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Siempre y cuando

No retrocedamos. No retrocedamos. La Ley de Medios debe ser aprobada para terminar con el poder desmedido de corporaciones que administran con arbitrariedad las noticias y la información que nutre a la opinión pública.

Siempre y cuando
24-08-2026 | 12:45

No retrocedamos. No retrocedamos. La Ley de Medios debe ser aprobada para terminar con el poderdesmedido de corporaciones que administran con arbitrariedad las noticias y la información quenutre a la opinión pública. Es absurdo defender desde un punto de vista republicano o progresistala situación existente hasta la fecha de la elaboración de esta ley. Sigamos adelante. Lapromulgación de la ley debe terminar con los monopolios de cualquier signo, no sólo con el deClarín. También vale para las ambiciones de poder del personal gubernamental transitorio que hoynos gobierna. No hay que permitir el uso de los bienes públicos como el del canal estatal o larebautizada Televisión Pública para proteger intereses corporativos, familiares, privados ypartidistas de quienes están ahora o en el futuro al frente de la información oficial.

La administración de los medios masivos de comunicación públicos debe estar a cargo deautoridades que impidan el uso y abuso de propaganda disfrazada de información sobre obras y logrospresentados con un parche en el ojo; es decir, de modo sesgado. Sólo podría equilibrarse este tipode noticias con otras a cargo de la oposición mostrando las obras inconclusas, lo anunciado y jamásejecutado, los sobreprecios pagados, el verdadero funcionamiento y mantenimiento de lo yainaugurado, lo licitado y detenido, lo jamás emprendido, etc. Lo que es absurdo.
Estamos a favor de la televisación del fútbol por el canal oficial, ya que el fútbol es unadistracción masiva que no tiene por qué estar restringida a los pocos que pueden pagar el cable.Pero debe prohibirse que se use para fortalecer el poder de los Kirchner con los espaciospublicitarios que enaltecen su política una vez más hasta el hartazgo con su “esto lo hicistetambién vos”. Está bien mejorar el negocio del fútbol y evitar la quiebra de los clubes concontratos espurios a favor de un grupo de medios, siempre y cuando los responsables de la situaciónque llevó a tal estado de cosas –Grondona y la clase dirigente de los principales clubes defútbol– no sigan siendo los dueños, esta vez con nuevos socios políticos, y que no todotermine en una mera redistribución en bolsillos privados de los dineros fiscales. Fútbol paraTodos, sí; estafa a favor de pocos, no.

Está bien que tengamos una línea de bandera y no una sucursal de un grupo inversor que inviertepoco y nada, siempre y cuando haya un control sobre las operaciones contables de la empresa y queno sea otro canal de corrupción más en manos de funcionarios que jamás han dado cuenta del uso delos subsidios a los transportes como si el asunto fuera un secreto de Estado del que más vale noenterarse.
Está muy bien distribuir computadoras en todas las escuelas –cómo se va a estar encontra de tal adelanto pedagógico– siempre y cuando los programas de enseñanza se hayanactualizado y los docentes se reciclen para estar a la altura de la potencialidad del nuevo medio.Si no fuera así, sólo estaríamos distribuyendo chatarra a costa del erario público.
Está muy bien estatizar los Fondos de Pensión en manos de aseguradoras que no hacían más quefinanciar compras de artículos domésticos y adquirir bonos del Gobierno, siempre y cuando no sevacíe la caja de jubilaciones y los futuros jubilados no vuelvan a hacer colas por monedas. Hay queser cauto y previsor en un país en el que los fondos de la Anses se usan para todo tipo desubsidios, mientras millones de jubilados apenas sobreviven con ochocientos pesos al mes paracomida y remedios.

Está muy bien que la política vuelva a nuestras mesas familiares, oficinas, bares y que la gentese interese por los asuntos colectivos. Siempre y cuando la política no se convierta en una“botonería” en la que acusemos de lo que han hecho y dicho algunos en otras épocas yescondamos bajo la alfombra lo dicho y hecho por nuestros “compañeros” y aliados. Elproblema de la denuncia como profesión y vocación es que orilla la estrategia del buchón quemanipula el mal ajeno para quedar con ventajas en el bien propio. Si hacemos un recorte de losúltimos cincuenta años, podríamos ver que en un país en el que gobernaron dictaduras militares,gobiernos civiles minoritarios y mayorías que quieren olvidar todo lo vil y condenable queapoyaron, el circuito de ángeles es muy ajustado. Son pocos los livianos de culpas que puedenvolar.

Sucede que hay quienes están convencidos de que la guerra no terminó. Piensan que la guerra esinterminable. No se sabe cuándo comenzó, si con Abel y Caín, con la esclavitud en el modo deproducción antiguo, con la conquista, el colonialismo, el imperialismo, a lo largo y a lo ancho detoda la historia, ya que se resume en la crónica infinita de las víctimas de la lucha de clases.Por eso están de fiesta quienes para continuar con este fragor revitalizante prosiguen su guerra deliberación con sus himnos a los héroes de este poscapitalismo, desde la ETA a Bin Laden. Parainiciarnos en el tema, tenemos la acción del periodismo revolucionario subsidiado por el Estadocomo cualquier producto de góndola catalogado de artículo de “primera necesidad”. Esabsurdo retroceder. Sigamos adelante. Nadie quiere volver a los tiempos de la Alianza con un Cobosque es ni chicha ni limonada o con un Alfonsín clonado en miniatura. En algo estoy de acuerdo conla Liga del Sur de Solanas y Lozano, cuando dicen: “¡Todo al Estado!” Apoyo la idea deque se convierta en el principal inversor, que la economía sea dirigida desde una política públicay con planes quinquenales. Pero imagino que no vamos a hacer la fantochada de la década delcuarenta cuando a los partidos de fútbol de nuestro campeonato los dirigían árbitros ingleses porser “imparciales” y por falta de confianza en los referís “criollos”.Quisiéramos creer que no contrataremos supervisores y contadores suecos, daneses y finlandeses paramejorar nuestro rating en Transparency International y asegurar honestidad en la gestión de losbienes públicos. Si hasta ahora el Estado y su gente han hecho la vista gorda y se han cebado concoimas y remesas del dinero de los privados, podemos imaginar lo que puede llegar a suceder cuandotoda la plata se genere por funcionarios en ropa de entrecasa y todo dependa del cuidado de símismo.

Para que esto no ocurra, se necesita una nueva mística que haga posible un sistema de controlesque triunfe sobre los poderes inmensos que tratarán de evitar con todas las artimañas posibles unamejor gestión y un uso democrático del esfuerzo de todos. Necesitamos nuevos valores, no tantoideologías de guerra, sino ejemplos de políticos que sean mejores que la ciudadanía, no iguales opeores. Sí, aunque suene extemporáneo, eso que se llama héroes y que no siempre andan a caballo consombreros bicornes o boinas con estrellita, me refiero a seres humanos no tan militarizados que noshagan sentir vergüenza por no estar a su altura moral.
Diógenes salía a las calles de Atenas con un farol en busca de “un hombre”;nosotros faroles tenemos, pero aún no nos dimos cuenta ni siquiera de que deberíamos buscarlo.

*Filósofo(www.tomasabraham.com.ar).

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