Perdimos la clase media porque perdimos la lucidez. No es cierto que, de pronto, la Argentinase haya llenado de gorilas. Los gorilas somos nosotros por mirar tanto al enemigo para recuperarnuestra identidad.” Este diagnóstico de Julio Bárbaro apunta a Néstor Kirchner como elprincipal responsable del fracaso de un proyecto que hasta hace poco pensaba quedarse 16 años en elpoder y que ahora se está jugando a todo o nada para ver si puede sentarse en la mesa de los quevan a definir el próximo jefe del justicialismo y el candidato a presidente en 2011.
Así de alto llegaron los Kirchner y así de bajo están cayendo. “Lo que más me duele esque estuvimos muy cerca de entrar en la estabilidad institucional y por mínimos caprichos perdimosesa posibilidad.” Otra vez Bárbaro da en el clavo. La sucesión de errores no forzados deNéstor y Cristina Kirchner y el autoritarismo con el que se manejaron incluso con su propia tropafueron expulsando aliados y compañeros de ruta, sembrando odios y rencores y abriendo heridas quevan a ser muy difíciles de suturar. ¿A quién votó la mayoría de los productores rurales de lospueblos del interior? A Cristina Fernández, sin duda. ¿Contra quién va a votar ahora? Contra losKirchner, sin duda. ¿Qué pasó en el medio para que aquellos que cosechaban progreso personal yregional ahora vayan con banderas negras a repudiar cada acto oficialista? Parece que el matrimoniopresidencial cree que, por arte de magia, se despertaron miles de gorilas dormidos. Es unaexplicación muy poco autocrítica y demasiado infantil e indulgente con sus propiasresponsabilidades.
Nadie puede negar los pergaminos de peronista que tiene Julio Bárbaro. Se fue del Gobierno yhoy está en su casa porque dice que Néstor Kirchner, de quien era amigo de la primera hora, norespetó su dignidad. Sostiene que la rebeldía es el parto de la política y que su tumba es elsilencio. Aquí hay otra clave para tratar de explicar las inexplicables candidaturas testimoniales,además de la mezquindad y la ingratitud que los caracteriza. Los Kirchner han reducido a laesclavitud de la no expresión a muchos cuadros políticos brillantes que fueron amonestados en formainsultante cuando intentaron el debate público o expresar algún matiz distinto. Esa intoleranciallevó a abortar buenos candidatos y los obligó a apelar a amigos, familiares, favorecedores o aellos mismos para jugar en todos los puestos de la cancha.
Es cierto eso de que con los aplaudidores profesionales sólo se pueden rellenar algunaslistas pero nunca alumbrar nuevos liderazgos capaces de predicar a favor de un proyecto y diseminarmística militante para entusiasmar a los más jóvenes. Si la política se reduce a la obedienciadebida, se iguala para abajo y se degrada su trascendencia, porque les da pasto a las fieras de unasociedad desencantada que repite que “todos son iguales”, escalón previo al “quese vayan todos”.
Cristina Fernández le dijo a Soledad Silveyra que la presidencia de Néstor era hija de 2001.Que en otra situación histórica jamás hubiera llegado. Eso es rigurosamente cierto. Lo preocupantees que durante el uso y abuso del poder que hicieron en este tiempo hayan logrado reflotar algunossíntomas nefastos de aquel abismo que se había abierto entre el ciudadano raso y los políticos.
Fue un proceso lento que comenzó después que Kirchner eyectara del Gobierno a RobertoLavagna, quien aportaba racionalidad y conocimientos económicos y terminó en una explosión deagravios de Kirchner en las tribunas durante la guerra gaucha.
Entre otras cosas, por eso llegamos nuevamente a esta situación de fuerte fragmentaciónsocial y de incremento de la agresividad cotidiana. Esa idea del vale todo a la hora de hacercampaña termina de ensuciar aun las mejores intenciones. No es gratis, en términos de erosióninstitucional, la impunidad con que utilizan los dineros de todos los argentinos como si el Estadofuera un bien ganancial. Se van acumulando facturas que en algún momento estallan y se hacenpreguntas en voz alta.
