•Una nueva filosofia?

Salvarse por las ficciones

Una de las principales transformaciones que pueden apreciarse en la filosofía moderna es el uso de las ficciones en el armado de las teorías.

Salvarse por las ficciones
23-08-2026 | 05:57

Una de las principales transformaciones que pueden apreciarse en la filosofía moderna es el usode las ficciones en el armado de las teorías. A partir del siglo XVIII, este tipo de construcciónretórica está presente desde Hume y determinará el futuro orden conceptual de la filosofía.

Una ficción filosófica no es una alegoría ni un mito ni una fábula. De serlo, deberíamosremitirnos a Platón, ya que ha sido quien elaboró escenas magistrales de estas figuras de laimaginación en el Timeo, El banquete y La república. No se trata en este caso de hacer uso con unfin pedagógico de un género extraño a los sistemas de ideas. Sin embargo, algo de su funciónpermanece en el uso moderno de la ficción en la filosofía. Nos referimos al reconocimiento de loslímites a la voluntad de verdad, de una aceptación de que hay cosas que no pueden conocerse sinosólo indicarse, no más que señalarse, por lo que el poder del logos debe ceder su lugar a otrolenguaje que ya no pretenderá develar el secreto del ser sino tan sólo aludir indirectamente a suexistencia.

El último intento filosófico de dar cuenta con los conceptos racionales del orden del mundo fueel de los filósofos del siglo XVII, los estudiosos cartesianos, que sostenían que a partir de losdescubrimientos de la física se llegaría a elaborar un sistema saturado, completo, una nomenclaturaexhaustiva de todo lo que hay, desde lo infinitamente pequeño a lo infinitamente grande.

Descartes, Spinoza y Leibniz son los pensadores del infinito, que para no perderse en lainmensidad de lo desconocido y espantarse ante el misterio universal como en el pensamiento dePascal, idearon la noción de sustancia que les permitía cerrar lo que se había abierto sincontornos, el mundo descentrado e infinito sólo plausible de ser pensado por una metafísica loca deun Dios escondido.

La idea de sustancia cerraba el círculo de un pensamiento en peligro luego de la crisis teóricairreversible de la razón teológica después de Galileo. La divinidad oculta fue investida con unúltimo oficio, el de geómetra, y el báculo pastoral fue sustituido un tiempo por los útiles delcalculista.

La filosofía inglesa y escocesa se harán cargo de destruir las evidencias de este último intentode salvar el centro del universo y de su intento de darle una densidad ontológica que nos aseguraque Dios existe.

Las guerras religiosas inglesas mostraron que la sangría en nombre de la fe era otro infinito,esta vez de muerte, y exigieron a los filósofos a pensar en un orden terrenal en donde la paz fueraposible. Para reflexionar sobre el mismo, lo primero que hicieron fue reconocer la debilidad de lacondición humana, es decir, aceptar la existencia de una configuración pasional en el hombre. Elegoísmo, el amor propio, el instinto de conservación, la envidia, la vanidad, la crueldad, sólo apartir de estos datos de la pasión pudieron elaborar los fundamentos de una sociedad, mostrar lascondiciones de la estabilidad de un gobierno, reflexionar sobre al legitimidad de la autoridad ydiagramar una comunidad que no se destruya a sí misma.

Dar vuelta al sistema pasional, doblegarlo no para reprimirlo sino para desviar su curso naturaly encauzarlo con fines utilitarios, encontrar la llave para que el “para sí” seconvierta sin anularlo en un “por los otros” es una tarea filosófica que dará lugar apartir de Hobbes a la filosofía política y a la economía política desde Adam Smith. Dios seconvierte en una “mano invisible” y el interés personal colaborará con la armoníageneral.

La pasión es el fundamento de una moral posible, el cuerpo es la fuente del conocimiento. Losfilósofos llamados empiristas afirman que el conocimiento sólo es posible a partir de los datos queaportan los sentidos, a la vez que la imaginación será ungida como una facultad aglutinadora,cimentadora y asociativa.

Permanecen dos dificultades difíciles de sortear. Una es dar una respuesta acerca de qué pasacon el alma, la otra, por supuesto, adónde irá Dios, ahora ocioso, en un mundo tan ocupado de símismo. Ambas dificultades derivan de una preocupación moral. El alma es la única entidad que puedeasegurarnos una vía a la inmortalidad, sin ella somos sólo mortales, y el sentido de la existenciapuede convertirse en un absurdo.

Sin Dios, no hay trascendencia que garantice la verdad de los valores morales, no son más quearbitrarios, sólo pertinentes por su utilidad, inevitablemente contingentes y transitorios.

Que haya verdad es imprescindible, y para que ella exista, habrá que mantener la vigencia de unavida más allá de la muerte y de una autoridad más allá de los hombres.

¿Pero quién asegura de que estos deseos remiten a una realidad? ¿Puede haber una verdad sinrealidad? Si hay realidad, hay conocimiento, por lo tanto verdad. Este es el problema, la necesidadde mantener una verdad sin posibilidad de conocerla, y sin que haya que buscarla en la fe de unarevelación indemostrable que por sus mismas características dogmáticas es promotora deviolencia.

Es la tarea del escepticismo ilustrado encontrar un modo en que la verdad funcione aunque noexista, es decir, una verdad a la que no le corresponda una certeza. Será necesario elaborar unaley universal incierta.

A partir de David Hume, y con la pluma maestra de Immanuel Kant, se construye conceptualmente el“como si”, el hagamos como si fuera verdad, la ficción filosófica en términos modernos,la simulación erudita. Para los escoceses era una cuestión de decisión y de poner un punto y apartea un problema que no tiene solución racional y que distrae de las tareas ya de por sí gigantescasde construir un mundo vivible aquí en la Tierra, un mundo de bienes y placeres distribuidosequitativamente. Kant construirá una teoría para mostrar que en el mismo funcionamiento de la razónhay una necesidad de construir horizontes regulativos, entidades completas como Dios, el alma y elmundo, que no se pueden conocer pero que son inevitables de pensar.

La función de la ficción en la filosofía moderna no es decir lo inefable por medio de imágenescomo en el platonismo y en la mística medieval, sino aceptar que sólo existe el nombre, loexpresable, el orden del lenguaje, y que en su inmanencia y artificio se desenvuelven loshombres.

Las ficciones tienen una función de interpelación, señalan una dificultad, llaman la atenciónsobre un nudo epistémico no desatable a la vez que postulan un remedio. Se invoca un sueño de larazón.

Con este recaudo y esta nueva ilusión, el escepticismo ilustrado manifiesta un secreto a voces,una incertidumbre de pasillo que se pretende discreta pero que debe trasmitirse públicamente. Setrata de una habilidad de elite. Sólo los ilustrados se consideran capaces de vivir en elagnosticismo, el resto de los hombre deberá creer. Dijo Voltaire: “Soy cuerpo y pienso. No sémás”.


*Filósofo. www.tomasabraham.com.ar

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