•la formacion de argentina

Siete décadas de sangre

Para comprender la historia de un país, la memoria colectiva no sólo debe rescatar sus momentos insignes: también debe conocer y colocar en su debida perspectiva las contradicciones, miserias y arrebatos de sus protagonistas.

24-08-2026 | 11:32

Para comprender la historia de un país, la memoria colectiva no sólo debe rescatar sus momentosinsignes: también debe conocer y colocar en su debida perspectiva las contradicciones, miserias yarrebatos de sus protagonistas. La celebración del Bicentenario, que está poblando el calendario defastos recordatorios, también debería recoger los hechos menos heroicos y glamorosos que lahistoria oficial ha tendido a escamotear. Así, el conocimiento más completo (y complejo) de esepasado podrá servir para interpretar la supervivencia de algunos de nuestros conflictos ydesencuentros cuya génesis se remonta a dos siglos atrás.
Por cierto, la Revolución de Mayo no sustituyó automáticamente al Estado colonial por unEstado nacional. La Corona no había creado resquicios para el desarrollo de una clase dirigentecriolla con liderazgo y legitimidad que permitieran el control político y territorial ejercidohasta entonces. Las tropas de línea fueron decisivas en la constitución de la Primera Junta deGobierno y la violencia revolucionaria fue el recurso más utilizado para extender el controlpolítico sobre el ex Virreinato. Pero la identificación con la lucha emancipadora de los pueblosque componían esa vasta unidad política no consiguió contrarrestar las fuerzas centrífugasdesatadas por la ausencia de un centro de poder alternativo. Es que la “gesta de mayo”no fue un levantamiento popular: fue una revolución municipal. En 1812, Belgrano lamentaba elescaso entusiasmo hallado en Rosario, Córdoba, Santiago, Tucumán y Jujuy. En cambio, recogióquejas, lamentos, frialdad, indiferencia y hasta odio mortal.
La secesión del Paraguay, el Alto Perú y la Banda Oriental acentuó un tanto los débilessentimientos nacionales y creó conciencia en los líderes revolucionarios de que debían defender laintegridad del territorio heredado de la colonia. Pero los movimientos separatistas en el Litoral yel interior mostraban que los referentes ideológicos eran insuficientes. Si la luchaindependentista creaba cierta identidad colectiva, este germen de nacionalidad se diluía en unaexistencia material localista, con tradiciones, intereses y liderazgos propios. La idea de patriano podía sustraerse al aislamiento, a la virtual inexistencia de vínculos materiales o morales. En1844, Esteban Echeverría observaba que la idea de patria era todavía una abstracción incomprensiblepara un cordobés o un correntino.
La clara asociación de la revolución con los intereses porteños era un escollo para laadhesión subordinada de los pueblos del interior al nuevo esquema de dominación propuesto. BuenosAires se constituyó en capital de la organización política surgida del movimiento revolucionario,pero las tendencias separatistas pulverizaron el poder en las viejas ciudades coloniales delinterior. Separados por la distancia, la agreste geografía o las franjas territoriales bajo dominioindígena, estos centros de poder se integraron en torno a la figura carismática de caudilloslocales que, respaldados por el control de milicias, impusieron la autocracia y el personalismo. Eldestierro, el asesinato político, la venalidad y el nepotismo, como instrumentos de dominación,pasaron a tener larga vida en las prácticas políticas del país. Pero los sentimientos localistasestaban teñidos por el diferente carácter que tenían los intereses materiales en las diversasregiones del territorio. Estas diferencias y los enfrentamientos a los que dieron lugar tiñeron desangre siete décadas de la historia argentina posterior a la Revolución de Mayo.
¿Qué celebramos entonces? Depende del sentido que le atribuyamos a un hecho histórico, puntode partida de un proceso de construcción social que hoy llamamos Argentina. Un proceso formativoatravesado por un sino trágico, en el que la “unión nacional” se logró a partir de ladesunión y el enfrentamiento de pueblos y banderías políticas. Una unión nacional socialmentecostosa, que consagró vencedores y vencidos. Comprender este sentido más profundo del“bicentenario” es, también, empezar a entender de dónde venimos y por qué estamos(¿somos?) así.

*Investigador superior del Conicet y el CEDES,y director de la maestría en AdministraciónPública de la UBA.

También en Perfil