•el efecto fin de mandato

Sin inversiones no hay paraíso

Afortunadamente, la situación internacional no amenaza la recuperación argentina, aunque la atenúa. Lo que más preocupa es la incertidumbre institucional, la inflación y sus efectos sobre el dólar bajo.

Sin inversiones no hay paraíso
24-08-2026 | 13:25

La economía argentina se está recuperando de la recesión de 2009 a tasas chinas. De la mano deuna cosecha de soja récord, después del desastre climático de 2009, un marco financierointernacional “tranquilo” (antes de la crisis del euro) y un Brasil traccionando alcomplejo automotor local, los meses que van desde octubre de 2009 hasta mayo de 2010 fueronextraordinarios.
A ese panorama privado tan excepcional, el Gobierno se encargó de sumarle una nueva expansióndel gasto público, financiada no sólo con impuestos y el saldo de los “ahorrosexpropiadores” de los últimos años, sino también con la emisión monetaria del Banco Central.Esto último permitió convalidar un salto en el nivel general de los precios en los primeros mesesdel año, ahora en cierta calma estacional.

La síntesis de esta historia: recuperación fuerte en un contexto de alta inflación.
Pero este escenario empieza a complicarse. Por un lado, el contexto internacional tanfavorable en los últimos meses ha empezado a cambiar, a partir de la crisis del euro. Ya no estátan claro que el Estado consiga financiamiento externo para renovar deuda y gastar más, lo queobliga a pensar en más uso de las reservas internacionales del Banco Central y en más uso de laemisión monetaria –más presión sobre los precios– y de los bolsillos locales definanciamiento: crédito interno, Anses, etc.
A este panorama financiero, hay que agregarle que Brasil, habiendo recibido también elcimbronazo griego, frenó la revaluación de su moneda y la devaluó algo, creando presión sobre larentabilidad de los sustitutos locales de importaciones y sobre la competitividad de nuestrasexportaciones a ese país –por el diferencial de inflación interna y porque el valor del dólaren pesos, para evitar presionar más sobre los precios internos, se mantiene relativamenteestable–.

De allí que el Gobierno saliera, desprolijamente, como siempre, y sin medir las consecuenciasdesde el punto de vista de las represalias –cuestión que advertí desde esta columna cuando seanunció la medida– a intentar restringir “extraoficialmente” las importaciones.Pero este cambio de escenario internacional, hasta ahora, y mientras se mantenga en este nivel, noparece suficiente, afortunadamente, como para amenazar la recuperación argentina, aunque sí paraatenuarla.
Lo que amenaza más esta recuperación, en cambio, es el efecto “fin de mandato” yla incertidumbre institucional y, sobre todo, la propia inflación y sus efectos sobre la percepciónde dólar bajo. Cuando el kirchnerismo asumió su primer mandato, la economía argentina presentabauna alta capacidad ociosa, alto desempleo y un tipo de cambio real “recontraalto”.
Eso permitió, por un tiempo, que la Argentina creciera usando lo que ya tenía, más lainversión surgida, en general, del capitalismo de amigos y de una muy ineficiente –porsobrecostos– inversión pública.

En general, la inversión “de los demás” se concentró en proyectos de rápidarecuperación y respondiendo más a presiones de la demanda que a planes para incrementar la oferta.
Ahora, en cambio, las cosas son muy distintas. La economía funciona prácticamente en plenoempleo. De manera que si aumenta la demanda, aumenta la presión sobre los precios y no sobre lascantidades. Y, a su vez, el tipo de cambio real, por la inflación local y el freno a la revaluacióndel real y el euro, que ya comentamos, ya no es “recontraalto”.
Mientras tanto, los amigos empiezan a dudar si siguen invirtiendo, dado que no saben si elkirchnerismo podrá mantenerse en el poder. “Los demás”, por su parte, frenaron susinversiones por dos razones. Primero, tampoco están seguros de que los K se vayan en 2011 y,segundo, dada la percepción de un tipo de cambio real más bajo y de una aceleración inflacionaria,y dado que se financian, en general, con capital propio, no quieren arriesgar nuevos fondos condudas de su recupero en moneda fuerte.

Con este panorama, la inversión no es lo suficientemente grande como para sostener uncrecimiento a tasas chinas –los chinos invierten más del doble que nosotros en términos dePBI–. Lo que cabe esperar, entonces, es que esta fiesta empiece a perder inercia en lospróximos meses, a menos que pase algo que vuelva a demostrar que Dios es argentino. Pero, en elmediano plazo, sin más inversiones no hay paraíso.

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