•Golpe en Honduras

¿Recuerdos del futuro?

Tanto para individuos como para la política, es desaconsejable hacer afirmaciones como “nunca” o “siempre”. El golpe de Estado cívico-militar de Honduras es un ejemplo de lo vigente de dicha máxima.

23-08-2026 | 02:34

Tanto para individuos como para la política, es desaconsejable hacer afirmaciones como“nunca” o “siempre”. El golpe de Estado cívico-militar de Honduras es unejemplo de lo vigente de dicha máxima. En los últimos 20 años, un “saber convencional”afirma que la era de las asonadas militares contra poderes electos democráticamente eran cosas delpasado. Si bien durante todos esos años hubo casos que bordearon esa situación, como el autogolpeen Perú en 1992, Guatemala en 1993, los “ejercicios de enlace de las FF.AA.” ideado porPinochet en 1991 para garantizar el no procesamiento de uno de sus hijos, la rebelión carapintadade 1990 en nuestro país, la caída de varios presidentes en Ecuador, este “saber” no sealteró de manera sustancial. Ni el caricaturesco golpe de 2002 en Venezuela lo afectó mucho.Mientras tanto, la Argentina mostraba su reconocida capacidad para innovar, algunas veces paramejor y muchas veces para peor. Los gobiernos constitucionales sufrirían entre 1989 y 2002, y convoces que auguran lo mismo para 2009-2011, crisis o “golpes de tercera generación” (nila “primera” estilo 1930 con interrupciones correctivas y transitorias ni de“segunda” con su carga “fundacional” de 1966 y 1976) que combinaranagitación social, saqueos, cacerolazos, movilizaciones, corridas bancarias, pánicos cambiarios yangustiosos informativos televisivos “24 x 24”. Escenarios que combinaban gruesoserrores de los oficialismos de turno, condicionamientos económicos externos de suma dureza y eltradicional canibalismo de la política nacional. La recurrente idea de “incendiosfundacionales” que depuran los males del pasado y crean el escenario para los cambiosnecesarios. Los políticos, empresarios y militares hondureños parecen no haber abrevado en estainnovación a la argentina. El recurso a fuerzas militares, estados de excepción y oscurecimientoinformativo consolidó un generalizado repudio regional e internacional a este anticuado golpe de“primera generación”.

Una mirada más profunda del contexto socioeconómico, político e ideológico de amplias zonas deAmérica latina mostraría una combinación de factores que hacen imprudente minimizar los factoresque atentan y atentarán contra la estabilidad institucional y la paz social. La acentuación de lasbrechas sociales, con amplias capas de la población marginadas, el creciente rol del narcotráfico yel tráfico de armas, la desintegración familiar, de medios de comunicación y formas de organizaciónligadas a nuevas tecnologías que ayudan a organizar protestas, fuertes debilidades institucionalesy elevados grados de corrupción, son sólo algunos. Se suma el recrudecer de los antagonismosideológicos o de sistemas de ideas de la mano de sectores neoliberales o más bien conservadores,ligados a las grandes finanzas y al flanco más darwiniano y especulativo de la globalización versusun complejo mix de movimientos sociales, indígenas, nacionalistas y de izquierdas marxistas osocialistas. Lamentablemente para nuestra región, estos últimos parecen no haber entendido mucho delas fuerzas tectónicas que produjeron el fin de la Guerra Fría y la caída de “socialismoreal” y los modelos sustitutivos de exportaciones. Los primeros no han incorporado a suecuación el colapso de la “economía de Casino” a partir de la crisis financiera queestalló en septiembre de 2008. Los hechos de Honduras son fiel reflejo de las fuerzasdesestabilizadoras que subsisten en amplias zonas del hemisferio y que acercan a sociedades ypaíses al precipicio de la violencia civil y en algunos casos al borde de guerras o escaramuzasinterestatales. Recordemos la escalada retórica, diplomática y casi militar entre Venezuela,Ecuador y Nicaragua vis a vis Colombia en marzo de 2008 o actualmente entre Nicaragua, Venezuela yCuba con Honduras. La administración Obama y países con historia de articuladores diplomáticos,como Argentina, Brasil y México, deberán asumir la necesidad de crear mecanismos apropiados yrealistas para gestionar estas malas prácticas heredadas del pasado y, aún más importantes, las de“nueva generación” más ligadas el narcotráfico, el crimen organizado, especulaciónfinanciera y los estallidos sociales. En nuestro caso, la primera tarea será no recurrir a estasmalas prácticas en sus versiones más nuevas y sofisticadas. Tanto el oficialismo como las diversasoposiciones deberán hacer nuestras prácticas políticas más vegetarianas…


*Profesor de Relaciones Internacionales de la UCA.

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