•adios a la verba progre

Regreso a los noventa

La imposibilidad de dar el 82% a los jubilados y la alianza con Franco Macri obligaron a los K a cambiar su discurso.

24-08-2026 | 15:23

Los enemigos le atribuyen a los Kirchner un hábito que otros malidicentes le cuelgan a lossacerdotes: aconsejan ciertos deberes, pero practican otros. Apostasías religiosas que,transferidas a la política local, se afirman en una frase lanzada en Madrid por el entoncespresidente Néstor: no lean mis labios, fíjense en lo que hago. De ese modelo controversial en loético, del doble discurso, entonces estos dos casos emblemáticos de la semana. Mejor tomarlo conhumor:

1) Casi ortodoxos, austeros para ciertos menesteres, tanto Cristina como su esposo han advertidosobre la imposibilidad de conceder el 82% de aumento que vanamente persiguen los jubilados. Desdeel Gobierno se utiliza el mismo dialecto explicativo de los gurúes liberales que ellos jurandespreciar y abominar; esto ocurre justo cuando uno ya se acostumbraba a la jerga estatal,progresista, popular o nacional impuesta por los ilustres santacruceños. Entiende el matrimonio queel reclamo para incrementar el haber jubilatorio parte de una demagógica oposición que pretendeseducir a la clase pasiva, una irresponsabilidad económica destituyente que pone en juego lasupervivencia fiscal y podría convocar a default. Palabras más, palabras menos, ese es el criterio,el anticipo de un veto si el Congreso llegara a consentir el aumento.

La pareja oficial, sin embargo, olvida su propia responsabilidad en la materia, en Santa Cruz,cuando decidieron mantener la autonomía jubilatoria del sistema nacional en los tiempos de DomingoCavallo, aquel amigo del alma. Ya imperaba en los Kirchner el criterio de caja y aprovecharon laventaja de disponer de menos jubilados que trabajadores jóvenes, con lo cual éstos solventaban elrégimen y presuntamente jamás entraría en rojo. No fue así, rebalsaron la cota y hoy exhibe elsistema un brutal deficit, el cual graciosamente lo paga en parte el resto de los argentinos (otramás de las tantas prebendas que disfruta la provincia). Para alcanzar ese desbarranque, elkirchnerismo bondadoso dilapidó fondos, concedió una alegría efímera que le acercó masivos votos afavor, simpatía popular al “proyecto” y la captación a granel de opositores que sepasaban en bloque desde otros partidos con la impavidez de los asesinos seriales, un anticipo de loque luego en Buenos Aires se llamaría vulgarmente borocotización. Entonces, las regalías ocultabanese proceso enfermizo, quizá semejante a la cobertura que hoy brinda la soja al Gobierno nacionalen su gastomanía.

Para entender este fenomeno en números, debe consignarse que en Santa Cruz los hombres sejubilan a los 54 años y las mujeres, a los 52. Merced a ciertos convenios, incluso, aquellos quedemuestren un aporte jubilatorio de 25 años pueden retirarse sin límite de edad. O sea, con muchomenos de 50. Como se advertirá, privilegiados del ocio con relación a los otros argentinos, casiotro país dentro del mismo país. Y en esa tierra poco hóspita, casi nunca se discute el 82% deaumento: por distintas ecuaciones, algunos que ya no trabajan hasta pueden percibir un ingresosuperior al de los que trabajan en la misma actividad. Para completar el paraíso o la felicidadsocial en Santa Cruz, un vistazo a los montos: en la Justicia hay retirados con alrededor de 30 milpesos, lógicamente los ex ministros superan a los jueces, mientras una jubilada directora deescuela recibe unos $ 7 mil. Ni hablar de los policías u otros funcionarios del Estado. Delicia delwelfare state del sur, esa denominación conocida en ocasiones como estado de providencia quizáporque habrá de ser la Providencia la que pague finalmente el desborde. Se supone.

2) Si hubo una especialidad del matrimonio Kirchner, por años, fue la saturación de los oídosciudadanos con la maldición a los noventa. En particular, a quienes más participaron económicamentede ese festival, según sus palabras, a los que lucraron, esos grupos “concentrados” queel recitado oficial jura estar apartando, excluyendo.

Pero el último viaje a China de la Presidenta reveló que uno de sus empresarios de cabecera–al margen del club de los siempre prósperos que vienen con los Kirchner desde el inicio,todos vecinos confiables mientras continúe el éxito– es el mismo que acompañaron a CarlosMenem en los noventa, Franco Macri, con el mismo grado de intimidad y jerarquía. Con todas lasimplicancias que ese apellido suponían entonces. Y se supone ahora. Singularidades de la vida.

Macri, el padre, acaba de consumar una operación de compra-venta de vagones para renovar subtesy trenes en la Argentina por la friolera de unos l0 mil millones de dólares. Sin ningún tipo delicitación y por adjudicación directa de la hoy ecuánime Cristina. Curioso, hubo objeciones–Pinedo, de PRO, pidió una investigación– hace unos meses cuando se tramitó un negociosimilar, también con Franco, pero por una cifra inferior (10 mil millones).

Ahora nadie dice nada, aunque el monto se amplió. Quizá el controvertido Ricardo Jaime empañabaaquellas operaciones –finalmente, aseguran, defraudó hasta los mismos Kirchner, aparte de lasdefraudaciones que le imputa la Justicia–, aunque no existe garantía de que su sucesor enTransporte, el referente de varios gobiernos porteños Juan Pablo Schiavi, mejorara latransparencia: parece que su despido ya está en un telegrama, igual que su reemplazo por uno de lostres laderos de Hugo Moyano en la CGT, como si no fuera suficiente el poder del gremio camionero enel área. Sorprende que el Gobierno argentino, además de la abultada importación china, siempreenrojecido para defender la industria nacional, destine tan voluminoso capital para productosconvencionales, sin tecnología sofisticada (salvo en los rodamientos) que bien los economistas delPlan Fénix dirían que se puede fabricar en el país. Esa es otra historia.

También anonada el rol mediador y comisionista de Macri, a quien los Kirchner le quitaron alprincipio su desventurada concesión del Correo, el mismo que confesaba que a la nulidad de eseservicio obtenido en los noventa se le añadiría un daño público a su trayectoria, aunque luego locompensarían con otro negocio. Era el precio, tal vez, por haber estado junto a Menem, ser uno delos escasos empresarios que lo visitaban sin anunciarse ni tramitar peajes subalternos, con quiencompartía largos atardeceres siempre preocupado para proteger su historial.

Después del mal trago, le tocó a Franco –como dice que le prometieron– el BelgranoCargas, aunque obligado a consentir como socio al sindicalista Moyano –al cual le reconocencualidades empresarias– y la cúpula gremial ferroviaria, hoy con tropiezos judiciales.

Como el veterano Macri es de los que en el rugby se sugiere no dejarles picar la pelota, en pocotiempo se hizo indispensable para otras operaciones, como la actual con los vagones chinos a faltade tren bala, u otra con su sempiterna vocación del automóvil barato. Así ha salido, también, decierta embolia económica que lo aquejaba. Gracias Kirchner.

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