Atrevida y pretenciosa advertencia: seremos gobierno hasta 2020, pasando por los hitoselectorales de 20ll y de 20l5. Aclaraciones aparte, es lo que dijo hace 48 horas Néstor Kirchnersobre sí mismo y su esposa. Es, claro, lo que desea, junto al PJ oficial y otras adyacenciaspartidarias o corporativas (Pérsico, Moyano, etc.) que lo alientan desde el palco. Fantasioso, elex mandatario rechaza vaticinios técnicos que repiten lo siguiente hasta el aburrimiento: elmatrimonio ya no podrá revertir su imagen negativa para los próximos comicios, jamás –en elcaso de que la alcanzara– estaría en condiciones de superar la doble vuelta. Por lo tanto, niél, ni ella, ni quienes ellos designen –si la pareja debe abandonar el cartel francés–podrá alcanzar la Presidencia: están todos empetrolados por la misma mancha.
Lo curioso, tal vez lo perverso, es que ningun otro candidato justicialista podría acceder a laPresidencia en 20ll. Ni siquiera quienes lo odian. Al menos, si se mantiene la actual reformapolítica y los aspirantes –léase, por ejemplo, Eduardo Duhalde, Francisco de Narváez, CarlosReutemann– deciden postularse con el escudo, la marcha y el nombre. Para tener posibilidades,deberían ir por otra agrupación, de ahí que no casualmente Felipe Solá y Juan Carlos Romero yarenunciaron al PJ, desertaron bajo la invocación de no compartir bandera, silla o sociedad conNéstor Kirchner. Raro: quienes se acostumbraron a “tragarse sapos” como describíabenevolamente el general –a quien ahora Néstor acude en cada discurso por estricto interéspersonal, luego de haberlo ignorado por años como si fuera un innombrable– que digirieronresacas estructurales, dinosaurios malolientes y vómitos espectrales, ahora buscan otro restaurantedonde merendar.
Algo tarde descubrieron que los K, junto al radicalismo, ya fraguaron una reforma política quebeneficia en exclusividad a la hegemónica burocracia de los dos partidos, una operación mezquinaque se le atribuye a la perfidia política de un todoterreno como Juan Carlos Mazzón, hoy alservicio matrimonial como antes sirvió a otros gobernantes justicialistas y que dice inspirarse enel progreso democrático, en la necesidad del bipartidismo, con internas obligatorias y simultáneas.Esa norma, en el PJ –como puente al poder– sólo satisface la voluntad de los Kirchner;y, si a ellos no les alcanza para ganar –harto probable–, su mecánica impedirá que lessirva a otros, más allá de que puedan ganar las internas. Es para observar esta aviesaconclusión.
Habrá de ser arduo para los postulantes peronistas competir en la interna con los Kirchner: demovida, para un piso mínimo, el oficialismo ya dispone del respaldo –obligado o no por lacaja– de los intendentes bonaerenses, mucho más prestigiados (no menos de 50% de aprobaciónen sus distritos) que el propio matrimonio. Es un caudal difícil de neutralizar y, como existenrequisitos, los intendentes no pueden abandonar el cerco un mes antes de los comicios internos. Coneste cuadro en contra, si Duhalde, De Narváez o Reutemann pudieran salvar esta etapa deconfrontación interior, deberán asumir como propio un equipaje no declarado: en el PJ impera elejercicio de mayorías y minorías; quien logre derrotar a la pareja oficial tendrá que cargar en suslistas a elementos kirchneristas, tipo Carlos Kunkel. Y, además, como antes de la interna, deacuerdo con la nueva ley, Kirchner hará alianzas con fuerzas ajenas al partido (tipo LuisD’Elía), si en el PJ vencieran Duhalde, De Narváez o Reutemann, tambien deberán incluir entresus candidatos no sólo a Kunkel, tambien a D’Elía, por citar a algunos emblemáticos. Y estarealidad consumada supone una pregunta obvia: si hay voto mayoritario contra los Kirchner en lainterna, luego –en la general– ¿quién votará a un candidato que en su mochila exhibefiguras representativas y obedientes del dúo presidencial?
Ante ese dilema, podría iniciarse una diáspora en el peronismo (ya encabezada por Romero y Solá)y, por supuesto, la constitución de otras alternativas con nombres diferentes al PJ. Pero, ¿en quéagrupación nueva se habrán de depositar esas expectativas si, por los condicionamientos de la nuevaley, sólo cinco partidos con rango territorial –confesión ya manifestada por la jueza MaríaServini de Cubría a diversos apoderados– podrán participar en los comicios nacionales de20ll? Entre los ya seguros (UCR, Coalición, Pro, etc.), ¿puede acaso incluirse un sector disidentedel peronismo? Parece díficil, tanto como crear un núcleo nuevo en todas las provincias delpaís.
En apariencia, jaque mate para cualquier intento renovador (aunque Duhalde y De Narváez, porcada lado, trabajan en otras construcciones) desde el día en que el proyecto Kirchner –con elasentimiento radical– forzaran a que, como las vacas en un matadero, el libre albedríociudadano y las aspiraciones de todas las minorías –políticas, religiosas, de raza, pueblosoriginarios, gays, ambientalistas, etc.–, sólo puedan desfilar y votar a través de unquinteto de agrupaciones inscriptas.
Un control monopólico de dudosa inquietud democrática que consagra la anquilosada aristocraciade unos pocos partidos, uno de los cuales –el que gana casi siempre–, a su vez, diseñóun cuadrado de hierro regido por el recién reasumido Kirchner como titular del PJ.
De ahí que lagrimear, vociferar o desafiar en el Congreso, como ocurrió esta semana, parece unagigantesca tontería de buena parte de la oposición. Hacia 20ll les aguarda –tal vez por supropia miopía– un camino bloqueado en todas las salidas. A menos, claro, que se modifique laley. Mientras, se asistirá al espectáculo no deseado al cual se obliga a pagar entrada (losimpuestos) de un Gobierno que se resiste a la Justicia y de ésta que empieza a objetar–cuando guardó silencio y se prescindió durante cinco años–; de la Presidentareclamando propuestas cuando estaban en su despacho desde hacía l5 días; del oficialismo elogiandoa quien alguna vez pretendió enviar a la parrilla (al senador Carlos Verna) y, luego, por razonesde intereses, lo preservó en la misma causa como a otro gobernador y a un reciente embajador; delos opositores pretendiendo castigar a una funcionaria (Mercedes Marcó del Pont) por un acto queotro había ordenado y al cual empleados subalternos se niegan a cumplir, sin averiguar siquiera sicumplió atinadamente sus funciones en el anterior cargo (Banco Nación).
Patético país en el que algunas damas, tres legisladoras (Latorre, Bongiorno y Meabe) tuercen suvoto y se visten de Borocotós femeninas más por sus declaraciones (“yo no vendí mivoto”, mi cuerpo; o, los senadores varones fueron desconsiderados con el género) que por susactitudes, mientras la confirmada Marcó del Pont mudó su forma de ser: cuando parecía resignada asucumbir, se arrojaba de un piso noveno por un micrófono. Ahora, ya confirmada, pide que elperiodismo la deje trabajar. Singular destino el de esta mujer que, nutrida y formada como unchicken baby de la escuela barrial del desarrollismo, del Grupo Clarín, hoy es la principaldefendida del matrimonio gobernante que, a su vez, despotrica contra la influencia monopólica deClarín.




