•peronismo y radicalismo

Refugios de burocracias

Son tiempos de cambio, necesitamos definir objetivos y rumbos por seguir y dejar de reiterar conductas erróneas. Peronistas y radicales estamos obligados a definirnos de nuevo.

24-08-2026 | 04:07

Son tiempos de cambio, necesitamos definir objetivos y rumbos por seguir y dejar de reiterarconductas erróneas.

Peronistas y radicales estamos obligados a definirnos de nuevo, ubicar la propuesta sin recurrirtanto a nuestros orígenes, apostar a ser lo suficientemente modernos como para ocuparnos de lostemas pendientes.

Cuando me incitan a votar en una interna partidaria asumo que han logrado vaciar de contenido alos partidos, lo suficiente como para que al margen del vencedor, los derrotados no esténdispuestos a votar lo acordado. Un partido implica una definición ideológica particular frente a larealidad; si los partidos tradicionales contienen todas las variantes de las modernas propuestas esque ha llegado la hora de construir nuevas opciones.

Hay derechas en el radicalismo que mal que les pese deberían unirse a las que nos sobran a losperonistas porque de esas aguas que se desbordaron con la caída del dique muro de Berlín no sesalva casi nadie. Hay un centro izquierda disperso entre peronistas y radicales y otros sellos quepuede alinearse con los gobiernos actuales de Brasil, Chile y Uruguay y que si no logra unirse–lo que le resulta complicado– va a terminar convocando al poder a la nueva derecha.Hay también una izquierda boyando con su tendencia eterna a la atomización que difícilmente puedasuperar la confrontación entre ideas y candidatos.

Los sectores que apoyan al Gobierno con la excusa de que toda otra opción termina siendo másconservadora tienen razón mientras no se forje nada nuevo, aunque también caminan derecho aconvocar por oposición a un futuro partido de derechas.

El Gobierno está desgastado frente a la sociedad más allá de los dueños de campos y los mediosde comunicación. Existe una manera de ejercer el poder que puede sobrevivir en algún limitadoámbito provincial, pero cuando adquiere dimensión nacional y se desgasta, ya nada puede ofrecerpara recuperar prestigio. Por lo demás, si se insiste en que quienes gobiernan pertenecen alperonismo y al progresismo, queda determinado que el próximo turno nada tendrá que ver con ambossignos. Pensemos, por ejemplo, que en Brasil y Chile, gobiernos exitosos se retiran con prestigiosenvidiables y no por ello pueden imponer su continuidad; en nuestro caso es demasiado claro que yase está exigiendo un cambio de rumbo.

En suma, nuestros partidos son más el refugio de burocracias sin prestigio que de ideas ylealtades construidas con el tiempo. Menem y Cavallo dejaron al peronismo agonizando, De la Rúalastimó demasiado la imagen de capacidad en el ejercicio del gobierno del radicalismo. El actualGobierno se retirará habiendo debilitado la esencia de la política, con ideas del adversario y deldiálogo tan ausentes que ni siquiera parecen posibles.

Recorrer actualmente la sociedad implica encontrarse con la desesperanza. Pocas veces la anomiade candidatos invadió tanto nuestra geografía electoral y una mezcla de temor por el futuro y lacarencia de partidos de referencia ocupa el espacio que hace tiempo abandonó la propuestaconvocante.

La salida de esta crisis no está ni en los viejos partidos ni en sus absurdas internas que no sedan entre candidatos sino entre distintas ideologías. Es necesario construir una convocatoriasuperadora, que recupere lo mejor del pensamiento y de los hombres de cada fuerza, capaz de gestaruna opción superadora.

Dejemos ya de presentarnos por el partido del que fuimos parte; son tantos los tumbos denuestras viejas fuerzas que poco y nada decimos al asumir su pertenencia. Es que arrastramos de talmanera nuestras historias que, al extremar su vigencia, corremos el riesgo de condenarlas a unfinal degradante.

Este triste debate actual sólo nos lleva hasta la decadente elección del menor de los males.Hombres, ideas, historias, propuestas, necesitan, exigen una nueva estructura que los ordene ydevuelva a la sociedad la confianza en la política y el voto sin sorpresas.

Hace falta una nueva opción; es posible y no demasiado complicado.

Entonces sí, en política estaremos en condiciones de expresar el deseo de que 2010 sea un buenaño, que buena falta nos hace.


*Militante justicilista.

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