Tercer tiempo

Me dicen que no me puedo perder Avatar, pero que tengo que verla en su versión Imax, o al menos en tres dimensiones con anteojitos. La copia plana ya sería un retroceso enorme, pero en San Clemente no sólo la pasan chata, sino hablada en castellano. Demasiado, aun para la curiosidad que me provoca una película que Angel Faretta celebra como el acabamiento del cine y Naomi Klein como un desafío interno al imperialismo americano.

24-08-2026 | 07:34

Me dicen que no me puedo perder Avatar, pero que tengo que verla en su versión Imax, o al menosen tres dimensiones con anteojitos. La copia plana ya sería un retroceso enorme, pero en SanClemente no sólo la pasan chata, sino hablada en castellano. Demasiado, aun para la curiosidad queme provoca una película que Angel Faretta celebra como el acabamiento del cine y Naomi Klein comoun desafío interno al imperialismo americano.
Pero Invictus, la última película de Clint Eastwood, no requiere de sofisticacionestecnológicas, aunque también se ha convertido en motivo de editoriales domésticas. El film suelecomplacer a los opositores en la medida en que molesta a los kirchneristas. La elección de Mandelapor incluir a los boers en la nueva Sudáfrica contradice el amor de los militantes oficiales por elconflicto mientras que los opositores la aprovechan para sugerir acuerdos abstractos en los quenada sacrifican. Un amigo ultrakirchnerista sugiere que Mandela no es mucho más que un negrito TíoTom y que Invictus es la visión hollywoodense de La fiesta de todos, aquella celebración delMundial ’78 que quedó en los anales de la infamia cinematográfica.
Hay que reconocer que la chanza no deja de ser ingeniosa. La última parte de Invictuscomparte con La fiesta de todos la progresión de partidos del torneo mundial y la creciente euforiaen cada festejo. Hay una pequeña diferencia, sin embargo, más allá de la obvia distancia entre lospropósitos de uno y otro film. En La fiesta de todos, los militares casi no aparecen: se disimulandetrás de los jugadores y de la población. Su función es custodiar la idea de pueblo, una entidadplatónica que antecede al deporte y favorece, de paso, tanto la guerra como la eliminación dequienes la subvierten. Pero Eastwood no es un populista sino un cineasta con un claro sentido de laforma. El pueblo de Invictus es una creación del artista que se plasma en un intercambio cromático.En el primer plano de la película, Mandela sale de la cárcel y atraviesa una carretera en la que deun lado están los blancos jugando al rugby sobre el césped con sus uniformes brillantes einmaculados, del otro los negros con el torso desnudo y su fútbol en opacas canchas de tierra. Lapelícula parte de esos planos separados y los mezcla al final en el multicolor espectáculo de lasgradas del estadio. Entre una situación y otra mediará la voluntad de dos individuos, un presidentenegro que entiende el valor de los colores y un rugbier blanco, convertidos por la historia enmaestro y discípulo, dispuestos a convencer a sus compatriotas de que “son mejores de lo quecreen”.
Lo que hace de Eastwood un cineasta fascinante es que su obra se caracteriza por la continuarevisión de sus propios valores. Así es como el sucio Harry, eternamente desconfiado del poder,cultor de la venganza y el individualismo extremo, termina haciendo una película sobre un estadistay sobre la reconciliación colectiva. Pero así es también como sus últimas películas recorren uncaleidoscopio de paisajes morales: un par de películas bélicas (Cartas desde Iwo Jima, La conquistadel honor) en las que los héroes sólo tienen sentido en el bando enemigo, otra (Million dollarbaby) en la que no hay modo de resolver un problema ético, una en la que la división entre el bieny el mal es tajante y absoluta (El sustituto), hasta llegar a Invictus, en la que no hay personajesmalos ni dudas sobre el desenlace. Con Fritz Lang, Eastwood debe ser de los pocos cineastas capacesde entender que el cine no es la ilustración de un relato externo ni la demostración de unacosmovisión previa, sino que cada película ofrece la posibilidad de trazar un nuevo mapa moral delmundo. Por eso nos interpela y por eso sigue siendo el más fresco, el más libre y el más actual delos cineastas americanos.

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