•APUESTA SIN GARANTIA

Ser joven

Ser joven
24-08-2026 | 19:39

Yo también fui joven. Me echaron de la Facultad a los diecinueve años con bastones largos. Enesos años, militaba en una agrupación de izquierda y gritaba “Illia-Perette, viejosamarretes”. En París participé del Mayo Francés con adoquín en mano. En el ’73, votépor la lista de Abelardo Ramos. Con el tiempo dejé de ser joven. Ser joven no es lo mismo que tenerrazón. En estos días, muchos se gratifican con las recientes escenas de jóvenes en la Plaza deMayo. En realidad, la juventud es un invento de los viejos. Ningún joven se siente joven, sólo losque ya no lo son se sienten jóvenes. El día del velatorio de Néstor Kirchner, la televisión mostrórostros jóvenes. De veinticinco, treinta, no sé. Sorpresa y media para todos los que creían que lajuventud se había alejado de la política, según el refrán acostumbrado. De todos modos, ir a unadespedida no es lo mismo que presenciar un acto político. No fue noticia –hasta el otro díaal menos– que fueran jóvenes los que asistían a las manifestaciones públicas del expresidente en sus giras por el país.

Me preguntaba qué época es la que vivió quien vino al mundo en 1990. La primaria con Menem. Lasecundaria con los Kirchner. A los once años, fue testigo de 2001. No participó del acontecimientopero por lo que sucedía en las calles, escuchó a sus padres y los vio angustiados, preocupados oindignados. Durante su adolescencia se convierte en un sujeto comunicacional. Portador de celular,se acompaña con Facebook y Twitter. La PlaySation y el mp3 completan la serie. El contexto políticole habla del juicio a genocidas, de las madres y de las abuelas. Sabe lo que son los derechoshumanos. Es posible que tenga noticia de la asignación por hijo. No hablo de un militante, sino deun joven cualquiera.

El otro día, di una clase frente a un centenar de jóvenes de veinte años en el CBC. Lo hagohabitualmente, pero cada curso y charla son distintos unos de otros. El profesor de la comisión defilosofía intentaba que entendieran un texto de Nietzsche. En su mayoría eran alumnos deArquitectura y Diseño. Después de un rato, pedí al encargado del curso hablar con los“chicos”. Les dije que el filósofo alemán también había tenido veinte años y que nonació filósofo. Su época lo instigó a optar por una carrera universitaria desde la que podía pensarsu tiempo. Cuando vio que la disciplina elegida no le servía, cambió de rumbo. Desesperaba por lamediocridad de la cultura alemana, por su hipocresía, la falta de estímulos. Luego se la agarró conel cristianismo, el platonismo y Dios y María santísima. Entendía que les resultara difícilcomprender a Nietzsche si nada sabían de su forma de vida, de los lenguajes de su época y qué lomotivaba para llevar a cabo un acto tan poco espontáneo como dedicarse a la filosofía. Perotambién, suponía que no nos entendían a nosotros, docentes argentinos, y que nosotros tampoco muchoa ellos. Agregué que nos era algo difícil darles clase porque nos faltaba un mundo en común. Esosucede normalmente en el ambiente educativo. Al menos, si el objetivo del docente es despertar lacuriosidad por el mundo y provocar el deseo de estudiar, el espacio cultural compartido si no esnecesario al menos es de una valiosa ayuda.

Les conté que yo también había sido joven. Pero que mi juventud y la de mi generación habíansido distintas a la de ellos. Nosotros nacíamos en un casillero. Un padre no sólo nos daba consejossino que nos obligaba a cumplir con una tarea. Un maestro nos retaba y amonestaba. Un pastor nosculpaba. Un militar nos gobernaba. La policía nos sospechaba. Se nos castigaba. Hablo de la vidanormal de un joven de clase media. Nuestro deseo era rajar. Irnos. Salir de casa, ser libres, tenersexo, poder estar en otro lugar, inventar lo nuestro. Golpeábamos las paredes del muro que nosfueron asignadas y soñábamos con un boquete. No estábamos presos, pero casi. Luchábamos contra laautoridad. La militancia, la contracultura fueron nuestra expresión liberadora. Ustedes, les dije,no parecen haber nacido en el interior de un casillero. Más bien los veo a la intemperie. Así comomi generación se movía en un espacio estriado, el que ahora veo es liso. Es muy difícil construirsepor voluntad propia un casillero contra el cual golpear la cabeza para endurecerla y templar lavoluntad. Desear. Transgredir.

Por otra parte, un joven hace el amor en casa. La madre divorciada le hace un lugar para que sesienta cómodo y no se vaya. Compu, celu y cama. La vieja no quiere quedarse sola. Si está casada,los cónyuges tampoco se desesperan por quedarse solos y mirarse la cara en la cena. La tele noalcanza. Además para los jóvenes vivir solos implica alquiler, garantía, depósito, y un trabajo porencima de los mil quinientos o dos mil pesos para compartir un lugar. Comprar vivienda es de otraépoca. Laburo no sobra. Hay datos duros. La deserción escolar es muy grande. La desocupaciónjuvenil también. Los trabajos son temporarios casi por definición. En nuestro país no hay segurospara el “paro” y billetes de avión de veinte euros para irse a cualquier lado. Laaventura no se mide por viajes. El paco. El sida. El aborto. La violencia familiar aliada a lamiseria que hace que muchos pibes también sueñen con rajar y no saben adónde, o padres que losquieren echar sin saber tampoco cómo ni adónde. Todo eso no es de viejos. No digo que ser joven esfeo sino que no es fácil.

Los que gobiernan un país, los que dirigen instituciones, los que están al frente de empresas noson jóvenes. De treinta y cinco para arriba, a veces bien arriba. La gente se conmueve por todo loque hacen los jóvenes porque son el futuro. Nosotros, los grandes, nos acostumbramos a ver enellos, los chicos, a posibles asesinos o pobrecitos abandonados por la sociedad, o profetasinclementes con dedos acusadores. Y cuando nos dan la espalda y hablan de temas que no entendemos,cuando se ríen entre ellos y nos dejan afuera, nos cae mal, pésimo. Y cuando nos integran a sumundo, cuando nos escuchan con atención, si opinan como nosotros, sentimos que el destino nosregaló un gramo de inmortalidad.

El otro día la Presidenta, en su primera alocución luego de la muerte de su esposo, dijo que losjóvenes de hoy tienen suerte porque se los cuida, se los protege y se les da un país prometedor. Nodeben pasar por lo que padeció su marido, el ex presidente; se refería a la persecución y larepresión de otras épocas, y que veía en ellos la cara de Néstor Kirchner. Brindo para que seacierto. Pero no sólo en la Argentina sino en el mundo; en Francia, Grecia, entre otros países,parece ocurrir algo distinto. Viejos costosos y jóvenes desocupados son protagonistas de unconflicto de difícil resolución. En la medida en que el desarrollo de las fuerzas productivas seacelera, el proceso de exclusión laboral y déficit fiscal se agudiza. El nudo no se desata sino quese aprieta aún más. Pero la queja debilita. La juventud debe prepararse. No se “es”joven. Se transita por la juventud, y por poco tiempo. No basta la militancia, hay que agregarle elconocimiento, la pasión por el estudio, no sólo académico, sino la preocupación por la excelenciaen el oficio. Es una apuesta, no tiene resultado garantizado, vale por su vitalidad yoptimismo.


*Filósofo www.tomasabraham.com.ar

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