¿Cómo es posible que el candidato Néstor Kirchner tenga como vocero al segundo de PepeAlbistur en la Secretaría de Medios? ¿Quién le paga? ¿Todos los ciudadanos argentinos o los fondospropios del kirchnerismo? ¿No irrita que, mientras el candidato recorre los barrios pobres delConurbano, una ministra como Alicia Kirchner vaya atrás repartiendo beneficios o el secretario deEstado José López acompañe prometiendo obras? Ni siquiera disimulan. Son demasiado burdos cuandoconvierten una donación a la Casa del Teatro en el primer acto de campaña de Nacha Guevara. Esosqueridos artistas populares merecen la ayuda concreta del Estado. Esa entidad es solidaria, noble yentrañable. Pero, ¿justo ahora, a 35 días de las elecciones, a la Presidenta se le ocurre entregaresos 350 mil pesos “a pedido de Nacha”? ¿No hay otras formas menos humillantes paratodos, incluso para los que reciben el beneficio, de hacer un spot publicitario? Y para qué hablarde los teléfonos, la infraestructura publicitaria para difundir y hacer los actos, la movilidadterrestre y aérea y todos los etcéteras que se le ocurra y que ningún fiscal por ahora parecedispuesto a investigar. Por el camino del absurdo se podrían aportar algunas ideas: un beneficiopara la mutual de los judiciales y que Cristina vaya acompañada por Julio Piumato. O millones parala Intendencia de Tigre, anunciados por la Presidenta y Sergio Massa. O entregarle la cabeza deGraciela Ocaña en bandeja a Hugo Moyano en presencia de Héctor Recalde.
Ahora llegó la hora de victimizarse. Ya anunciaron la llegada del caos si perdían la mayoríaparlamentaria. Ya bajaron un poco el tono de sus discursos, pero eso no alcanza. Los dibujos quehicieron para forzar las candidaturas de Kirchner, Scioli y Massa, entre otras, son tan grotescosque aun a la Justicia más adicta le cuesta encontrar argumentos para justificarlos. Lo único a sufavor es que todas las fuerzas políticas hicieron lo mismo o cosas muy parecidas en esta elección yen las anteriores. Lo dicho: igualar para abajo, degradar equitativamente… en el mismo lodotodos manoseados. El tema es que ahora el Gobierno está asustado porque Ricardo Gil Lavedra es unjurista de excelencia y sus presentaciones tienen el filo de un bisturí. Por eso el matrimonio tuvoque salir al unísono al grito de: “Nos quieren proscribir”. Esa palabra, proscripción,es una de la más horrorosas y antidemocráticas de la historia. Una de las que más daño hizo a lacohesión social de los argentinos. Nos costó muy caro en términos de enfrentamientos violentos laprohibición de Perón y el peronismo. Néstor y Cristina remitieron en sus discursos a esosdespreciables sucesos. Pero cometen la torpeza de compararse con aquellos protagonistas. Perón fueproscripto por la orden de dictaduras que le temían al sufragio popular y por la debilidad de unaoposición que no podía imponer reglas de juego claras y republicanas. En cambio, las candidaturasde Kirchner y compañía hoy están en tela de juicio en plena democracia y producto de sus propiasdesmesuras.
En el camino de ubicarse en el lugar de víctimas, Cristina llegó a decir en Coronel Suárezque ha “soportado insultos y agravios que nunca se habían visto en la historia de laArgentina”. Otra vez esa deformación de la realidad que tienen los Kirchner de creer que lahistoria siempre comienza cuando ellos llegan. Es verdad que tanto ella como él han sidoinsultados, agraviados y ridiculizados, pero ni más ni menos que otros presidentes como CarlosMenem o Fernando de la Rúa, sin ir mas lejos. Porque si hablamos de Perón o Illia, esa comparaciónse cae por su propio peso. Pero hay un agravante en el caso de los Kirchner. Las descalificacionesde las que fueron víctimas Menem y De la Rúa, por lo menos en algún caso, tuvieron como victimarioa Néstor. ¿O se olvidó de sus gestos primitivos remarcando la fama de mufa del riojano? ¿O no fueel mismo Kirchner el que participó del sketch de Tinelli en la intimidad de la Casa Rosada con elimitador de Fernando de la Rúa? Y si hablamos de las brutalidades que la gente del campo les dijo alos Kirchner, no se debe olvidar que fueron en respuesta a los mimos que Kirchner les hizo.Cariñitos como: golpistas, oligarcas, avaros, comandos civiles, grupos de tarea e incendiarios decampos.
