Reblandecidos

Dicen que el Gobierno no consigue transmitir con claridad, que tiene enormes dificultades para explicar y deficiencias en la comunicación. Desde Madrid y Buenos Aires, los intelectuales kirchneristas coinciden en un diagnóstico obsesionante: el “tema” son los medios, la guerra está en la comunicación.

Reblandecidos
22-08-2026 | 20:39

Dicen que el Gobierno no consigue transmitir con claridad, que tiene enormes dificultades paraexplicar y deficiencias en la comunicación. Desde Madrid y Buenos Aires, los intelectualeskirchneristas coinciden en un diagnóstico obsesionante: el “tema” son los medios, laguerra está en la comunicación.

Con pocas horas de diferencia, el secretario de Cultura de la Nación y un trío de divulgadoresenviado a España ratificaron esa inmodificable y tozuda certeza: hacemos las cosas muy bien, perolas comunicamos muy mal. Es como si estos exponentes cultos del “modelo” se estuvieranofreciendo permanentemente como “los” comunicadores eficientes, desplazando a quienesfracasan.

Despachado a Madrid para defender las posiciones oficiales y con el sostén de la embajadaargentina in situ, según Horacio González “el kirchnerismo no encuentra el lenguaje adecuadopara comunicar sus programas progresistas”. Para el director de la Biblioteca Nacional, estoes una “imperfección”.

Junto con González, también Ricardo Forster se presentó en la Casa de América de Madrid.Profesor de filosofía, Forster proclama sin eufemismos su asociación con el Gobierno, que defiendedesde medios periodísticos colonizados por el oficialismo. Dice que no lo asusta el conflicto ydescarta la posibilidad de que los partidos pacten acuerdos pluralistas de largo alcance. Por elcontrario, prefiere el conflicto al “consensualismo vacío de la década neoliberal”.

En Buenos Aires, José Nun resolvió quemar todas las embarcaciones. Descripto con abrumadoragenerosidad por La Nación como “un politólogo de prestigio internacional y uno de losintelectuales argentinos de mayor renombre”, insiste en los pecados capitales del periodismoy les asegura a las autoridades que él las comprende y comulga con todas sus decisiones.

Cuando le preguntan por el acuerdo en el Gran Buenos Aires entre el ex teniente coronel AldoRico y el kirchnerismo, Nun sostiene que “en política hay que distinguir entre estrategia ytáctica. Hay movimientos que se hacen por razones tácticas, que muchas veces son errores y quedespués se corrigen”. “Fue una cosa circunstancial”, explica.

Lo nuevo y sorprendente en el escenario es la asombrosa decisión de gente asociada a la culturay al mundo académico de plegarse a las necesidades y subterfugios del oficialismo, dándole letra yeducándolo.

Se trata de intelectuales que durante años se caracterizaron por sus encendidos cuestionamientosradicalizados al statu quo. El ahora comprensivo Nun, por ejemplo, corría por izquierda a quienesmanifestaban posiciones que él juzgaba peligrosamente moderadas o directamente traicioneras de losintereses populares. ¿Qué pasó con estos “intelectuales”, deslumbrados por Kirchner,que, como Nun, explican, justifican, racionalizan y entienden.

Cuando el periodista le advierte que en la propia Casa Rosada admiten que Kirchner moderó sudiscurso porque su estrategia confrontativa lo hacía bajar en las encuestas, él responde que no esuna estrategia confrontativa, sino una táctica confrontativa: “En un determinado momento, éltiene que avanzar rápidamente y encuentra una oposición muy feroz”.

Todo está maravillosamente bien para el gramsciano Nun, para quien “en estos últimos cincoaños jamás se reprimió una manifestación o la libertad de expresión”.

Los problemas sufridos por los periodistas hostilizados por el Gobierno son, para él, “laconstrucción de un seudo evento”. ¿Es un “seudo evento” que mi programa de RadioNacional haya sido eliminado el 31 de diciembre de 2005 por orden directa de Néstor Kirchner,violando todas las normas y hasta el preaviso pactado?

Muerto en las cárceles de Mussolini, Antonio Gramsci fue un marxista culto que no tuvo tiempo deconocer todas las atrocidades del régimen soviético, pero jamás hubiera admitido,reblandecidamente, que un atropello a la libertad de expresión fuera avalado desde el cinismo.

Sumergido ya en una bufonería visiblemente orientada a divertirse con su peripecia defuncionario, Nun dice que “a pesar de las apariencias, si usted escarba un poquito, tanto elgobierno de Néstor como el de Cristina Kirchner son extremadamente tolerantes”.

¿Y por qué hay que “escarbar un poquito”? Al igual que los cejijuntos pensadores deCarta Abierta, el asesino está entre nosotros, somos los periodistas: “La imagen intolerantede los Kirchner está absolutamente armada por los medios. Si antes constituían el cuarto poder, hoyson el tercero”, silabea. Lo que para González es “imperfección” para Nun son“deficiencias en la comunicación”, algo que explicaría “la proliferación de estaimagen negativa”.

Son funcionarios disciplinados, dispuestos a entender, acompañar y justificar todo, como sucedióhace sesenta años, cuando parte de la intelectualidad progresista y revolucionaria se retorcía paraexplicar el totalitarismo staliniano, al que toleraba dentro del combate contra el capitalismo y elimperialismo.

Por eso, con obsecuencia asombrosa, cuando se le pregunta por las candidaturas de funcionarioskirchneristas para las elecciones del 28 de junio, Nun dice que “la escasez de figuras puedeimponer que un gobernador o un intendente tenga que sacrificarse para asumir una banca”.

¿Sacrificarse? El secretario de Cultura ha pasado del conocimiento de Gramsci a la admiracióndel pejotismo realmente existente: “Estoy corrigiendo la imagen de Drácula que tienen losbarones del Conurbano. El tiempo pasa también para ellos”. ¿Razones? “El clientelismoha sido denostado de una manera excesiva. (…) La gran mentira que instalaron los creadores deopinión de la clase media y de la clase alta es que el clientelismo significa el choripán parallevarlo al acto político.”

¿Mentiras y ocultamientos del INDEC? Lo hecho –dice– “no fue explicado ni bienmanejado comunicacionalmente (sic): se pasó a medir los consumos de los sectores de menoresingresos y presentar eso como el índice de inflación. Ha sido muy mal comunicado”.

Le teoría del “error” es vieja como los autoritarismos del signo más diverso.Siempre hay cortesanos de regímenes fuertes, listos para atenuar hasta sus faltas más graves,esgrimiendo teoremas imposibles o rulos dialécticos que son un insulto a la inteligencia, delGramsci de sus años jóvenes, a maravillarse del clientelismo y de los –ahora– exDráculas del Conurbano.

Como empleador, el Gobierno ha triunfado al fichar para su plantel a varios operadores de eselustre que Kirchner nunca tuvo, ni tendrá. Verlos y leerlos, empero, produce melancólicatristeza.


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