Retrato de niño con lagrimón

24-08-2026 | 17:02

Las pausas en medio de un rodaje son tiempo absurdo, tiempo sustraído de toda utilidad. No sepuede hacer nada útil. Sólo esperar. No se puede encarar ninguna iniciativa concreta, como no seaingerir harinas de distintos tenores (desde vigilantes grasientos hasta galletitas troqueladas decenteno gris sin calorías). Todos los rodajes (desde el cine más comercial hasta el más sofisticadoy alternativo) comparten este punto ciego: la mayor parte del tiempo, hay que esperar algo–que cambien luces, que peinen a alguien, que traigan un mono tití que se llamaría Rober yque estaría llegando de Zona Norte…

Munido de una especie de frazada añil que las vestuaristas me ponen sobre los hombros para noensuciar la ropa (que va en continuidad con vaya a saber uno qué plano) deambulo a ciegas por lalocación. Estamos en el Hotel El Litoral, o lo que queda de él. Su nombre es un pomposo resabio desu ubicación privilegiada: Corrientes y Lacroze, justo frente a la estación desde donde elFerrocarril Urquiza antes te llevaba al lejano Litoral. No sé qué pasó aquí. En los 90 deben haberdetonado una bomba de hidrógeno. El hotel que promete confort familiar está en ruinas, deshabitadoy decadente. Como en un film de terror coreano, extraños paisajes se confunden con los que losdirectores de arte han decidido ambientar adrede. ¿Quién firma este estado de estético desordenespontáneo? ¿A quién se le ocurrió que esto es lo que queda cuando un hotel a orillas de unaestación de tren que trae migrantes internos se funde y se muere?

El sempiterno cuadrito del niño que llora preside el segundo piso. En mi tiempo sin tiempo deeste paseo secuestrado a la filmación, pienso por primera vez que esta pintura reproducida hasta elhartazgo merece un sitio urgente en el mejor o en el peor de los museos. Vaya mi sentida arenga:¡que los estudiosos investiguen y publiquen el origen de esta figura, más reproducida que LaGioconda, o la Marilyn de Warhol! ¡Que su autor sea ingresado como se merece a la iconología de lossiglos! ¿Por qué llora el niño? ¿Y por qué lo feo dura tanto o más que lo sublime?

Una pila polvorienta de diskets de 5 ¼ me cierra el paso en un recodo de la escalera del tercerpiso. Ahora que tipeo “diskets” –y que el Word enloquece ofreciéndomealternativas ortográficas que descarto– me doy cuenta de que ya ni recuerdo cómo se escribela palabra. Me niego a deletrear “disquetes”, que me parece una perversa aberracióncastiza. ¿Cómo era? ¿Cómo les decíamos? ¿Era francés el nombre? ¿Y por qué? Cuando el diccionariode la lengua española se actualizó en el 2000, ¿se habrán quitado las palabras que designaban cosasque existieron durante menos de una década y que ya no existirán nunca más? La palabra“lambada”, por ejemplo, que suena en una radio fantasmal del hotel vacío, ¿llegó aingresar al diccionario? Tuvo su chance a fines de los 80 y es singular como el ornitorrinco: setrata del único caso musical que conozco en el que un género completo contiene un solo elemento ensu conjunto. Género y elemento son la misma cosa: la cosa se llamó “lambada”, y resuenacoherentemente en la oquedad de esta ruina. Al compás de la lambada recojo un disket. Ya no debehaber ninguna forma de acceder a sus secretos. ¿Qué información confidencial contienen estosdiskets, celosamente envainados en sus sobres BASF? ¿Registros de pasajeros, cuentas fraguadas,compras de sábanas, de jaboncitos? En la recepción, entre otras joyas, tenemos acceso al libro deregistro de pasajeros. Leo la lista de nombres buscando no sé qué. Buscando nada. No olvidemos queapenas estoy esperando que me llamen a filmar. Hay muchos extranjeros. Son mayoría los paraguayos,pero hay algún chino, un portorriqueño. ¿A qué han venido? ¿Qué negocio los llevó a bajarse delUrquiza, a cruzar la calle y alojarse en este hotel?

Me llaman al set. Termina mi paseo. En esta escena Marilú Marini me mata a golpes en la nuca conel pie de un velador. Erica Rivas me roba unos dólares falsos. Muero así, un poco y de mentira enun hotel, que ya ha muerto hace años y que trae señales del más allá en cada empapelado, en cadasombra, en cada pasillo. Después a cenar, a engullir más harinas. Que así es este trabajo. Nadiedice nada, pero supongo que esperamos que la labor no sea tan ridícula como su dinámica, y que enla película vuelvan a la vida aunque sea vagos jirones de esas personas, de esos motivos, de esaspalabras que han muerto ya hace una década. No hay nada más viejo que los 90. Esto es el siglopasado.

Un día crecerá el pasto sobre esta misma esquina.

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