•Panorama // crisis financiera

Rediseñar el mercado, pero no reemplazarlo

A partir del estallido de la crisis financiera durante el 2008, desde el Papa hasta un taxista en Kabul –supongo que habrá taxis en Kabul– están bregando y reclamando por una reforma profunda de las instituciones del sistema financiero y bancario global.

21-08-2026 | 15:45

A partir del estallido de la crisis financiera durante el 2008, desde el Papa hasta un taxistaen Kabul –supongo que habrá taxis en Kabul– están bregando y reclamando por una reformaprofunda de las instituciones del sistema financiero y bancario global.
Lo cierto es, sin embargo, que si bien la crisis financiera actual tiene características yorígenes muy particulares y que las reglas de funcionamiento del sistema requieren una revisión yeventual corrección, el mundo vivió innumerables problemas similares al actual desde hace siglos, ycon los más variados arreglos institucionales.
Sin ir muy lejos, Japón vivió el estallido de su burbuja inmobiliaria (Alfonsín vendió lasede de la Embajada argentina en Tokio en US$ 200 millones), a finales de los 80, y allí noexistían ni los préstamos subprime, ni los Credit Default Swaps, ni ninguna otra sofisticación quese le parezca. Lo mismo sucedió en crisis anteriores o contemporáneas.
Quizá convenga, entonces, revisar algunos aspectos meramente conceptuales.
Desde su origen, lo que está detrás de la organización del sistema financiero es la idea deque hay gente que quiere o necesita ahorrar para el futuro y que, del otro lado, hay gente quenecesita o quiere gastar hoy y tendrá el dinero mañana.
Pero, obviamente, los plazos no coinciden. Hay gente que quiere ahorrar por un mes o un año,hay gente que necesita los fondos por un año o un día.
En situaciones normales, esta “intermediación en plazos” que hace el sistemabancario funciona adecuadamente, dado que, desde los banqueros venecianos, hasta los modernosbancos centrales, hay una experiencia que “calcula” cuánto es el dinero que los bancostienen que tener en reserva de liquidez, sin prestar, para atender los retiros de aquellos quequieren los fondos hoy y no renuevan sus depósitos.
En un sistema cerrado, además, como el dinero que alguien retira de un banco termina, alfinal del día –salvo que lo atesore en su casa– en algún otro banco, surgieron lospréstamos entre bancos, y los redescuentos que otorga el Banco Central, en momentos en que, poralguna razón, la demanda de liquidez de la gente supera los cálculos habituales de un banco enparticular.
El supuesto de funcionamiento del sistema bancario es que la gente no retira todo su dinero ala vez y que, entonces, ese dinero puede ser prestado. Que hay una reserva de liquidez que, basadaen la experiencia, atiende los retiros diarios. Que, en condiciones normales, si algún banco, poralguna razón, experimenta problemas de liquidez transitoria, algún otro banco o el Banco Central leprestará los fondos, hasta que pueda cobrar los créditos otorgados y devolver el dinero recibido yrestablecer sus condiciones de liquidez.
Obviamente, también hay reservas derivadas de que no toda la gente devuelve sus préstamos,requisitos de capital propio que tienen que tener quienes se dedican a este negocio. Idoneidad yreputación, que antes juzgaba la gente y ahora las juzga la Superintendencia de Bancos. Lasgarantías a los depósitos de los ahorristas más pequeños y con menos información, para alentarlos atener los fondos “trabajando” dentro de los bancos y minimizarles el riesgo, y algunasotras regulaciones que completan el cuadro.
Cuando todos los bancos tienen problemas, y a todos les retiran los fondos por igual, o nadieles paga los créditos por igual, sólo quedan los Bancos Centrales actuando como bomberos en mediode una catástrofe.
Por supuesto que, después de cada incendio, la nueva experiencia indica qué situacionespueden preverse o evitarse.
Pero siempre aparece algo nuevo, o no previsto, o un riesgo no evaluado suficientemente.
Son las sorpresas las que hacen crecer al mundo y a las personas. El sistema bancario másseguro es el que recibe los depósitos, remunera el sacrificio del consumo presente y no le prestalos fondos a nadie. Pero esos bancos quebrarían rápidamente, dado que pagarían intereses, sincobrarlos.
Entre este extremo y el de prestarle a cualquiera, sin medir riesgos y consecuencias y todoel menú de innovaciones financieras que surgieron en los últimos años, hay un gran abanico deposibilidades.
Pero no hay que tirar al bebé junto con el agua sucia. Este mercado de capitales causante dela gran crisis actual también fue responsable del gran crecimiento y de la reducción de la pobrezaglobal de los últimos años.
El Estado reemplazando al mercado de capitales privado puede ser un mecanismo transitorio enel incendio, pero es ineficiente, y demasiado sujeto al poder de los grupos de presión, en dondelos menos representados son los más necesitados. Quienes terminan pagando los costos de esasituación, paradójicamente, son los que no tienen ahorros, ni herencias y necesitan del créditopara su progreso.
Eso es algo que ni el Papa ni los taxistas de Kabul deberían olvidar.

También en Perfil