A tu viejo gobierno
de difuntos y flores.”
Silvio Rodríguez
Ya habían hecho cola para traicionarla Julio Cobos, Clarín, Felipe Solá, Alberto Fernández, laJusticia, los tanos de Telecom, los empresarios de AEA, Sergio Massa, Graciela Ocaña, MartínRedrado... Y ahora la traicionó el inconsciente.
¡No! ¡Calma, radicales! ¡Atrás, gorilas, atrás! Que no me refiero a Don Néstor (más respeto,che) sino al propio inconsciente de Cristina, que el otro día, en la Biblioteca Nacional, cuandodesde la popular le gritaron “¡Genia!”, ella contestó:
—No, qué voy a ser una genia. Si fuera una genia, haría desaparecer a algunos, comohacen los genios...
Mujer despierta al fin, Cristina escuchó la barbaridad que acababa de decir y enseguida tratóde salir del mal paso condenando a los “desaparecedores” que no condenó cuandotrabajaban a full pero que, bueno, aunque sea de última está muy bien condenar.
Dicen los que dicen que saben de psicología, que los fallidos (lapsus linguae, para estecaso, ya que encima estaba allí para anunciar la creación de una Galería de la Lengua) son algo asícomo la explosión verbal repentina de lo que uno siente pero sabe que no debe hacer público, ysuelen ser muy favorecidos por alteraciones nerviosas o picos de estrés.
Es entendible el estrés presidencial. Lo es en general y, en particular, también puedeexplicarse el de CFK, que ha fabricado casi un opositor por mes desde que asumió, mientras lasencuestas de popularidad insisten en colocarla por allá abajo. Claro que los sentimientos de laSeñora serían más entendibles, y hasta festejables, si se dedicara a escribir boleros y no apresidir un país aún llagado por la violencia. Desear que el otro no exista puede tener un valorpoético.
“Ojalá pase algo que te borre de pronto. Una luz cegadora, un disparo de nieve”,cantaba Silvio Rodríguez, para citar a un trovador que le encanta a la Presidenta, si bien elcubano prefería que la muerte lo llevara a él “para no verte tanto, para no vertesiempre...”.
El despecho y las ganas de ser uno quien haga dejar de existir al dueño de sus penas puede tenerresultados gravísimos en materia política, un universo habitado por militantes a sueldo y/ofanatizados y/o capaces de cumplir cualquier deseo del amo en cualquier momento.
Menos mal que Cristina no es un genio, entonces, aunque en otro sentido tal vez seríafantástico. Si lo fuera, por otra parte: ¿quién sería el Aladino dispuesto a frotarle la lámparamaravillosa? Antes que un fucking derechista responda destituyentemente “K-Ladino”,convengamos que algo quedó bien definido en Bariloche: los bajos instintos presidenciales apuntabana la “desaparición” de Julio César Cleto Cobos y Hernán Martín Pérez Redrado, cuyasrespectivas renuncias estaban pidiendo todos los kirchneristas como un coro tirolés.
San Cleto Mártir fue el tercer Papa de la Iglesia fundada por Pedro, de quien había sidodiscípulo ejemplar. Tanto, que solía relevar al Número Uno cuando aquél salía de giraevangelizadora. Se da por hecho que Cleto fue perseguido por el Imperio Romano, pero no haynoticias ciertas sobre por qué habrá ingresado a la historia eclesiástica como mártir. Seguro quela pasó mal. Aquellos muchachos sí que eran capaces de lastimar.
A veces uno se pone a pensar si Julio Cobos es o se hace el Cleto. Y hasta el mismo viceparece haber bajado un cambio en su marketing martirológico, acaso porque las encuestas (ver PERFILde ayer) empiezan a evidenciar ciertas sospechas ante su, hasta ayer nomás, muy rentable papel desantito democrático.
Atar su carro al Audi del genéticamente impopular Redrado tuvo efectos inversos al de su“no positivo” voto procampo de hace un año y medio. Imaginar la laboriosa bondad de unchacarero ansioso por que no le suban los impuestos es tan fácil como suponer alguna intenciónespeculativa detrás de quien se dedica desde Golden Boy a las finanzas bancarias. Acaso se hayadesenganchado a tiempo. El martes, en el Congreso, se verá.
El resto de la oposición andará por ahí repitiendo sus conclusiones sobre los últimos fallosjudiciales que congelan el uso de reservas y dejan a Redrado colgando de un piolín.“Finalmente le torcimos el brazo a la Presidenta”, dijo Elisa Carrió al respecto.
Torcer el brazo duele. Está bien, está bien...: no tanto como “desaparecer” aalguien. La metáfora es igual de infeliz, de todos modos. Huele a deseo de tortura.





