Sincericidio

Sincericidio
24-08-2026 | 18:38

País de metáforas. Eso somos. Apasionados cultores de las palabras, espadachines de la esgrimaretórica. Amado Boudou –con su idea de que los periodistas odiados por el Gobierno son comolos esclavos judíos que debían limpiar las cámaras de gas luego de las carnicerías nazis– esapenas un sucedáneo.

En las últimas semanas, el poder disparó varios petardos similares. Aníbal Fernández etiquetó de“impresentable” al fiscal de las juntas militares, Julio Strassera. Hebe de Bonafinisentenció a los siete jueces de la Corte Suprema por coimeros y “turros”. HéctorTimerman, melancólicamente autodescripto como “barrabrava”, sostuvo que losparlamentarios chilenos son payasos. Para Cristina de Kirchner, el vicepresidente Julio Cobos es un“okupa”. Así, lo de Boudou no azoró a nadie. Pero su vociferación cloacal trasciendemás de lo evidente.

Revela que la incontinencia verbal es una herramienta deliberadamente usada por el poderoficial, una metodología de desarme moral y esmerilamiento psicológico. En cualquier momento, losfuncionarios más empinados perpetran el insulto más horripilante.
Ya no es siquiera una cuestión de judíos y nazis, lo que de por sí es gravísimo. Es el valetodo, la demostración de que el poder tiene varios casilleros ocupados por gente resuelta a todocon tal de servir a sus mandantes y a sus apetitos.

Es una continuidad lógica del criterio implantado en sus años de gloria por Alberto Fernández,cuando defendía lenguaje y actos de sus jefes, alegando que en la Argentina había terminado lahipocresía. Tenía razón: Aníbal F; Boudou, Timerman y Bonafini, a los que se agrega el dolorosocaso de Estela de Carlotto, no son hipócritas. Responden a ideario oficial: estamos en guerra y noes momento para tibios.
En la sociedad argentina campea una debilidad nefasta por usar nombres y símbolos delnacionalsocialismo alemán del siglo XX como paradigma y sinónimo excluyente del mal.

Es un virus transversal. Afecta a un espectro muy diverso de matices. Elisa Carrió ha comparadoal actual matrimonio presidencial con los sanguinarios Ceausescu de Rumania, e incluso con Hitler yMussolini. Alguien equiparó al ciclo gubernamental 6, 7 ,8 con el jerarca de la propaganda naziJosef Goebbels, y un semanario publicó una portada con un Kirchner photoshopeado como si fuera elFührer alemán. Enormidades todas que cabalgan, en el mejor de los casos, sobre una banalizaciónpedestre de un fenómeno incomparable. Pero que también se pergeñan desde una ignorancia hiriente.
¿Es Boudou apenas un cajetilla aldeano que se encontró con su destino, pero que patina sobreuna corteza cerebral muy endeble y vulgar? Seguramente que no estamos frente a un antisemita cultoy refinado, sino ante un oportunista de escasas lecturas y gruesos prejuicios. Es la gente que hareclutado con fervor este oficialismo desde 2003. Ninguna sorpresa.

En la Argentina resulta muy difícil encontrar comprensión adulta sobre los rasgos singulares eintransferibles de lo que significó la estrategia de la “solución final” adoptada porla Alemania nazi durante los años 40. La semana pasada, caminando por Rosario, encontré unosafiches de activistas sindicales de Sancor, en protesta por el despido de cinco trabajadores. Amanera de ilustración, pusieron la cruz gamada nazi junto al logotipo de la cooperativalechera.

Gravísimo e imperdonable es que estos agravios hayan salido de la boca de un ministro de laNación. Penoso y muy deprimente es que la dirigencia judía (AMIA y DAIA) lo haya indultado conliviandad.
¿Cuestiones menores? Son asuntos superlativos. Estos escupitajos verbales contribuyendecisivamente a la presente anormalidad argentina, un país gobernado desde una rabiadescalificatoria sin precedentes, particularmente notoria en la conducción oficial que, lejos dederramar concordia, alimenta la hoguera de la acritud serial.
Hacen gárgaras justificatorias quienes subestiman estos temas, alegando que son merastonterías irrelevantes. Un conocido relator de fútbol devaluó, por ejemplo, la gravedad de lasobscenidades de Boudou, barruntando que “siempre uno trata de poner en un lugar diferente ala persona para agredirla mejor”. O sea, todo bien, nada censurable: si un redactorperiodístico complica al poder, se lo “atiende” calificándolo de limpiador de cámarasde gas. Cambio y fuera.

Sus desmesuras revelan que el actual poder criollo trabaja sin códigos, prejuicios, nirestricciones morales. Amado Boudou es un sujeto equipado conceptualmente con el más arquetípicoarsenal autoritario. Defiende a sus jefes con el lenguaje del Proceso de los años setenta. Se quejade una “campaña anti argentina” en el exterior. ¿No decía lo mismo el entoncesalmirante Emilio Massera en 1978? Sólo falta que Boudou arme un Centro Piloto en París paracontrarrestar la “campaña anti argentina” Más truculento aún: ha sido invitado apresentarse en las “aulas” de las Madres de Plaza de Mayo.

Quienes piensan que estas preocupaciones son superficiales y reveladoras de una pedestresensibilidad por formalidades, tal vez deberían tomar nota de un hecho recogido por todos losdiarios el miércoles pasado. Según Crónica, “un hombre atacó a un médico que se presentó ensu vivienda y le notificó el fallecimiento de un familiar, en el barrio porteño de Villa Crespo,causándole la fractura de una vértebra de la espalda. Así lo informó el director del SAME, AlbertoCrescenti, quien explicó que el hecho sucedió el sábado último, cuando un profesional del HospitalDurán concurrió a la casa, ubicada en Gurruchaga 556, luego de un llamado de emergencia. El médicoconstató que el paciente, de 91 años, había fallecido, lo que motivó un ataque de ira del familiarque había solicitado la ambulancia al 107. El hombre buscó un fierro y empezó a golpear al médico,de 43 años, quien terminó internado con la fractura de una vértebra de la espalda, según relatóCrescenti”.
En el país de las metáforas “inadecuadas”, el fuego danza junto a la nafta. LaArgentina decidió vivir “sin hipocresías”.

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