•el gobernador surfeo ataques y respira

Scioli, en leve ascenso

El ex motonauta logró su resurrección, pero nadie sabe hasta dónde llegará. Los enigmas: Massa, Duhalde y la inseguridad.

24-08-2026 | 18:37

Hace veinte días, Daniel Scioli rogaba, se cohibía o arañaba paredes con un solo propósito:obtener la venia oficial para volver a presentarse como sucesor de sí mismo, o sea gobernadorbonaerense. Su angustia provenía de la frialdad torva que le transmitía Néstor Kirchner, quiendejaba transitar especies que le reservaban el segundo término en la fórmula presidencial en 2011(la repetición de uno de los períodos más dolorosos de su vida), una postulación senatorial porBuenos Aires, o competir contra el propio santacruceño en la interna del PJ (y desaparecer luego deesa contienda) y hasta el traslado al distrito porteño para enfrentar al macrismo. Eranalternativas que lo enajenaban. Sin embargo, por esos contrastes térmicos de la política, hoyScioli recuperó en apariencia garantías para el sueño de repetirse en el cargo y, por si no fuerasuficiente la remisión de su fragilidad, ahora hasta juguetea con la posibilidad de ser candidatopresidencial (habla y alude a una metafísica del azar, determinista, casi del decálogo menemista:“Todo llega si tiene que llegar”). Un milagro su resurrección, como la de los 33mineros. Parte de la volubilidad argentina, al menos de cierto sector, el mismo que hace veintedías reemplazaba a Néstor por Cristina para 2011.

Dicen también que el gobernador pudo lograr, por medio de un elixir, cambiar inclusive lapersonalidad de Kirchner luego de un encuentro de una hora; le hizo reducir el tono de voz y que lecopiara hábitos pacíficos, tiernos, respetuosos.

Si este fenómeno transformador continúa, se vendría a probar –según la insistenciacreyente del chileno Piñera por los trabajadores desenterrados en su país– que Dios existe. Yno sólo del otro lado de la cordillera.

Tanto se modificó el cuadro que, hace veinte días, se comentaba medrosamente que el ministroCamaño había conducido el auto que llevó a una reunión clandestina a Eduardo Duhalde y a Scioli,sin olvidar que después Duhalde privilegiaría al gobernador declarándolo como lo que no es, uncandidato presidencial del peronismo (¿disidente, federal, oficial?), propuesta que incluye comosegundo al cordobés Schiaretti. Ahora ya nadie se alarma cuando se rumorea una entrevista deDuhalde y Scioli en las últimas horas, en el campo de Antonio Arcuri –la silenciosa manoderecha del ex mandatario argentino–; menos, de la fotografía que sonrientes ambos seconcedieron en Mar del Plata. Más, en ese esquema, hasta se vuelve casi verosímil que el intendenteMassa, quien visita con frecuencia y sin esposa a Scioli en su costera casa La Ñata, podríapresentarse como aspirante a la gobernación, acompañando al ex motonauta –aunque todavíaconsume el vicio deportivo de la lancha, a menor velocidad, algunos fines de semana entre el Tigrey Carmelo– en su novedosa pretensión presidencial, aunque Massita quizá se reserve para jugaren la interna del PJ como rival de Kirchner, si es que ésta llega a ocurrir.

Esta formidable evolución política enorgullece a Scioli: está en los medios desde hace casi dosmeses, con viento a favor, envuelto por el papel de regalo de Mirtha Legrand, el ChaqueñoPalavecino, Montaner, los Pimpinela y Nacha Guevara, incluso más allá de la sangrienta violenciaque en su distrito multiplican los delincuentes. Ese viento que lo hace flamear desató indignaciónentre quienes frecuentan a Kirchner, embarcados en la sospecha conspirativa ametrallando algobernador con cargos de todo tipo, incluyendo la amistad que reúne a Massa con Casal, un ministrode Scioli que se supone afín a las cuestiones de seguridad. Como si los amparara no sólo unarelación de años, sino también una comunión en pos de una ley de emergencia que permita al gobiernobonaerense combatir el delito con una eficiencia hasta ahora desconocida. Para algunos críticos,esa habilitación apunta a la contratación directa de materiales de todo tipo, sin licitaciones,utilizando como ejemplo la compra de cámaras en buena parte de la provincia (también de CapitalFederal), negocio casi exclusivo de un solo proveedor y con el consentimiento –para decirlode algún modo– de algunos empresarios del poder bonaerense y de ciertos propietarios de unmedio de comunicación. La suspicacia sobre este emprendimiento data de otros tiempos, cuando–según le atribuyen a una quejosa autoridad de la zona de Lanús– se les concedíanasistencias desde el Tesoro nacional a las intendencias, siempre y cuando se comprometieran aadquirir este sistema de vigilancia, con la singularidad de que el pago se descontaría de la ayudasin que ésta pasara por las manos de los intendentes.

La cuestión de la acechante inseguridad anticipa otras operaciones: desde el observatorio que,seguramente por contrato, estudian expertos allegados a León Arslanian, hasta una jibarización dela Policía Bonaerense para darle mayor autoridad en ese plano a los intendentes y a un jefepolicial zonal. El sistema, al parecer, ya se substancia en México y no precisamente con éxito.

Volviendo a la política, tanto Scioli como Massita son elementos de escasa confianza en Olivos:les desconfían por no provenir de la militancia peronista. Como si el peronismo no abundara entránsfugas, numerosos ejemplos de trasvasamientos o de arrepentimientos retrasados. Si hastacualquier hombre común puede observar la característica de que el Peronismo Federal y la oposiciónrestante, salvo algunos casos –sobre todo de aquellos que nunca aceptaron a Kirchner porquese borraba en los puntos culminantes de la historia, como sus ausencias en la crisis de 2001 (léaselos Rodríguez Saá, Barrionuevo o Puerta)–, se nutren con una multitud de personajes que hoyrecomiendan oponerse al Gobierno, mientras estos últimos años se ganaron el sueldo con el gobierno:del propio Duhalde que originó la dinastía a Cobos, Reutemann (cada vez más recalcitrante para nosalir en la foto con los presidenciables o con Francisco de Narváez), Solá, Redrado, AlbertoFernández, Alberto Iribarne, intendentes y gobernadores. Gente que entiende su destino y loconvierte quizás en un paradero reiterado, como exclusivos discípulos del poder, desde que JuanPerón inició el movimiento. Buena parte de la campaña de Alfonsín, Solanas, De Gennaro y otrosapuntará a esta singularidad: son siempre los mismos.

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