Treinta y cinco años después, un nuevo aniversario de la muerte de Juan Perón encontró a susseguidores envueltos en un intenso debate sobre la sucesión de los Kirchner tanto en la cúpulapartidaria como en la Casa Rosada. No se hablaba de otra cosa en los eventos organizados elmiércoles para recordar la “desaparición física” de Perón, quien en su último discurso,el 12 de junio de 1974, había proclamado que su único heredero era el pueblo. Fue un día intenso,como intensos son los peronistas cuando se trata de temas vinculados con el poder. En el fondo, lacuestión es qué pirueta intentará ahora el peronismo para capturar de nuevo la voluntad de lamayoría del electorado; cómo se volverá a transformar para abarcar los intereses que se hanexpresado exitosamente en la contienda electoral del domingo, el campo en el primer lugar.
Porque una cosa parece segura: el peronismo que viene no elegirá al campo como su principalenemigo, como hicieron los Kirchner en marzo del año pasado, justo cuando estaban en la cima de supoder. Esa jugada se reveló suicida a los pocos meses, pero si alguna duda cabía, ahí están losresultados del domingo. Un ejemplo: Carlos Reutemann venció en Santa Fe a otro presidenciable, elgobernador socialista Hermes Binner, gracias a los votos de los chacareros del interior de suprovincia, que, por su lado, habían posibilitado el triunfo de Cristina Kirchner en las eleccionesde 2007. Era cuando los productores agrícolas respaldaban el modelo económico inaugurado porEduardo Duhalde con la megadevaluación de 2001, que les permitió salir de la virtual quiebracolectiva y convertirse, rápidamente, en la locomotora que sacó al país de aquella crisisfantasmal. Pero, luego los Kirchner tensaron la cuerda con el aumento de las retenciones, de prepo,y, al final, se ahorcaron, políticamente, con ella.
Lo dijeron bien claro los pocos gobernadores que se acercaron al despacho del todavía aturdidomandatario de Buenos Aires, Daniel Scioli, quien con la renuncia de Néstor Kirchner luego de laderrota quedó como el jefe del PJ. “El Gobierno tiene que volver a dialogar con elcampo”, observó el chubutense Mario Das Neves, uno de los ganadores del domingo. Lo mismoseñalaron otros gobernadores que aún no estuvieron con Scioli, como el cordobés Juan Schiaretti yel entrerriano Sergio Urribarri. Ambos saben bien de qué hablan: la política agropecuaria de laCasa Rosada no sólo perjudicó a las economías de sus provincias sino que, además, fue una de lascausas principales de sus derrotas.
El caso de Entre Ríos fue el más sorpresivo: Urribarri se había unido con Jorge Busti y ambosaguardaban una victoria que parecía segura hasta para sus adversarios. Pero, el Acuerdo Cívico ySocial, anclado en la Unión Cívica Radical, les ganó y logró enviar a la Cámara de Diputados a sustres primeros candidatos a diputados, todos ellos dirigentes agropecuarios. Como ocurrió en otrosdistritos, la resurrección del radicalismo se debió a la influencia que tuvo el tema del campo enesta contienda electoral debido a la vinculación histórica entre los pequeños y medianosproductores agropecuarios y el radicalismo.
Para el PJ, históricamente, es más difícil ese lazo. Perón se enfrentó siempre con el campo, enespecial con los productores de mayor peso económico. Lo hizo en sus primeras presidencias ytambién cuando regresó de su largo exilio, si bien hablaba del destino que le aguardaba a laArgentina como productor global de alimentos. Por ejemplo, la propuesta de ley, nunca aprobada, quedisponía la expropiación de tierras improductivas; el impuesto a la productividad“normal” de la tierra y la ampliación de las funciones regulatorias de las juntas deGranos y Carnes.
Sin embargo, el peronismo modificó eso con el giro de Carlos Menem al liberalismo, que setradujo en la anulación de las retenciones y en la eliminación de las juntas de Granos y de Carnes.Además, en el ’90 se favoreció el despegue de la soja (autorización de las semillastransgénicas, por ejemplo), y el dólar barato, si bien fue una verdadera peste para otrasactividades, permitió la tecnificación y la modernización agropecuarias. Mal que le pese a losKirchner, el campo es otro ahora, y eso se debe a los 90; es decir, no sólo a lo que pasó en laArgentina en aquella época sino, principalmente, a lo que ocurrió en el mundo con la extraordinariademanda de commodities agrícolas por parte de China e India.
