•la adecuacion a los cambios globales

Ricos en televisores, pobres en lomo

La suba de los precios de los hidrocarburos y la incoporación al consumo de economías emergentes cambiaron la economía mundial. La Argentina se resistió a pagar los costos del nuevo escenario, cada vez más duro.

Ricos en televisores, pobres en lomo
24-08-2026 | 06:20

Desde principios de este siglo, se están produciendo una serie de cambios profundos en laeconomía global.
Los cambios son muchos y aún hoy se discute cuáles son verdaderamente permanentes y cuál essu intensidad. Voy a seleccionar, en estas líneas, dos que se mezclan con la coyuntura de la semanaque pasó y serán determinantes en los meses que vienen.
El primero está vinculado con la dramática suba de los precios de los hidrocarburos y, porende, de la energía en su conjunto. En efecto, por razones múltiples que, por cuestiones deespacio, voy a omitir detallar aquí, los precios del petróleo, por ejemplo, se triplicaron en losúltimos diez años.
Este aumento de los precios de la energía, por el lado de la oferta, generó, como era deesperar, respuestas fuertes por el lado de la demanda, que se tradujeron en violentos cambios en laproducción de bienes que tienen como insumo a los hidrocarburos (concentración de empresas, cambiotecnológico). Nuevos diseños de maquinarias y equipos. Y, en general, a un uso más racional,eficiente y responsable, por parte de los consumidores. A esto hay que agregarle el desarrollo deenergías alternativas derivadas, no sólo de los altos precios de la tradicional, sino del crecienteproblema ambiental.
En otras palabras, cambios en las forma de producción, en la productividad global, en lademanda, y en las políticas macroeconómicas, para convivir de la mejor manera posible con estenuevo esquema de precios relativos.
La segunda transformación profunda, acelerada en este siglo, surge del efecto de incorporar“mercado” y globalización, en los países con más habitantes del mundo emergente, comoChina e India, que produjeron otra modificación de los precios relativos a favor de materias primasde todo tipo, para usar en la producción industrial. A favor de alimentos más sofisticados. Y unabaratamiento dramático de los productos industriales fabricados en masa, en especial, electrónica.
¿Qué tienen que ver estos cambios con lo sucedido en la última semana en la Argentina?
Me explico. El populismo argentino intentó “aislarnos”, lo más posible, comoconsumidores, de ese mundo. Es decir, mantuvo artificialmente bajos, vía subsidios, restricciones,prohibiciones, “apretadas”, los precios de la energía y de algunos alimentos. Elresultado no podía ser diferente. Por el lado de la oferta de energía, no reconocer los precios alos productores significó una caída de la inversión que redujo producción y reservas y obliga cadavez más a importar el faltante a los precios “verdaderos” (y un poco más porcorrupción, porque importa el Estado), aumentando el gasto público. Por el lado de la demanda deenergía, despilfarro, uso irracional, más contaminación.
En el caso de los alimentos, en especial la carne vacuna, y los lácteos, desaliento a laproducción y, en las regiones en que es posible, “sojización”, es decir, sustitución dela producción de vacas por producción de soja. Y por el lado de la demanda, un incentivo a un mayorconsumo.
Hasta ahora, el problema energético no se había notado tanto porque el Gobierno teníarecursos para importar y subsidiar. Tampoco se había notado en el caso de la carne, porque nosestuvimos comiendo las vaquitas que producen carne (las máquinas). Ahora, en el caso de la carne,hay más demanda que oferta y los precios suben y, a diferencia de la energía, se puede importar muypoco.
De manera que, o reconocemos gradualmente el nuevo conjunto de precios de la energía y de loscortes más caros de carne (los otros cortes no se demandan en el mundo, de manera que no tienenprecio internacional, lo cual es una gran ventaja, porque las vacas producen cortes caros y cortesbaratos, simultáneamente), incentivamos la producción y aceptamos este cambio de precios relativos,o cada vez habrá mayor distancia entre demanda y oferta, habrá que destinar más recursos fiscales,en el caso de la energía, para importar, y habrá que racionar el consumo de carne vacuna.
¿Alguno se acuerda de la “veda de carne” de otra etapa del populismo argentino? Amí me lo contaron.
Falta entender, por último, que si se pretende cambiar precios relativos indexando los otrosprecios, incluyendo el salario, vamos rumbo a una espiral inflacionaria incontenible, porque subentodos los precios y suben más los que tienen que cambiar. Otra historia que ya me contaron.

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