Telenoche Investiga fue nominado para un premio Emmy y eso me decidió a volver a la carga conuna historia que poco logré difundir. A fines de 2004, Canal 13 emitió el informe de Telenoche“Ojos bien cerrados”, dedicado al supuesto estado calamitoso del único institutonacional de rehabilitación para personas con disfunción visual, dando la impresión de estar alborde de la clausura. Yo me capacité ahí entre 1991 y 2006.
Cuando los cronistas y camarógrafos del 13 llegaron a Tompkinson al 2300 (San Isidro) setuvieron que haber encontrado con un gran edificio, con numerosos espacios destinados a diversasactividades, como dos salas de computación con conexión a Internet o un taller de artes plásticas.Sin embargo, Telenoche sólo retrató al Instituto Rosell, con tomas de un cable suelto en unpasillo, una caldera en desuso y una casilla deteriorada llena de basura ubicada en los fondos delextenso parque, que antaño se había utilizado para las prácticas de las tareas de la vida cotidianaque hace rato se habían pasado a realizar en uno de los tantos ambientes del edificio.
Se aseguraba, con aparente conocimiento de causa, que el instituto ya no contaba con docentespara áreas claves de la rehabilitación. Se basaron en dos testimonios: el de Juan Carlos Bertone(presidente de la Federación Argentina de Instituciones para Ciegos y Amblíopes) y Viviana Sabatini(ex trabajadora del instituto). Tuve la oportunidad de entrevistar a ambos por radio. Bertone habíasostenido a Telenoche que “antes una persona ciega en el Instituto Rosell podía aprenderbraille, computación y orientación y movilidad, pero ya no puede”. Cuando le dije al aire queyo era invidente y que todos los lunes de 9 a 10 tomaba clases de computación en el Rosell, quedódesconcertado. Entonces empezó a balbucear que él vivía muy lejos y que hacía mucho que no andabapor el instituto, por lo que sus declaraciones televisivas las había hecho tomando dichos deterceros. Sabatini había sentenciado ante millares de televidentes del 13 que “en elinstituto ya no queda nada, salvo el área de deportes”. También a ella le cayó como un baldede agua fría que yo diera fe de que se continuaba enseñando computación, braille y orientación ymovilidad. Su primera reacción fue desafiarme, intentando mantener su posición, hasta quemisteriosamente se interrumpió la comunicación, sin poder retomarla.
Convengamos que si Telenoche Investiga quería datos precisos, nadie mejor que las cien personasque nos rehabilitábamos ahí para aportárselos; no obstante, ninguno fue consultado al respecto.
Es cierto que el Instituto Rosell estaba venido a menos en ese entonces, por lo queevidentemente ha faltado mucho presupuesto y gestión. Ahora, lo que planteo es que o hay dosInstituto Rosell o Telenoche Investiga faltó a la verdad. Y, con semejante antecedente, se podránimaginar dónde quedó mi confianza para el resto de sus informes periodísticos y la credibilidad delmultimedio al que pertenece.
Cabe señalar que también me contacté con varios editores de diarios (por entonces PERFIL noexistía), productores y conductores de radio y televisión para que me acompañen en la denuncia.Casi todos me hacían grandes promesas, que finalmente quedaban incumplidas. Hubo una sola personaque fue sincera y se negó a mi pedido: Marta Merkin, productora periodística del programa Mónica yCésar de Radio Del Plata. Cuando la llamé por este asunto (ya nos conocíamos de antes) me dijofrontalmente: “Disculpame, pero no haremos nada; que nosotros ataquemos al Grupo Clarín escomo que un debilucho rete a duelo a Mike Tyson”.
Aunque vi cómo me chocaba contra la pared, siempre creí que en algún momento llegaría la ocasiónpara agitar la bandera de esta causa.
*Conductor radial e invidente.




