El kirchnerismo construyó su poder, desde la economía, en base a un manejo centralizado ydiscrecional de la caja pública y de los marcos regulatorios y normativos.
Con la caja disciplinó a la política y con las regulaciones y normas, repartió negocios yedificó un inédito, por su magnitud, capitalismo de amigos.
Ese manejo de la caja pública se basó, por el lado de los ingresos, en un esquema impositivoaltamente distorsivo, pero muy eficiente en la recaudación, al que le sumó, en los últimos años,primero la expropiación de los fondos de pensión y, más aquí, el uso intensivo de las reservas delBanco Central y del impuesto inflacionario. El “mecanismo” central para lograr ladiscrecionalidad consistió, ya desde los tiempos de Lavagna, en subestimar los ingresospresupuestarios, para después disponer del “excedente” libremente.
Por el lado del gasto, se generó una gran maraña de subsidios diversos, la mayoría de ellos,fuertemente regresivos, en el sentido de que favorecen más a los sectores medios y altos, endetrimento de los pobres y se repartieron recursos a través de obra pública e inversiones enfunción de lealtades políticas o buscando réditos electorales, alimentando, a su vez, a esecapitalismo de amigos mencionado.
En otras palabras, el kirchnerismo entiende la política y el poder a partir de acumularrecursos en el Estado y repartirlos discrecionalmente, comprando voluntades, lealtades y votos,cuando se puede.
Frente a este “paisaje” resulta casi una consecuencia natural que el arcoopositor, en su enfrentamiento con los K y con vistas a las elecciones presidenciales del añopróximo, esté intentando erosionar ese poder desde el mismo enfoque “de la caja” .
Es así que, por el lado de los ingresos, la oposición en el Congreso está intentando recuperarpotestades delegadas, reducir impuestos a la exportación y redefinir en forma más automática elreparto de recursos nación-provincias. Y, desde el punto de vista del gasto, el objetivo de dichaoposición es orientar “políticamente” el excedente automático surgido de lasubestimación de los ingresos, con propuestas como la del 82% del salario mínimo, para el piso delas jubilaciones que, seguramente, será vetado, pero que obligará a algún incremento adicional deestos pagos, al estilo del subsidio universal a la niñez.
Pero que sea “explicable” este campo de batalla en torno a ingresos y gastos, noimplica que sea lo mejor para el país.
La Argentina necesita, sin dudas, dejar atrás este esquema fiscal surgido de la particularmanera de hacer política de los Kirchner. Pero ese “dejar atrás” exige un replanteointegral tanto de su sistema impositivo, incluyendo las atribuciones fiscales de la nación y lasprovincias, como de su reparto.
Y por el lado del gasto, no sólo de la estructura del mismo, los subsidios y las prioridades dela inversión pública, sino también de los salarios y el empleo y de su variación para adelante,teniendo en cuenta, en especial, la particular relación entre tipo de cambio real, competitividad ygasto público. Si se quiere evitar un shock devaluatorio en el mediano plazo.
Los parches y las nuevas distorsiones que podrían surgir del intento político de limitar lacapacidad de gasto de los Kirchner en su última etapa de gobierno, podrían convertirse, malinstrumentados, en una especie de boomerang para cualquier nueva administración.
No hay que olvidar, además, que sin el control del Congreso, los recursos de caja del Gobiernose concentran en el Banco Central y en el sistema financiero público y privado.
Y si el populismo desembarca con desesperación y sin moderación sobre esas playas el costopara la sociedad argentina, mirando al futuro, puede ser demasiado alto.
En síntesis, es cierto que la construcción presupuestaria del kirchnerismo tiene que serrevisada, corregida y reformada.
Es cierto, también, que tenemos que dejar atrás años de discrecionalidad, autoritarismo,centralismo y “regresismo” en materia de ingresos y gasto público.
Pero no es menos cierto que si ese desarme del poder económico K se hace sin una visión delargo plazo, sin objetivos que vayan más allá del próximo año, y sin una responsabilidad de“políticas de Estado”, se corre el riesgo de solucionar un gran problema generando unproblema mayor.




