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Sabor a nada o literatura de escritores

Antes que Ernesto Tenembaum, la indagación liminar fue encarada, con resultados estéticamente optimistas, en el clásico Sabor a nada, por Palito Ortega.

24-08-2026 | 09:18

Antes que Ernesto Tenembaum, la indagación liminar fue encarada, con resultados estéticamenteoptimistas, en el clásico Sabor a nada, por Palito Ortega. ¿Qué les (nos) pasó?, el texto menos sustancialde Tenembaum, puede equipararse, a la poesía de Ortega, sólo en el merecimiento del título.“Sabor a nada” es lo que deja el recorrido frágil del producto.

Al amparo del raquitismo conceptual de la literatura argentina de ficción, el kirchnerismopromovió, en su debacle y a su pesar, como referencia temática, un fenómeno editorial de aspectolucrativo. Asístese a las contingencias del boom precario. De la genialidad encargada a la carta.Es protagonizado por los locutores-comunicadores que suelen distribuirse las histerias de la mañanaradial.

El producto más presentablemente elaborado, de la serie, es El Dueño, libro que firma LuisMajul. Se impone como una sumatoria agotadora del enigma kirchnerista. Obra epigonal, inspirada enel básico El amo del feudo, del periodista Daniel Gatti, editado en 2003. En Santa Cruz.

El más desopilante, en materia de autoponderaciones, es, de lejos, Radiografía de mi país, laemanación recitada de Oscar González Oro.

Textos que complementaron la virtual colección “Literatura de Locutores”. Integradatambién por el sanitarista alternativo Ari Paluch. Por los vaivenes, las idas y vueltas de VíctorHugo Morales. Y por los máximos especialistas en la captación de solidaridades. Los victimizadosJosé Eliaschev y Nelson Castro.

Al cierre del artículo, apenas falta que Mauro Viale y Chiche Gelblung, dos copadores que sabenbarrenar el periodismo explícito –o las señoras Gloria López Lecube y Liliana LópezForesi–, decidan también encuadernar pronto, con lícito derecho, sus lúcidas impresiones.

El ejercicio de la autoprotección parcialmente corporativa admite la percepción de unaincipiente nomenklatura mediática. Con referentes que se retroalimentan, se celebranrecíprocamente.

Ofrecen, en simultáneo, una fórmula inteligente para posicionarse favorablemente en la próximaperipecia política. Que les permita sobrevivir.

En la apurada escritura del Tenembaum indagador, la pasión autorreferencial es complementada poruna visión ingenuamente autosatisfactoria, de la generación periodística que lo contiene.

A través, en su patología, de la valoración épica que impregnaba Página/12, convertida ahora enla Secretaría de Estado del kirchnerismo.

Típico comunicador políticamente correcto, de decepción fácil. De resistencia efímera.

Atraviesa el sendero ríspido que despunta con el apoyo emocional a Kirchner, hasta laenumeración de los desbordes que posibilitaron la dinámica del despegue. Aunque rescata, en lasvacilaciones, el ciclo kirchnerista.

Se anota, el autor, en la etapa efusiva de “los días felices”. Cuando desfilan losméritos que lo contienen.

Pero se pone crítico con las rigideces que legitiman el alejamiento. Como si fuera otrorescatable “héroe de la retirada”. De los seducidos precoces, por la magnitud moral de“los enemigos”, que el sujeto –Kirchner– arrastraba.

Con esta línea de razonamiento, el florecimiento de críticos tardíos, comoTenembaum, tendría que otorgarle a Kirchner algún rasgo de simpatía.

“No se imaginan lo divertido que era” (se refiere a la actividad periodísticadurante el menemismo). Era menos difícil.” Palabra reiterada–“difícil”– hasta la facilidad estilística. O el hartazgo.

Omite el autor que el divertimento profesional de la pléyade progresista nutría la carne delFrepaso.

Estructura progresista de la que tampoco el progresismo suele hacerse cargo, en la fiesta“divertida”.

Nada que concluya, en la gesta, por aquello que su generación tanto bregó. La Alianza.

La liviandad del texto resulta atractivamente funcional. Fracasa como honda indagación. Triunfacomo prescindible “ayuda memoria”.

Tenembaum recorre las anécdotas que jalonaron la historia que –se percibe– notermina de entender. Escamotea lo que pretende indagar. Porque, cierto, “esdifícil”.

El autor transcribe, aparte, para el rellenado de páginas, textos de su pertenencia publicadosen el semanario Veintitrés. Aleluya, alguien se acuerda de ellos.


*Extraído de www.jorgeasisdigital.com

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