Siempre cuesta ver más la paja en el ojo propio. Sobre todo cuando se retuerce el sentidocomún para tratar de justificar lo injustificable. Lo que superó todo lo imaginable en el plano delautoengaño o el bovarismo fue la explicación que Néstor Kirchner dio por radio sobre lamalversación de las estadísticas del INDEC. Nunca se había explayado tanto en este tema, queimpactó como un misil en la línea de flotación de la credibilidad del Gobierno. Dijo textualmenteque “en el INDEC había grupos que dependían directamente de consultoras que trabajaban paraincentivar de cualquier manera el índice de precios porque era muy importante en el crecimiento delendeudamiento argentino y eso les generaba a grupos económicos altos niveles derentabilidad”. Sincericidio feroz. Si tiene algo de verdad la excusa de Kirchner, ¿por qué nodio ningún nombre de los trabajadores o empresarios que participaban en esa especie de asociaciónilícita? ¿Por qué no aporta los datos a la Justicia para que se persiga penalmente y se castiguecon todo el peso de la ley a esos estafadores que lucraban con el dinero y los índices económicosde los argentinos? ¿No tiene un funcionario público la obligación de denunciar un delito de esamagnitud? ¿O fueron sólo palabras que se llevará el viento de los comicios?
Por lo menos tres economistas de prestigio, y que nadie puede acusar de enemigos delGobierno, reclamaron esta semana que, de una vez por todas, haya un sinceramiento de las cifras.Tanto Aldo Ferrer como Mario Blejer y Eduardo Curia fueron prudentes pero firmes al plantearlo comoun instrumento necesario para recuperar la seriedad. ¿Cómo saber si las tasas que cobran los bancosson altas o bajas si no se sabe cuál es la inflación real?, se preguntaron.
Las encuestas, la sabiduría y el olfato de los militantes de base señalan que –porahora– la fotografía dice que el escenario más probable para el día después de las eleccioneses de un moderado retroceso kirchnerista. Se podría llegar a cuantificar diciendo que los Kirchnervan a perder entre el 15% y el 20% de su poder. Por eso Néstor dice que con un voto se gana y quepuede perder algunos legisladores. Todo indica que la versión actual del kirchnerismo quedará comoprimera minoría en la suma total de votos en el país, y en el número de diputados y senadores. Quepodría ganar la provincia de Buenos Aires con alrededor del 35% y con una diferencia de cincopuntos sobre el segundo, y que perderán distritos importantes como Mendoza, Córdoba y CapitalFederal casi en calidad de papelón. Santa Fe se cuenta aparte: de ahí los dimes y diretes de losúltimos días entre Kirchner y Carlos Reutemann. Kirchner quiere contar los votos del santafesino enla suma nacional para acercarse al 36%. Por eso lo elogia cada vez que puede y dice amar al Lolecomo a sí mismo. Reutemann huye despavorido de la cercanía de los Kirchner porque su apellido espiantavotos y una mochila de piedras en Santa Fe. De hecho, parte de la táctica electoral delsocialismo es decir que son lo mismo. Reutemann ha dicho que su ruptura con el kirchnerismo esirreversible. No quiere coparticipar sus votos. Es el capital con el que piensa sentarse en la mesade los ganadores del peronismo al dia siguiente de las elecciones. Allí estarán los gobernadoresvictoriosos que ahora están más lejos de Kirchner, como José Luis Gioja (San Juan), Mario Das Neves(Chubut), José Manuel Urtubey (Salta), José Alperovich (Tucuman) e incluso, tal vez, hasta AlbertoRodríguez Saá (San Luis), entre otros. Daniel Scioli y Néstor Kirchner también estarán en esa mesa.Pero el poder del jefe de la jefa del Estado ya no será el mismo ni podrá dar órdenes como tanto legusta. Ganar por poco y perder diputados y respaldo popular en la parábola descedente suele no serbien visto en el peronismo. Mucho menos si no ha sido generoso en el trato con ellos. Ya se sabeque el peronista de libro prefiere correr presuroso en auxilio del ganador y consagrarlo como nuevojefe.
En esa mesa, el peronismo va a contar los porotos –como dice Reutemann– parabarajar y dar de nuevo. Falta poco más de un mes para que las urnas digan quién tendrá el as deespadas.





