Mayor Reisman: ¡Y usted, Franko, dispárele a cualquier oficial que vea por ahí!
Victor Franko: ¿A quién? ¿A los nuestros o a los de ellos?
Lee Marvin y John Cassavetes en “Los 12 del patíbulo” (1967), dirigida porRobert Aldrich.
Excesivo, provocador, contradictorio, apasionado, agresivo, protector, narcisista,desconcertante, polémico. Maradona es así y su lista no podía ser tan diferente de él mismo. Faltanunos, sobran otros y brilla por su ausencia un Plan B. ¿Qué puede pasar en Sudáfrica? Cualquiercosa, literalmente. No darle chances a un equipo –llamémoslo así, por ahora– que tienejugadores como Messi, Verón, Tevez, Milito o Higuaín, sería más estúpido que ilógico. Les puede irbien, cómo no. Con Maradona y, sobre todo, a pesar de Maradona.
Las listas son una desgracia. En política, suelen formarse con acuerdos que nunca son losuficientemente claros y cuando son negras, se tiñen de miedo, injusticia y sangre. Hay listas detodo tipo, y hasta listas por las dudas. En fútbol, abundan. Mucho más en los Mundiales. Hace 33años, por ejemplo, Menotti dejó afuera a un deslumbrante Maradona de 18 años para incluir al jujeñoDaniel Valencia. Fue una apuesta audaz que no tuvo, lástima, el rendimiento deseado. Desde luego,esa gafe fue disimulada por el éxito final y la absoluta escasez de críticas impuesta en aquellosaños de plomo. Cosas.
Será, entonces, la gloria o Devoto. O, si nos ponemos más sofisticados, La lista de Schindlero… Los 12 del patíbulo, aquel clásico de cine bélico dirigido por Aldrich. Intentaré explicarpor qué.
Oscar Schindler fue un comerciante mujeriego y voraz –así lo recordaba sin tanta devociónEmily, su viuda– que, sin embargo, durante la guerra salvó a 1.200 judíos polacos de unamuerte segura en los campos, dándoles trabajo en su fábrica de Cracovia. Ser parte de esa, su lista–inmortalizada por el film de Spielberg–, era la gloria, la gran oportunidad de seguirvivos. La lista de Los 12 del patíbulo era otra historia. Condenados a muerte por delitos graves,esos tipos se aferraron a su última chance como soldados suicidas en una misión imposible, conescasas posibilidades de sobrevivir. Un grupo de feos y malos que sólo podía reinventarsesacrificándose por su país. Y fueron héroes, aún a costa de sus vidas.
No concibo a un equipo de Maradona sin intensidad. Podrán ganar, perder o empatar, pero estoyseguro que se desgarrarán en aciertos y errores abismales. Salvo el caso especial de Messi–algo ajeno, víctima de su argentinismo crítico– los demás dejarán la piel, tal comomanda el dogma maradoniano. Por eso me permito imaginar sólo dos destinos posibles para este safaria Sudáfrica: éxtasis o inmolación. Maradonismo puro. Todo o nada, la historia de su vida.
Maradona se tira de cabeza. Siempre lo hizo. No entiende de matices: es blanco o negro, luz osombra, vida o muerte. Esta vez parece haberse decidido por un Plan A sencillo, prudente, deambiciones más bien modestas. Cuatro centrales para garantizar el cero en su arco (mmm…),Mascherano como tapón, Verón marcando los tiempos, Jonás y Di María por las bandas, Higuaín oMilito de puntas y Messi libre, en busca del Santo Grial. ¿El Plan B? Hum… Eso no está en sunaturaleza, como le dijo el escorpión al sapito que lo llevaba en el lomo antes de picarlo en elmedio del río. Glup.
No llevarlo a Zanetti, que hoy, además, vive una segunda juventud en el Inter de Mourinho,parece un mal chiste. Sobre todo, si en su lugar uno ve a Ariel Garcé, un central de módico brilloque le ha rogado a Mohamed, su técnico en Colón, que no lo ponga más de lateral. En fin. Habrá quever, entonces, quién irá por los costados, yendo y viniendo, si las circunstancias exigen defendercon tres. ¿Garcé y Clemente? ¿En serio, muchachos? ¿Con quién triangulará el pobre Messi? Ay. Estavez Maradona, el rey de las paradojas, descuidó los extremos. Raro en él.
La ausencia de Cambiasso también suena inexplicable, pero tampoco hay que sorprenderse tanto. Alos entrenadores les encanta probar cosas raras. En 1978, Menotti improvisó a Olguín de 4 en lugarde Pernía, porque necesitaba más salida y le salió bárbaro, Bilardo pensó en Balbo para jugar delateral-volante en 1990 y Bielsa ponía al zurdísimo Gustavo López de wing derecho. Son decisiones,diría Miguel, el técnico que se tragó el piano del General en Caracas. En Sudáfrica, quizá seaTevez quien aparezca, oh sorpresa, de extremo por derecha. Y bueh. Quizá funcione.
¿Recuerdan esas superproducciones de cine catástrofe llenas de figurones, con guiones infinitospara que todos tuvieran su parlamento y sus primeros planos? Eran una porquería. Nunca funcionanesas cosas. Un equipo es otra cosa, compatriotas. Un equipo necesita de una idea fuerza, unsistema, metodología de trabajo, convencimiento, compromiso y un conductor que vaya más allá de lacoyuntura.
¿Y si no tenemos nada de eso? Pues será, una vez más, la hora del milagro. La lámpara frotada,la magia, el genio que nos envidia el mundo, el Dios argentino. El clásico de toda la vida, bla,bla, bla. Otra vez la nuestra.