En 2001, un nuevo giro copernicano del peronismo, esta vez con Duhalde al timón, tambiénfavoreció al campo, con su política del dólar alto, que fue mantenida por Néstor Kirchner y que, enel marco de la estampida global de los precios de las commodities, hizo muy tolerable un ciertonivel de retenciones. Precisamente, Duhalde, devenido en enemigo mortal de los Kirchner, volvióayer al país para, según sus voceros, participar en la reconstrucción del PJ.
Como dijo Perón, su criatura, el peronismo admite diversas formas, ya que es una doctrina y unmovimiento; no es una ideología ni un partido, que son “sectarios”, en su opinión. Comole dijo a Tomás Eloy Martínez en los últimos años de su exilio madrileño, “el peronismo es lomás heterodoxo que hay: cabe de todo”.
Claro que en su cúpula no suele haber lugar para los perdedores. La magnitud de la derrota delos Kirchner es tal que ni siquiera su jugada para dejar en la cima del PJ a Scioli le estásaliendo bien: los principales ganadores del domingo ya han dicho que no piensan reunirse conalguien que también perdió, junto con Néstor. Así lo afirmaron Reutemann, Francisco de Narváez,Felipe Solá y el tucumano José Alperovich, hasta el domingo un kirchnerista muy disciplinado, almenos en público. Por eso, Scioli piensa ahora en abandonar rápidamente su lugar para dar paso a uncongreso partidario o a una mesa de conducción.
Un histórico del PJ, el ex gobernador y ex senador Antonio Cafiero, recordó el miércoles en laquinta de San Vicente que “el único heredero de Perón es el pueblo y nadie más”, yreclamó el llamado a elecciones internas “porque ya nadie puede designar a dedo anadie” en el oficialismo. Ayer, Cafiero visitaba a Scioli, luego de un llamado teléfonico delgobernador, para explicarle con claridad su posición. Cafiero es muy respetado en su partido porquehace 15 años abrió las puertas a una renovación que le cambió la cara al peronismo.
Este debate sobre quién y cómo debe conducir al PJ se mezcla con las candidaturas para laselecciones presidenciales de 2011. Quienes aparecen como presidenciables luego del domingo son másbien moderados, tienden a ubicarse en el centro. Reutemann es uno de ellos. Luego de su ajustadavictoria, cuando le preguntaron sobre los temas más urgentes, contestó: “Uno es el tema de laproducción. No está resuelto el tema de la carne, el tema lechero. El Gobierno podría tomar medidaspara incentivar la producción”. El jura que no está pensando en las próximas elecciones:“Si alguien me habla de 2011, no lo voy a escuchar”. Sin embargo, las principalesavenidas porteñas aparecieron ayer con afiches gigantes con su sobrenombre, Lole.
Luego de su triunfo frente a Néstor Kirchner, De Narváez ya está dedicado a sentar las basespara su campaña a gobernador de Buenos Aires en 2011 y piensa en una alianza con un presidenciablede fuste que, en su opinión, no debería provenir de una provincia chica. Primero en su listaaparece el jefe de Gobierno porteño, Mauricio Macri, pero en los últimos días algunos de susasesores han apuntado también en dirección de Reutemann “en el marco de un acuerdo con PRO ycon otras fuerzas”. El empresario De Narváez parece aprender rápido: también levanta laposible candidatura de Felipe Solá, ya que entiende que el juego es largo y que “no hay queponer todos los huevos en una sola canasta”. El jueves, en un almuerzo ante 70 dirigentes enel Centro de la Gendarmería, Solá hizo una exposición que todos interpretaron como la de unprecandidato a la Casa Rosada.
Macri es el otro presidenciable de fuste dentro del “panperonismo”. El no esperonista pero tiene sus simpatías en ese nicho y, de hecho, algunos dirigentes del PJ porteñoforman parte de su equipo de gobierno en la Ciudad de Buenos Aires. “Con Michetti comocandidata a jefa de Gobierno y con Francisco en la Provincia, Mauricio tiene con qué encabezar unafórmula junto al Lole y ganar las elecciones de 2011 con la fusta bajo el brazo”, contó unode los peronistas en los que Macri más confía. “Pero, ¿el peronismo aceptará sólo el segundolugar en la fórmula presidencial?”, fue la pregunta casi obligada. “Si el PJ no acepta,en ese caso a Mauricio le conviene apostar a la reelección en la Ciudad.”
Claro que todavía faltan dos años para las elecciones de 2011; en lo inmediato, los Kirchnerparecen volver al sueño de una fuerza transversal, de centroizquierda, pero antes tienen que armarun nuevo esquema para seguir gobernando en una situación de debilidad política, que es inéditatanto para ellos como para los numerosos adversarios que han sabido cosechar dentro y fuera delperonismo.
*Editor jefe de PERFIL y autor de Operación Traviata. ¿Quién mató a Rucci?




