•una vision enfrentada al optimismo de wall street

Stiglitz y Krugman afirman que la crisis todavía no finalizó

A un año de la emblemática quiebra de Lehman Brothers, Barack Obama advirtió que aún no se concretaron los cambios que necesita el sistema financiero, por lo cual no facilitará más “rescates”, una política que en todo el mundo consumió 10 billones de dólares. De todos modos, Obama está siendo muy criticado por el último Nobel de Economía, Paul Krugman, quien señala que el presidente y sus asesores mantienen vínculos demasiado estrechos con Wall Street y comparten su optimismo. También Joseph Stiglitz advierte que no terminó la destrucción del empleo ni levantó el consumo popular.

23-08-2026 | 12:55

El panorama mundial todavía deja bastante que desear en el primer aniversario del gran pánicofinanciero desatado en los Estados Unidos. Y parece ser, además, que aquel tormento no sirvió demucha experiencia, porque los bancos que entonces parecían derretirse hoy amanecen más sólidos ymás poderosos tras la gigantesca inyección de fondos estatales.

Dos Premios Nobel, los estadounidenses Paul Krugman y Joseph Stiglitz, elevaron sus críticas alos gobiernos republicano y demócrata por su condescendencia con Wall Street y siguen insistiendoen lo mismo en el día a día.

Son conocidos los palos de Krugman porque acusa al sector financiero por haber desatado elterremoto económico, “mientras muchos de sus tiburones amasaron fortunas mediante actividadesque eran inútiles, si no destructivas, desde un punto de vista social”.

Krugman denuncia que los “tiburones” siguen especulando, gestando animosidad ycrispación en los contribuyentes, que han sido los bomberos de las principales instituciones: elCiti recibió en su momento un salvavidas de 45 mil millones del Estado y Goldman Sachs 10 milmillones de dólares. No miden consecuencias, realizan operaciones “de alta velocidad” yexcesivamente rentables, basadas en informaciones que la población en general desconoce. Krugmansintetiza: “Nos hemos convertido en una sociedad en la que el dinero con mayúsculas va aparar a los actores malos, es una sociedad que recompensa generosamente a quienes nos hacen máspobres”.

Hay reiteradas informaciones acerca de una nueva burbuja a partir de pólizas de seguro.

Razones para el enojo. Si se siguen los hechos, Krugman y la gente, en general,tienen razones para el enojo. Porque muchas promesas se van en palabras.

Como ya se sabe, el Congreso de Estados Unidos impuso al gobierno de Barack Obama para queprohibiera salarios y primas en los bancos (que estuvieron en picada) que incentiven un“riesgo inapropiado”. Pero esos bancos apartaron, como una reserva, más de 40 milmillones de dólares para aumentar un 20 por ciento, por sobre cifras de 2008, los salarios ybonificaciones especiales de directivos y empleados.

Fiscales y funcionarios especialmente designados por la Casa Blanca para vigilar esosmovimientos reclaman que el sistema de retribuciones debe cambiar, pero los protagonistas de WallStreet tienen tapados los oídos.

El empecinamiento de los banqueros ha obligado a Obama a advertir en los últimos días que“como no se han aprendido las lecciones de la caída de Lehman Brothers” y todavía haysignos de temeridad y escape de los controles, su gobierno no facilitará más“rescates”.

Obama justificó la ayuda por casi 800 mil millones de dólares que firmó, porque ello“impidió que EE.UU. cayera al abismo”.

Los rescates. En todo el mundo los planes de “rescate” sumaron la astronómica cifrade 10 billones de dólares. El terremoto de 2008 vino a confirmar que nunca, a lo largo del tiempo,tantos países juntos debieron hacer frente, al mismo tiempo, a déficits que subieron por encima del12 por ciento del Producto Bruto Interno.

Krugman lo explica sin vueltas. Para este profesor universitario de lenguaje didáctico yexpeditivo, el presidente Obama y los que integran su equipo económico tienen vínculos demasiadoestrechos con Wall Street. Obama no estaría viendo lo obvio; es decir, no entiende por dónde pasala realidad y eso es demasiado grave, juzga Krugman.

Serían los bancos los que están lanzando campanadas de extremo optimismo sobre una recuperaciónde la economía mundial que estudiosos e industriales no avizoran.

