La muerte de Romina Yan tuvo un gran despliegue en los medios tradicionales. Pero no modificó laventa de los principales diarios de papel, según sus estimaciones preliminares. Los ratings de latelevisión no crecieron mucho, excepto el noticiero de la noche de Telefe, el canal de la actriz:ocupó el cuarto puesto del día.
En la versión digital de los diarios, hubo, sí, un aumento enorme de las visitas únicas. Enlas primeras 24 horas 756.418 personas llegaron hasta las noticias que abordaban el acontecimientoen Clarín, el diario más visitado en la red.
Pero en las redes sociales, el impacto relativo fue aún mayor. La empresa Infoxel, dedicada aevaluar tráficos en la Web, informó que en Twitter, la muerte de Romina Yan se convirtió en uno delos “trend topics“; así se llama a los temas más frecuentes en ese medio a nivelmundial.
En Facebook, se crearon más de mil grupos y páginas. El más numeroso se llama “No puedocreer que murió Romina Yan”: integró a más de 300 mil personas en menos de 24 horas. Elviernes, tenía 433.880 personas y estaba en el cuarto puesto entre las búsquedas de Google.
Las páginas web de Hace instantes, un blog sencillo muy bien rankeado entre las búsquedas deGoogle, tuvieron 250 mil visitas sólo en las primeras ocho horas de conocida la noticia.
¿Cómo explicar el eco distinto que tuvo la noticia en los medios tradicionales y en las redessociales? En estos medios, los individuos –no celebrities– aparecen sobre todo comoejemplos de un fenómeno que los trasciende: la inseguridad, la lucha política, la fatalidad, etc.;son los periodistas los que los eligen y les dan voz. En las redes sociales no hay un editor, todoslos individuos pueden expresarse, no tienen que esperar a ser elegidos; voces individualesconfiguran una voz colectiva, una audiencia activa.
Julián Gallo, asesor en medios audiovisuales, observa que “la importancia de unanoticia es cada vez más una negociación entre editores y audiencias“.
Esa “negociación”, para decirlo con palabras de Gallo, es una tensión entre mediossociales y medios tradicionales; una lucha que se entabla, en torno de temas de gran repercusiónsocial, para establecer de qué hablaremos y qué puntos de vista e intereses expresarán nuestrasconversaciones. Es una negociación entre medios de distinta naturaleza. En las redes socialespredomina lo emocional, la espontaneidad, no las noticias. En cambio, los medios masivostradicionales llegan a nosotros con mensajes previamente elaborados y estructurados; noticias yopiniones que permiten una reflexión. Es más fácil ejercer un espíritu crítico.
Aquella emocionalidad es la debilidad de las redes sociales; no son confiables como fuente deinformación: el mismo día en que moría Romina Yan, circulaba como noticia una falsedad, la muertede Ceratti. La debilidad de los medios tradicionales reside en su exclusión de la audiencia en elproceso de elección y producción periodística. Ese es uno de los motivos que explican sudeclinación.
Posiblemente por esas diferencias de temperatura y de fortalezas y debilidades, las redessociales y los medios masivos tradicionales son a veces complementarios. Un ejemplo que ya mencionésemanas atrás: en la última emisión del Grammy, Oscar de música popular, la audiencia veía elacontecimiento por televisión y lo comentaba en redes sociales, tal como uno hace en el living desu casa cuando invita a amigos a compartir un partido de fútbol. Se creó así un circuito queaumentó el rating televisivo y la participación en las redes. Es posible que acá haya ocurrido algoasí.
El New York Times anunció que intentará construir una red social. La estrategia es usar“la influencia de las redes sociales en el consumo de noticias”. Buscará que esasnoticias sean sobre todo, las elaboradas por el diario; y que la gente utilice su red social paracompartir noticias y muchas más actividades. Puede tener lo mejor de ambos mundos, aprovechar lasfortalezas de cada medio –incluidas las que tiene en su edición digital, tal como demostróClarín estos días– y convertir la “negociación entre editores y audiencias” en unfactor de calidad. Parece un buen camino.
*Periodista. www.robertoguareschi.com.




