•ABUSOS DEL kirchnerismo

Reconstruir el Estado

Quienes conforman hoy la oposición han señalado reiteradamente los abusos del poder: la concentración de atribuciones en manos de la Presidenta y la delegación hecha por el Congreso.

23-08-2026 | 10:54

Quienes conforman hoy la oposición han señalado reiteradamente los abusos del poder: laconcentración de atribuciones en manos de la Presidenta y la delegación hecha por el Congreso. Laoposición despliega el argumento democrático y republicano: la existencia de una pluralidad deintereses legítimos, la importancia del acuerdo y sobre todo la trascendencia del marcoinstitucional que establece las reglas del juego.

Es probable que de ahora en más la oposición deba agregar otras proposiciones, de tipo positivo.Políticas alternativas, y no sólo cuestiones de método. Pero aquí comienza el problema, puescualquier política –más aún si se trata de políticas de largo plazo– requiere unaherramienta de aplicación. El caso es que la gran herramienta, el Estado, está hoy hecho trizas,deshecho, reducido a una máquina exactiva. Sólo quedan los despojos del botín.

En otros tiempos, cuando la Argentina era un país potente, tuvo un Estado activo, capaz deplanear políticas y ejecutarlas. Pero a la vez, fue un Estado con dificultad para lidiar con losintereses que debía regular y controlar –las corporaciones–, que gradualmente locolonizaron, maniataron y expoliaron. En los años setenta se llegó al paroxismo de esa situación, ya la vez comenzó un giro significativo. Los militares entregaron el botín a financistas,contratistas y a la propia corporación militar, que se sumó al festín. Pero a la vez, optaron porreducirlo sistemáticamente, y en particular debilitar sus agencias de control, con el argumento,por entonces más convincente, de que achicar el Estado era agrandar la nación.

Las promesas de Alfonsín sobre las potencias de la democracia, propias de la ilusión de 1983,chocaron con la falencia de la herramienta estatal. La tarea siguió en las décadas siguientes. Parapaliar su déficit, se redujeron al mínimo sus funciones sociales. Para beneficiar a los másfuertes, se redujo al mínimo su capacidad de control. Pero el Estado mantuvo sus prácticasprebendarias, tanto con Menem como con Kirchner. Fueron gobiernos depredadores, que descalificaronlas normas e instituciones, las desgastaron, ignoraron o destruyeron. Para quienes quierangobernarlo, el Estado es hoy como un automóvil sin acelerador, freno ni volante; una herramientainservible y hasta peligrosa para quien quiera hacer con él algo que se aparte del caminotrazado.

Cualquier programa alternativo debe tener como primera prioridad reconstruir el Estado.Liberarlo de la colonización corporativa, que impulsa su acción prebendaria. Ubicarlo como árbitroy regulador de los diferentes intereses sociales. Devolverle su potencia. Dotarlo de las agencias yla burocracia que lo conviertan en maquinaria eficaz de las directivas del gobierno. Agencias queestén presentes en lo social y lo sujeten a normas, desde lo elemental a lo general.

La reconstrucción de la normatividad y de la eficiencia estatal es necesaria pero no suficiente.Emile Durkheim dijo que el Estado es el lugar en donde la sociedad piensa sobre sí misma. Habló deun proceso de circulación continuo, en el que las ideas y propuestas pasan del núcleo estatalpensante, formado por gobernantes ocasionales y funcionarios permanentes, a la esfera social y susespacios de deliberación, y vuelven, enriquecidos y consensuados, al Estado.

Un proceso complejo, que incluye las asambleas representativas, la opinión y otros muchosámbitos de deliberación.

Cualquier cosa que nuestra sociedad quiera hacer requiere de un Estado eficaz y capaz de pensarpolíticas estatales. Su tarea habrá de ser poner en movimiento una sociedad compleja, plural, quesólo con el reconocimiento de esa pluralidad puede marchar junta por un mismo camino. Se trata deactuar políticamente potenciando las partes, las diferencias, los intereses y sus conflictos, y decomponerlos en una trama institucional que no puede tener otra forma que la republicana. Esa miradebería tener, me parece, quienes piensan una alternativa para la actual forma de gobernar.


*Historiador. Director del Centro de Historia Política de la UNSAM e investigador principaldel Conicet.

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