Una cosa, precisa Krugman, es el mercado de valores y otra el gran escenario donde se juega laeconomía, la real. Es cierto que se estaría asistiendo a una normalización del sistema. Entre 2008y 2009 desaparecieron 114 entidades, en tanto entre 1987 y 1992 (la crisis financiera anterior),las bajas llegaron a 1.800; con el crack de 1929 y los años posteriores, llegaron a 5 mil lasquiebras. Los inversores han comenzado a atreverse, en los últimos meses, a elegir más riesgos.

Todo ello, según Krugman, no demuestra alivio y no se expresaría ni en una mejora sostenida oimportante del mercado de créditos ni en una salida de la recesión. Sólo se estaría dejando atrásel temible colapso.

Esto recuerda al economista español que dijo: “Llueve. En este momento lluevemenos”.

La voz de Stiglitz. Joseph Stiglitz entiende, por su lado, que la crisis global noha concluido: no ha finalizado la expulsión de mano de obra, el consumo sigue siendo débil (y semantendría así por un buen tiempo), y si se mantiene el desempleo por encima de la tasa del 10 porciento, habrá mayor morosidad. No se le ha puesto fin a la montaña de las deudas de las familias.Las causas que llevaron a la burbuja creada en los últimos años están presentes.

Que China crezca al 10 por ciento anual no modifica el panorama para las naciones desarrolladas.El mal momento persistirá por lo menos tres años más.

Frente al extremo optimismo de quienes confirman que lo malo ya terminó o terminará apenasiniciado el año próximo, otro economista norteamericano, Jeffrey Sachs, declara que la desocupaciónsigue creciendo en Estados Unidos y en Europa (casi 20 por ciento en España), mientras que elcrecimiento será lento, con lo cual la problemática social, de zozobra o de protesta, seguiráestando en la agenda de los gobiernos. La falta de oportunidades golpea más a los jóvenes, quevagabundean sin rumbo. Los mayores de 55 años, dueños de una mayor capacidad y experiencia, sufrenmenos los embates de los despidos, salvo que los dueños de las empresas elijan ahorrar ensalarios.

Otro fenómeno a tener en cuenta: en esta crisis se atrasa el tiempo de la jubilación, porque losingresos han caído y los ahorros se los llevó la quiebra de los mercados.

Los optimistas dan por ultimada a la recesión que se arrastra desde octubre del año pasado; entanto Asia continuó desarrollándose y asegurando que el sistema se agrieta cada diez años, pero serecupera en seguida. Es como confirmar que hay felicidad por decreto.

Bien se sabe que estos optimistas odian las visiones escépticas y no confían tanto en lasvariables que sí toman en cuenta los negadores del optimismo como los Nobel Krugman, Stiglitz, másel aporte de Sachs y una larga lista de analistas europeos. El único que se autodefine como“pesimista” es Krugman. Por su lado, Stiglitz prefiere el calificativo de“realista”.

Sí es cierto que la pronosticada fiebre de proteccionismo no se cumplió a rajatabla en todo elmundo. Un estudio encargado por el G-20 y la Organización Mundial del Comercio (OMC) considera queun grupo de países encaró la protección valiéndose de aumentos de aranceles y medidas noarancelarias, entre ellos la Argentina, pero no ha sido una estrategia internacional, única entodos.

El proteccionismo es una tentación cuando asoman problemas laborales intensivos, y esas barrerasconcluyen afectando las inversiones y el comercio internacional. Además, todo deterioro del mercadolaboral se refleja en un bajón del crecimiento potencial.

Por supuesto: se han lanzado en los países afectados “medidas de estímulo” despuésde largas discusiones. Por el lado de la demanda y por el de la oferta. Muchas de ellas, empero,aumentan los déficits presupuestarios, porque aparejan o bien obligan a cortes del gasto público oretoques hacia arriba de los impuestos.

¿Por dónde pasa el camino razonable? En algunas geografías, aporta Sachs, han funcionado losestímulos, como por ejemplo en China. Como las colocaciones chinas en Estados Unidos disminuyeronnotablemente y la producción se contrajo, en consecuencia, el gobierno de Beijing elevó el gasto enobras de infraestructura y ofreció oportunidades laborales a los que quedaron sin empleo en laconstrucción de subterráneos en las principales ciudades.

Parece ser que cuando las condiciones de la población apremian, el equilibrio no es para nadafácil y resulta muy complejo mantener estabilidad fiscal, monetaria y pureza de las cuentaspúblicas, alejando los fantasmas inflacionarios.

Un asunto que los observadores subestiman es el estudio de las recesiones anteriores, que indicaque, si nacen a partir de crisis financieras, las recuperaciones demoran cada vez más.

*Periodista especializado en economía.

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