•la verdad y su manipulacion

Sobre Tití Fernández y el estancamiento argentino

Tití Fernández, como otros de sus colegas periodistas, es un animador divertido de las transmisiones en directo de los partidos de fútbol.

22-08-2026 | 11:02

Tití Fernández, como otros de sus colegas periodistas, es un animador divertido de lastransmisiones en directo de los partidos de fútbol. Al lado del banco de suplentes de alguno de losequipos que protagonizan la jornada, no sólo intercambia chistes internos con el relator de turnoque nadie entiende, salvo ellos, acota sobre el estado de ánimo del director técnico más cercano,anuncia, con la exactitud de un termómetro, la temperatura ambiente, o el número de asistentes alestadio, sino que diagnostica con ojo experto una lesión crónica en el cuarto metatarso del piederecho del nueve que acaba de tirarse al piso.

También, en los ratos libres, y al ser consultado, les informa a los integrantes de ese mismobanco de suplentes si el último fallo del árbitro acerca de la existencia o no de un penal, o deuna posición fuera de juego, fue correcto o no, una vez que sus compañeros, desde la cabina detransmisión, ratifican o rectifican dicho fallo, gracias a la tecnología que hoy la TV ofrece paraevaluar qué pasa dentro de un campo de juego en cualquier deporte.

Es esto último lo que molesta a las autoridades del fútbol argentino, o a los árbitros. Elargumento es que, al pasar el querido Tití dicha información correcta sobre lo acontecido en ciertajugada polémica a los directores técnicos, o a los jugadores, éstos, a la vez, reaccionan contra elárbitro, lo condicionan para el resto del partido, lo agreden de palabra, en síntesis, generan unclima adverso para el normal desarrollo del espectáculo.

Puesto en otros términos, “la verdad es un problema” y, por lo tanto, decidieronprohibir la presencia de Tití en el campo de juego, de manera que nadie dentro de ese campo seentere de la verdad.

Por supuesto, la AFA no se preocupa por la calidad de los arbitrajes, o por el hecho de que, aunequivocándose, los árbitros no deben ser insultados ni cuestionados por los directores técnicos osuplentes del equipo perjudicado. O que esos árbitros, si son advertidos de un error eventual, notengan la capacidad, ni la personalidad, de digerirlo y no dejarse influir.

La AFA no se preocupa por las verdaderas causas del supuesto problema: los árbitros son,profesionalmente hablando, y salvo raras excepciones, muy malos. Tampoco se preocupa por utilizarlos avances tecnológicos a favor de la aplicación de la ley en el deporte. Admitiendo, por ejemplo,como en el tenis o en el rugby que, un quinto árbitro, desde la cabina de transmisión, pueda ver larepetición de una jugada clave y corregir un fallo inmediatamente. Los muchachos de la AFA handecidieron atacar los efectos y manipular la información, prohibiendo a nuestro querido Tití,privándonos de sus acotaciones.

Lo sorprendente es que los directivos de la AFA, quizás por su aislamiento de la realidad,ignoren que en cada estadio de fútbol hay, por lo menos, 5 mil espectadores con teléfonos celularesy que, mediante un simple mensaje de texto, lo que ahora informa con esmero don Tití bien podríacomentarlo el tío, hijo, amigo, del director técnico o de cualquier jugador del equipo.

La metáfora sobre la Argentina en general surge tan obvia que casi me parece insultar lainteligencia del amable lector o la gentil lectora, al escribirla.

Hay un problema de aceleración de la inflación, la solución es que el INDEC deje de informarfehacientemente sobre los datos. Está claro que todos tenemos la alternativa de recurrir a otrasfuentes para confirmar que, efectivamente, la tasa de inflación en la Argentina es superior a laque indican las estadísticas oficiales.

Y es cierto que esa “maniobra” le ha permitido al Gobierno contabilizar menosdeuda.

Pero no es menos cierto que ese engaño destruyó cualquier posibilidad de acceder a crédito delargo plazo en moneda local, tanto para el sector privado como para el público, reduciendo elmercado de capitales local y, por lo tanto, la tasa de crecimiento de largo plazo de laArgentina.

Existe un problema de inseguridad, la solución también es evidente. Que los medios decomunicación dejen de informar, y de esa manera se reduce la “sensación deinseguridad”, mientras la gente, en especial la de menores recursos, sigue sufriendo asaltosy robos.

La calidad de la educación es cada vez peor. Evitemos los exámenes de calidad y publicar losresultados.

Hay casos de dengue, mintamos en el número, y no hagamos escándalo, declarando la emergenciasanitaria.

Tenemos una crisis fiscal recurrente. Liquidemos mal las jubilaciones y posterguemos los pagoshasta que la Justicia se pronuncie.

Quizás en este contexto se explique mejor por qué la Argentina repite los mismos errores y nocrece sostenidamente durante mucho tiempo. En el fondo, preferimos barrer debajo de la alfombraantes que aceptar la realidad y operar sobre ella. Y, de paso, privarnos de Tití Fernández. Nadamás injusto.

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