Los medios anuncian que se abrió en el microcentro porteño un lugar para ir al mediodía a dormirla siesta, llamado siestario. El término me sonó a Bestiario, el libro de Cortázar, donde elaluvión zoológico, mutado en distintos peligros invisibles, acecha a los personajes. Podríaescribirse un Siestario con las pesadillas diurnas de las diferentes siestas de unas ocho personasen esos nuevos cubículos del centro. Hay que pagar de ciento cincuenta pesos para arriba paradormir la siesta en Capital. El servicio ofrece una especie de coach de siesta que te ayuda aconciliar el sueño. No se me ocurre una idea que provoque mas insomnio que esa.
En la provincia todavía la siesta es sagrada, la siesta de persianas bajas, la siesta de pijamay padrenuestro. Esa hora en la que todo se entrega a la pesadez y se deja caer, el perro en lasbaldosas frescas del patio, los dueños de casa en su cama, o en la cama de los otros (una vez viuna leyenda de camión que decía “En la cama de los vivos, este gil duerme la siesta”).En el interior del país, querer ir contra ese reloj biológico puede ser desesperante. Mejor dejarde existir de 2 a 4 y en verano hasta las 5, casi 6 de la tarde. Mejor no intentar trabajar, nihablar con alguien, ni encontrar al médico, al albañil, al ferretero. Es una noche blanca esa horay debe ser respetada. Hay que entregarse al abombamiento del canto de las cigarras cayendo a pique,al zumbido de la siesta, las vuvuzelas de Dios burlándose del despierto, el vertical,embarullándolo hasta hacerlo caer.
Si fuera más barato, menos new age, tendría éxito el siestario porteño. En Buenos Aires ya lagente no duerme la siesta, apenas hace la digestión navegando en internet en la PC de la oficina.Los picos de visitas en los diarios online son a esa hora. A lo sumo, si el oficinista siente quese desnuca de sueño, va al baño y sentado sobre la tapa del inodoro descabeza un mini desmayodesesperado. Podría ser peor: en el hacinamiento de la Revolución Industrial en Inglaterra, losobreros dormían apenas unas horas a la noche, parados, con el cuerpo apoyado por las axilas en unalarga soga.





