•el desastre de haiti

Revelación de la miseria permanente

El panoramista internacional de PERFIL evoca la figura del poeta haitiano Jean Brierre, quien fuera embajador de su país en Buenos Aires entre 1954 y 1956, cuando le tocó evitar que uno de los episodios más sangrientos de nuestra historia lo fuera aún más. También recuerda un viaje oficial de 2004 a Gonaïves, la segunda ciudad de Haití, mientras todo el pueblo se movilizaba –con ayuda internacional– para reconstruirse tras un devastador alud. La violencia y la desolación se unen en este relato a ciertos patrones de conducta que suelen identificar a las víctimas de catástrofes en todo tiempo y lugar.

Revelación de la miseria permanente
24-08-2026 | 03:20

Málaga, 8 de febrero de 1937, 2 de la tarde. Arthur Koestler describe la caída dela ciudad a manos de los nacionales, desde la casa de Sir Peter Chalmers-Mitchell. “Unafamilia de refugiados entra en el jardín: un hombre y su mujer, dos niños y la suegra, con unaenorme cantidad de canastos y bultos que contienen mayormente ropa de cama. (Hay una formalidadenternecedora en el modo en que en todas las grandes catástrofes –incendios, inundaciones,guerras– los pobres ponen a salvo su ropa de cama antes que otras cosas. Luego vienen, en lajerarquía de bienes preciosos terrenales, cazuelas y sartenes, cubiertos y platos. Este orden en laselección de los bienes que juzgan esencial salvar es probablemente la revelación más dura de lamiseria permanente de las masas en este mundo. En tercer puesto de la lista vienen por lo generalla jaula y el canario, el gato o un grotesco perro bastardo; representan la parte soleada de lavida.)”

Buenos Aires, 9 de junio de 1956. Un grupo de militares y de civiles argentinos,comandado por los generales Juan José Valle y Raúl Tanco, se levanta en armas contra la dictaduramilitar para restablecer el orden constitucional. La tentativa fracasa. El general Valle esfusilado en la Penitenciaría Nacional. El general Tanco y seis personas más buscan y encuentranrefugio en la Embajada de Haití en Buenos Aires. Siete acosados que llegan con sus pobrespertenencias en bolsos y atados. El embajador Jean Brierre comunica a la Cancillería argentina laconcesión del asilo y los nombres de las personas asiladas. Pocos días después, aprovechando laausencia momentánea del embajador, un grupo de personas al mando del general Quaranta–entonces jefe del Servicio de Inteligencia del Estado– ingresa violentamente en lasede diplomática y secuestra a los asilados. La esposa de Jean Brierre sale a la calle pidiendoayuda a gritos y la afluencia de testigos impide que se consume el fusilamiento en el lugar.Quaranta detiene un colectivo de línea y sube a los secuestrados, encaminándose al regimiento dePalermo. Desesperada, la señora Brierre denuncia inmediatamente el hecho a las agenciasinternacionales de noticias. Jean Brierre, por su parte, formula una enérgica protesta solicitandola devolución de sus asilados. Esa misma noche, Jean Brierre ingresa al regimiento de Palermo yrescata a los secuestrados. De ese modo, siete ciudadanos argentinos escapan al terrorismoinstrumentado por el Estado gracias a la acción del diplomático y de su mujer.

Gonaïves, Haití, 12 de octubre de 2004, 1 del mediodía. Las secuelas del alud deagua y piedras se ven por doquier. Los gonaïviens sacan el barro de dentro de sus casas, ponen asalvo los colchones, limpian las cacerolas, los platos cascados, los vasos, y salen a caminar.Centenares de personas sin expresión llenan las calles, donde hay autos dados vuelta y madreslavando a sus hijos en los charcos de agua sucia. No se ven perros ni gatos ni animales domésticos.Sólo unos pequeños burros, no más altos que un niño, y alguna cabra. Los miembros de la misiónargentina se multiplican. En los días en que se abatió el huracán, curaban heridas y atendíanpartos en la calle, bajo la lluvia. La población llevaba a los muertos y los dejaba en la puertadel cuartel. Algunos los enterraron en el frente de sus casas. El comodoro Mazzocchi recibió en launidad sanitaria argentina de Port-au-Prince a Elson Fusch, de veinte años, con una fractura conestallido de tibia por disparo de arma de fuego. Es cuidado con esmero. Algún día se irá, o lovendrán a buscar y ya no se sabrá de él. El general Lugani cuenta que los tres canales aliviadoresde agua de Gonaïves están tapados por la basura, lo que agravó los efectos de la inundación. Elcoronel Adrián Sánchez explica que nadie espanta las moscas que sobrevuelan a los pescados y polloscolgados para su venta para que se note que están frescos. En un local puede leerse, escrito amano: “Internet”; un salón anuncia: “Claudia, estudio de belleza”. Al ladode un canal, hay una carpa; tiene una bandera de Haití, y a su lado una argentina, con el soldibujado con fibra negra.

Port-au-Prince, 15 de enero de 2010, las veinticuatro horas del día. Muertos. Pordoquier. Yacentes, semi sentados, desmadejados, lacios, desgarrados, intactos. Muertos a cieloabierto, bajo vigas, muertos aprisionados, soberanos. Muertos en brazos de moribundos con ojos sinpropósito. Muertos encontrados y perdidos. Paredes de muertos, alfombras de muertos, dibujos conmuertos. Muertos manchados y muertos impolutos. Muertos que gritan, que sonríen, que duermen, quetienen pesadillas, que arrecian, que se apaciguan. Decenas, centenas, miles, decenas de miles.Port-au-Prince, Haití, enero de 2010.

Málaga, 9 de febrero de 1937. Ese martes, a las once de la mañana, los franquistassublevados detienen a Koestler. Más tarde, encerrado en una habitación, escucha los gritos de lostorturados y ve pasar sus cuerpos arrastrados por los falangistas. Cuando traen de vuelta a latercera víctima, probablemente muerta, un guardia civil ya mayor se encoge de hombros y lo mira.“Un gesto inconsciente de disculpa en el que se expresaba toda la actitud hacia la vida de unguardia de cincuenta años que, por una parte, tenía a las espaldas treinta de servicios en un paísmedieval, y por otra, seguramente, una mujer, varios hijos desnutridos y un canario en una jaula.En su gesto se expresaba toda una filosofía humana de vergüenza, resignación y apatía. ‘Elmundo es así’, parecía decirme, ‘y ni tú ni yo vamos a cambiarlo’.”


*El autor de este texto, siendo canciller argentino, homenajeó al poeta Jean Brierre (exembajador de Haití entre 1954 y 1956) durante un acto oficial en el Palacio San Martín, enseptiembre de 2004.

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