El gran estilo nace cuando lo bello obtiene la victoria sobre lo enorme”
Friedrich Nietzsche (1844-1900)
Son una maquinita, da gusto verlos. En la semana se las verán con el Chelsea por la Championspero igual jugaron el derby con lo mejor, sin guardarse nada. Salieron algo fríos y se enojaronrecién después del gol de Higuaín, así que fue goleada y flor de baile, algo intolerable para unclub como el Madrid. El Barcelona hizo lo que quiso: Messi convirtió sus dos primeros goles en elBernabeu, Henry y Eto’o tuvieron su revancha después de los gritos racistas que les dedicaronlos Ultra Sur –tarados hay en todos lados, se ve– y Puyol les mostró su cinta decapitán con el escudo catalán a los que le cantaban: “¡Que viva España!”. ¡Toma ya,tronco!
No es este partido –como sí sucede con nuestro River-Boca– una metáfora del duelobarrial entre el que echó buena y se mandó a mudar y el humilde que se quedó a pelearla. Se tratade algo más complejo. El desafío entre merengues y culés representa –diría Von Clausewitz,gran técnico prusiano–, la continuación de la guerra entre las dos Españas históricas porotros medios; incómodo sentimiento que sobrevuela por sobre el Estado de bienestar, la modernidad yel civilizado bipartidismo. La europea ciudad condal contra el duro centralismo madrileño. Clásicode los clásicos en el país de los muchos países.
“España, amigo argentino, es una sucesión de autonomías y principados unidos por unabandera común: ¡la bandera del Corte Inglés!”. Así ironizaban mis vecinos de Madrid, cada vezque les preguntaba por qué en mi living se escuchaban alaridos después de cada gol del Real y nadasi la que jugaba era la selección española. Con los clubes la historia es otra, claro. El Madrid es“la Casa Blanca”, el lugar soñado. El Barça “más que un club”, como señalasu consigna oficial. En el Camp Nou, antes de comenzar cada partido, un prolijo mosaico le advierteal mundo: Catalonia is not Spain. Queda claro.
Para el neutral, ser seducido por la grandeza del Madrid es fácil. Lo difícil llega a la horadel amor, como siempre. Lo intenté en 2002, cuando vivía a pocas cuadras del Bernabeu. Un día dejéde escuchar los partidos de Racing por Internet y me propuse hacerme del Madrid. Genial. A lospocos meses ya estaba en Cibeles festejando la Champions y exigiendo la “triplecorona”. Era rarísimo. Tanto que, seguramente quebrado por la nostalgia, terminé encariñadocon el Aleti, un club imposible, romántico, perdedor, irresistible para un académico en el exilio.
¡Ay, la cara de Boluda, después del sexto gol! Don Vicente, presidente explícito del Madridhabía sido terminante antes del partido: “Aquel que gane se llevará la Liga”. No seequivocó. “¡La única manera de parar a ese muchachito es con una escopeta!”, exageró elex entrenador madridista Fabio Capello que, por suerte, no vive en el Conurbano bonaerense. Hablabade Messi, único tipo de inseguridad que suele desvelar a los rivales del Barça. El niño maravillaes zurdo pero se siente más cómodo volcado a la derecha, aunque ayer jugó por el centro; tiene elmanejo indescifrable de Kirchner, la tibieza de Scioli y sobre todo se siente un verdadero artista,como Nacha. Las tiene todas.
Henry, a estas alturas, es De Niro: hace lo necesario, te deslumbra y ya, firma y se va. Y eltercer diamante es Samuel Eto’o, nacido en el Madrid y con 125 goles convertidos para elBarcelona. Ojo: no hablamos de Figo, ni Patricia Bullrich; ni siquiera de Borocotó. Niet. Estemorocho, más que tránsfuga, es un refugiado. Lo trajeron de Camerún a ver qué onda y loningunearon, mal. Se perdieron un 9 que juega en puntas de pie; un chico inteligente, dueño de unafina ironía. Un día le preguntaron cómo había sido su adaptación a la vida europea. “¡Rápida!–contestó– aprendí a correr como un negro para vivir como un blanco”. End.
Los catalanes son políticamente correctos y menos frontales que los vascos, pero en Madridsienten que todos ellos los detestan, con idéntica pasión. Haber sido durante décadas el equipofetiche del fucking generalísimo no es un detalle fácil de olvidar, sobre todo cuando quedan unmillón y medio de muertos en el medio.
El karma del Barcelona siempre ha sido su obsesión por ser más, antes que limitarse a ser,nada menos. Ese bravo intríngulis heiddegeriano los suele cargar de incómodas angustiaspersecutorias que ni siquiera calman estos dulces momentos de gloria deportiva.
El paradojal karma del Madrid es la enorme distancia entre el poderoso imperio que construyóen el mundo y la memoria emotiva del país que lo contiene. Esa España congelada 40 largos años y ala que le tiemblan las piernas cuando se piensa caminando con los dueños del mundo.
En fin; nada, comparado al karma argentino: no haberles copiado –ni siquieramal–, el ejemplar Pacto de la Moncloa que en 1977 sentó las bases de la convivencia políticaen el post franquismo. ¡Salud por eso, queridos gallegos; otra que Messi, el 6 a 2, la dichosa Ligade las Estrellas y la madre que los parió!





