Resurrección

Enfrascada en su pasión por examinarse el ombligo, la Argentina registró los veinte años del colapso del muro berlinés con su habitual desdén por todo lo que no replique sus cotidianas y malsanas obsesiones.

Resurrección
23-08-2026 | 21:03

Enfrascada en su pasión por examinarse el ombligo, la Argentina registró los veinte años delcolapso del muro berlinés con su habitual desdén por todo lo que no replique sus cotidianas ymalsanas obsesiones.

Esta vez los medios no son responsables. Los diarios se ocuparon del asunto con muchas notas ydespachos desde la capital alemana, pero más allá de la cobertura periodística, a “lagente” no le importó mucho por qué y cómo se derrumbó el mamut soviético a partir de lasangrante fístula berlinesa.

Para la agenda de contenidos de la vida cotidiana, nada esencial se desprende de ese aniversarioni parece merecer una reflexión. Hubo mucha parafernalia y culto de la efeméride, pero ¿acaso losgrupos políticos argentinos han sacado las debidas conclusiones del espectacular fracaso de esecomunismo al que pedantemente llamaban socialismo realmente existente? La respuesta es negativa:no, lo esencial ha permanecido encubierto.

No se cayó un “muro”, se desplomó un mundo de valores, una cosmogonía obsoleta a laque las mayorías de esas naciones repudiaron con pies y manos, para no mencionar la primera ybásica resistencia, la de sus cabezas.

Una pregunta clave que en la Argentina nadie gravitante se formula es si la caída del Muro deBerlín patentizó sólo la muerte de un socialismo sin democracia, o apresuró la agonía delsocialismo a secas.

Cuando el otrora imponente bloque soviético se deshizo, como si jamás hubiera existido,sobrevivieron los regímenes de China, Vietnam, Cuba y Corea del Norte. En estos veinte años, chinosy vietnamitas han abrazado con fervor la economía de mercado, aunque preservan celosamente laverticalidad política del partido único (obviamente, el comunista) y la inexistencia de unaverdadera pluralidad. Corea del Norte es una satrapía arcaica, pero dotada de juguetes nucleares, yen la mitificada Cuba, tras la salida de Fidel Castro se han dado pasos innegables rumbo a laaceptación del mercado, al hacerse evidente que la economía de la isla vive, a cincuenta años de larevolución socialista, una penuria estructural crónica. La fase de salida del igualitarismo, que letoca pilotear al general Raúl Castro, es dolorosa y presupone nuevas y siempre más dolorosasmedidas de achicamiento, austeridad y recortes.

De ese socialismo prusiano y vociferante que se enunciaba al este de la puerta de Brandenburgohasta 1989 nada queda, aun cuando en tierras latinoamericanas se hable hoy de ese modelo como sihubiera sido una historia de éxito.

El núcleo del problema es que cuando la economía crece y satisface necesidades a través delimprescindible aumento de la productividad (cuestión central que no logró jamás resolver elmarxismo maduro en el poder), exige libertad política y plenas garantías democráticas para lasociedad civil. Con derechos y garantías obliterados, las economías centralmente planificadascrujen y se desbarrancan miserablemente. La penuria de Cuba no es el resultado del embargocomercial de los Estados Unidos sino del fracaso de un sistema, unos valores y una cosmovisión quehan cesado de ser factibles.

Tras el derrumbe del Muro, evidencias clamorosas desde la “desestalinización” defines de los años cincuenta se hicieron imposibles de ocultar. La locomotora soviética se ahogó defatiga y siesta burocrática; las pastosas motivaciones de un idealizado hombre nuevo se esfumaronsin pena ni gloria.

Es imposible hoy divorciar la falla sistémica del socialismo “realmente existente”de las tragedias humanas inmensas e indescriptibles que produjo la tiranía comunista entre lamuerte de Lenin (1924) y la de Stalin (1953). Ese muro perforado puso de relieve lo que torpementepretendían ocultar sus ingenieros. Tras las ensoñaciones épicas, latía una sociedad hastiada ydisconforme, pueblos que cuando pudieron elegir lo hicieron de modo diferente a lo que pregonaba lagerontocracia comunista.

La idea de una igualdad (que por otra parte nunca fue tal), sin libertad, ha sido repudiada, loque no ha sido reflexionado por una izquierda latinoamericana que se mueve como si el mundosiguiera estacionado en donde estaba hace cuatro décadas. La noción de un Estado omnipresentevuelve a ser resucitada ahora por los Kirchner y el populismo sudamericano, como si hubiera sidosinónimo de eficacia.

Una igualdad social aplicada por decreto destruye la competitividad indispensable para crecer ytermina validando un socialismo miserable, que acredita visible ineficacia para gestionar laeconomía. El Muro cayó porque ya no era tolerable la existencia de un Estado policial regenteadopor soplones y cómplices mediocres, pero también por la asfixia de una sociedad que conocía lasposibilidades y ventajas de las sociedades abiertas.

No es imaginable hoy un mapa cotidiano desprovisto de la diversidad ideológica típica de lospaíses con economías de mercado. El disparate alucinatorio de pregonar una sociedad enteramentemotorizada por “estímulos morales” era quizá cautivante en su utopismo irresponsable,pero esencialmente mentiroso. Fracasó estrepitosamente, como toda entelequia insostenible que en elfondo revela una soberbia intelectual de ribetes aristocráticos.

A la luz de los experimentos y fluctuaciones que hoy se dan en esta parte del mundo, Venezuela,Nicaragua, Bolivia y Ecuador exhiben la voluntad manifiesta de no querer estudiar o al menosadvertir las lecciones de la historia. En la Argentina, el vigésimo aniversario de la caída delMuro no produjo una sola consideración interesante por parte de quienes hoy, como en 1989, siguenhablando, ensimismados en el museo de la historia, de un “socialismo” que se hizoañicos en ese hormigón demolido en el corazón de Berlín.

Igual dispositivo se maneja desde un gobierno cuyos principalísimos alfiles de combate de lapatria sindical denuncian a la “izquierda loca”, lenguaje de hace medio siglo querevela el atraso polvoriento de la discusión política argentina. Para parafrasear a la talentosa (ycrocante) columnista española Elvira Lindo en El País, así nos va.

*Visite el blog de Pepe Eliaschev en www.perfil.com

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