA, sino la movilización de un grupo deestudiantes que buscaron por la fuerza impedir el acto y fueron reprimidos por la Policía. Sevieron escenas lamentables: de un lado, manifestantes, muchos de ellos encapuchados, portandoestandartes de agrupaciones estudiantiles y de partidos políticos como el PO y el MST, armados conpalos, baldosas, piedras y otros elementos que servían para tratar de vencer las vallas y entrar aledificio anexo del Congreso nacional, donde debía tener lugar la elección; del otro, un desplieguede policías y guardias de infantería con cascos y escudos que buscaban frenar a los estudiantes congolpes, balas de goma, gases lacrimógenos y chorros de agua.

La movilización tenía por objeto, según declararon sus protagonistas, impedir que se efectuarala asamblea que debía elegir rector, pues impugnaban el momento de la convocatoria y tachaban alcuerpo de “ilegal”. Con argumentos y métodos similares habían tratado de evitar, ensemanas anteriores, las elecciones parciales de representantes de los profesores y los graduadospor facultad que forman la asamblea, también integrada por representantes estudiantiles. Y no hayque olvidar que hace cuatro años la UBA estuvo largos meses sin elegir rector porque gruposorganizados bloquearon sucesivos intentos de reunir la asamblea.

¿Cómo justificar la utilización de la violencia en este marco? Hace ya más de 25 años que,después del nefasto período de la dictadura, las universidades recuperaron la libertad académica ysu autogobierno. Desde entonces, tienen un funcionamiento autónomo, regido por sus propiosestatutos, la legislación nacional pertinente y las decisiones que día a día toman sus cuerposcolegiados integrados por los tres claustros (donde los profesores tienen mayor presencia relativapues “sobre ellos recae la responsabilidad del cumplimiento de los fines de laUniversidad” (Estatuto, art. 36)). Existen, por lo tanto, mecanismos internos establecidospara resolver los conflictos que se plantean para su gobierno. Además, por fuera del ámbitouniversitario, están disponibles los resortes del Congreso para dictar nuevas leyes en la materia,y de la Justicia, a los que se puede apelar si se consideran violadas las ahora vigentes. No hay,por lo tanto, justificación alguna para la violencia desatada por una demanda que podría haberseencaminado por los canales existentes de reclamo.

Este panorama no implica que no haya problemas: la universidad es una estructura de podercompleja, sujeta a disputas de intereses y de proyectos que no siempre se resuelven de la mejormanera para el futuro de la institución. En la UBA, no pocas de las decisiones que se toman endiferentes niveles, así como de las acciones que se llevan adelante responden más a presionessectoriales, mandatos partidarios, o simples ventajismos de ocasión que a la consecución de losfines científicos y culturales propios de su función social. Por otra parte, existe ciertatendencia endogámica por la cual los problemas de fondo de la universidad no se abren a ladiscusión pública. La autonomía tan preciada fue una conquista para asegurar la independenciafrente al poder político, pero en su nombre, muchas veces se escatima al resto de la sociedad eldebate sobre el destino de una empresa cultural que, al fin y al cabo, es sostenida por todos yatañe al conjunto.

Está claro que hay diferentes modelos y propuestas de universidad, pero para que las opcionesadoptadas no resulten apenas de maniobras de cúpulas, presiones sectoriales u operaciones deviolencia forzadas por alguna minoría, sería decisivo abrirlas al debate público. No es a travésdel bloqueo de la vida institucional que podremos confrontar esos modelos y decidir sobre elfuturo, sino de la utilización de los medios legales de participación de que disponemos en estademocracia que tanto nos cuesta sostener.


*Historiadora, UBA/Conicet. Su último libro: Buenos Aires en armas. La revolución de1880.

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