Sabiduría china

China nos inquieta. Nos perturba que nuestra Presidenta le haya hecho un desplante al señor Hu o que los orientales no nos compren aceite de soja en represalia por las barreras aduaneras que les ponemos.

Sabiduría china
24-08-2026 | 11:35

China nos inquieta. Nos perturba que nuestra Presidenta le haya hecho un desplante al señor Hu oque los orientales no nos compren aceite de soja en represalia por las barreras aduaneras que lesponemos a sus zapatos, sus calzoncillos y sus televisores. China nos desconcierta. Un día se invitaa todo el mundo a participar de los Juegos Olímpicos y, al otro, Google es expulsado delciberespacio. Sabemos que China es comunista, pero también que es capitalista, que es una dictadurapero no entendemos sus rasgos específicos, que hay censura pero no qué se censura, que haydisidentes pero no cuántos son, etcétera. Por eso, para quienes China se ha vuelto másindescifrable que en la época de Marco Polo, fue muy interesante ver en el Bafici que hoy terminala sección de documentales chinos independientes.

Para presentarlos, vino a Buenos Aires Shelly Kraicer, un canadiense tímido que vive en Beijinghace siete años de recomendar películas chinas a los festivales de Occidente. Entre ellas, hayobras como Petition, que tiene un tema insólito, lo que ocurre alrededor de unas oficinas que elgobierno central chino instaló en la capital para que los ciudadanos se quejen de los abusoscometidos por los gobiernos provinciales. De esa situación, se derivan una serie de situacioneskafkianas. Por ejemplo, los responsables de las provincias no quieren que su imagen se deteriore enBeijing por el exceso de reclamos. Para disuadir a los peticionantes envían matones organizados enpequeños ejércitos que golpean, secuestran y torturan a quienes se dirigen a las oficinas de laley. En ellas, a su vez, se viven situaciones terribles, con gente que no quiere renunciar a sussupuestos derechos y termina muchas veces en un asilo psiquiátrico, de acuerdo a la vieja recetasoviética. Pero Kraicer nos advierte que el sistema de represión chino está muy lejos delomnipresente modelo estalinista. Una de las películas, por ejemplo, habla de un pueblo regido poruna iglesia cristiana, cuyos principios no se asientan en el marxismo-leninismo. Y, sin embargo,nadie se mete con ellos. En realidad, con un admirable sentido de la economía, sólo se reprime laprotesta que alcanza cierto grado de visibilidad, mientras que el resto se ignora. Los burócratasprefieren hacer la vista gorda y no quieren ocuparse de minucias. En particular, los cineastas queno filman bajo el amparo, la financiación y la censura del Estado no son molestados a menos que sutrabajo trascienda. En ese caso, como dicen ellos, los funcionarios los invitan “a tomar elté” y les advierten que están siendo observados. Que un film marginal como Petition sea vistointernacionalmente es muy raro y, en todo caso, el sistema cinematográfico occidental ayuda paraque nada sea demasiado escandaloso. La película tenía una versión de cuatro horas mucho másradical, pero el distribuidor francés prefirió mostrar la más tibia de dos horas.

La impresión más importante que uno saca de estas películas es que en China todo está bajocontrol y la furia de algunos disidentes contrasta con su aislamiento en medio de la indiferenciageneral. El espectador tiende a pensar que hay que estar loco para desafiar al gobierno de un paísque crece a tasas chinas y no tiene intenciones de impedir que los ciudadanos se realicen o seenriquezcan si tienen la suerte, el talento o las conexiones adecuadas. En algún sentido, es comosi estos documentales y hasta la disidencia misma estuvieran no sólo admitidos, sino fomentados porel régimen para mostrar lo débiles y aisladas que son las protestas y cuán poderoso es el Estadocuando se decide a suprimirlas. Hay una maldición en ser opositor frente a un gobierno que estádispuesto a todo: en el fondo, nadie quiere estar del lado de los perdedores y siempre hay unaexcusa para echarles la culpa de lo que les ocurre. Es una lección que conviene ir aprendiendo.

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